El concierto

El concierto - Cartel
Título V.O.:
Le concert
Año de producción:
2009
Distribuidora:
Vértigo Films
Género:
Comedia
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
12 de marzo de 2010
Director:
Radu Mihaileanu
Guión:
Radu Mihaileanu, Matthew Robbins, Alain-Michael Blanc
Música:
Armand Amar
Fotografía:
Laurent Dailland
Intérpretes:
François Berléand (Olivier), Mélanie Laurent (Anne-Marie), Alexei Guskov (Andrei), Dimitri Nazarov (Sacha), Valeri Barinov (Iván), Miou-Miou (Guylène)

Sinopsis

Andrei Filipov trabaja como limpiador en el Bolshoi, pero hace treinta años era el director de orquesta del gran teatro ruso. Su negativa a desprenderse de sus músicos judíos le llevó al ostracismo durante la época de Brezhnev y ahora vive de los recuerdos. Un día, limpiando el despacho del jefe, lee una invitación por fax para que la orquesta del Bolshoi dé un concierto en París. Decidido a tomarse la revancha, Andrei reúne a sus viejos compañeros para intentar suplantar a los actuales músicos.

Inspirada en el caso real de un ciudadano ruso, "El concierto" sigue la odisea de los antiguos músicos de la orquesta del Bolshoi en su intento por suplantar a los componentes actuales para una actuación en el Teatro de Châtelet de París. La comedia y la música se dan la mano inevitablemente con la represión en la antigua Unión Soviética, el olvido de los artistas y el diálogo intercultural entre las distintas nacionalidades. De hecho su director, el rumano Radu Mihaileanu (El tren de la vida), reconoce que El concierto final se convierte en una metáfora de las relaciones entre el individuo y la colectividad. La película es una co-producción entre Francia, Bélgica, Rumanía e Italia, multiculturalidad que también se aprecia en los escenarios del rodaje.

El elenco de actores respeta el origen de cada personaje. Aleksei Guskov, un intérprete muy reconocido en Rusia, se enfrenta a su papel más internacional en compañía de Dmitri Nazarov y Valeriy Barinov. Junto a ellos, la francesa Mélanie Laurent (Malditos bastardos), y el co-protagonista de "Cash", François Berléand. "El concierto" fue nominada a 6 César, entre ellos mejor película, mejor director y mejor guión original.

Crítica

En tono agridulce, pero mucho más dulce que agrio, escarba Radu Mihaileanu en la conciencia herida de los artistas rusos acallados y represaliados por el régimen soviético, condenados al ostracismo y desterrados, por no adictos, bajo el felpudo apolillado del sistema. Lo hace en tono amable y chillón, buceando la obsesión de un director de orquesta ruso por vengar una vieja afrenta encima del escenario y rehabilitarse a lo grande saboreando la revancha de quienes le privaron antaño de la música.

"El concierto" maneja claves de película intensa, con dobleces sociohistóricas interesantes, y materia prima narrativa con visos de cuajar en algo serio; pero Mihaileanu no sabe dónde posar el pie; quiere una película profunda sobre redenciones artísticas de gran calado y a la vez quiere una comedia histriónica y de enredo para camelarse al gran público. Al final su película está más cerca del segundo registro que del primero, y toca echar cuentas con una ficción populachera y indigestamente campechana, folclórica y ruidosa que se pierde en la tarea de ensamblar tonos diversos atrapada en una maraña de géneros muy procaz, abigarrada y desconcertante. "El concierto" es cine europeo de autor y multisala; un cóctel del que rara vez emergen filmes perdurables, un poco, para entendernos, en la estela romántico-festiva de la irregular, y con todo muy superior, "La banda nos visita".

Prima el enredo de sainete sobre la alta comedia, el sentimentalismo sobre el sentimiento y el pasteleo sobre el romanticismo. Mihaelanu dibuja su comedia a costa de estereotipos, cebándose en la pintoresca informalidad de una tropa rusa presuntamente entrañable que se alimenta del tópico y de la gracieta antropológica de pincel grueso. Aparatosa, por tamaño, pretensiones y duración, "El concierto", nominada este mismo año a tropecientos premios César tiene la virtud de ser de esas raras películas europeas que calan entre los gustos del gran público. Pero todo a costa de aflojar las tuercas hasta el límite de la descompostura y el estropicio. Se nos escapan los motivos de su éxito taquillero y académico, no vende ni un solo minuto de cine genuino o perdurable a pesar de los loables esfuerzos de Melanie Laurent y Aleksei Guskov por enmendar el desaguisado general y el desafinadísimo collage de estados de ánimo.

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