Robin Hood

Robin Hood - Cartel
Título V.O.
:
Robin Hood
Año de producción:
2009
Distribuidora:
Universal Pictures International Spain
Género:
Aventuras
Clasificación:
No recomendada menores de 7 años
Estreno:
13 de mayo de 2010
Director:
Ridley Scott
Guión:
Brian Helgeland
Música:
Marc Streitenfeld
Fotografía:
John Mathieson
Intérpretes:
Russell Crowe (Robin Hood), William Hurt (William), Cate Blanchett (lady Marian), Mark Addy (Tuck), Mark Strong (Sir Godfrey), Eileen Atkins (Eleanor), Danny Huston (rey Ricardo), Matthew Macfadyen (sheriff de Nottingham), Kevin Durand (Little John)

Fotogramas de la película

Sinopsis

En el siglo XIII, Robin es un experto arquero que, tras la muerte del rey Ricardo Corazón de León, se traslada a Nottingham. La ciudad está dominada por un sheriff que somete a los ciudadanos a unos duros impuestos, algo que Robin y el resto de su banda no pueden consentir. La situación empeora cuando todo el país se tambalea por culpa de la debilidad de sus gobernantes y las continuas guerras. Robin se lanza a salvar Inglaterra, mientras intenta conquistar el corazón de la bella lady Marion.

Cuando un mito del folclore medieval inglés se une al talento de uno de los mejores directores del mundo y al carisma de varias estrellas internacionales, el resultado no puede ser otro que el de una de las películas más esperadas de la temporada. La nueva versión de "Robin Hood" nos devuelve al bosque de Sherwood de la mano de todo un especialista en taquillazos: el británico Ridley Scott. El director de "Blade Runner" y "El reino de los cielos" rodó en Inglaterra y Gales con expertos en fotografía, escenografía y efectos visuales, a fin de dar una vuelta de tuerca a las más de 30 películas que se han hecho sobre el legendario Robin desde principios del siglo XX.

Ridley Scott repite tándem con su actor fetiche, Russell Crowe, después de los éxitos de "Gladiator", "Un buen año", "American Gangster" y "Red de mentiras". El actor australiano encarna al héroe popular como antes hicieron, entre otros, Errol Flynn y Kevin Costner. A su lado está Cate Blanchett (El curioso caso de Benjamin Button) en el papel de lady Marion, aunque también destacan los nombres de William Hurt (En el punto de mira), Max von Sydow (Shutter Island), Mark Strong (Sherlock Holmes), Oscar Isaac (Ágora) o Danny Huston (Al límite). "Robin Hood" es la película elegida para inaugurar el Festival de Cannes 2010.

Crítica

No hay leyenda, ni mito ni héroe romántico que no arrastre tras de sí una pátina de suciedad innoble y de discutible grandeza, de humanidad paradójica, de luces y sombras. Ridley Scott imagina que Robin Hood no habría de ser excepción a esa regla si alguna vez hubiera existido. No existió, que sepamos, pero el director de "Gladiator" imagina que sí para contarnos una hipotética génesis del mito, en una Inglaterra poblada por alimañas y caníbales aristocráticos desatados, inquilinos de la abundancia a costa de un campesinado reducido a la semiesclavitud a la muerte en vida. A Scott le apetecía hacer bien la película medieval que le salió mal con "El reino de los cielos", y en eso anda. Lo del arquero de Sherwood es un pretexto para rellenar de imágenes y estímulos reconocibles un espectáculo aventurero (´ma non troppo´) medieval, en el que el hedor de la ruindad de aquellos tiempos infumables dotase a su capricho fílmico de atmósfera y carnaza visual lo suficientemente potente como parallenar la pantalla con lo puesto.

Su "Robin Hood" es una interesante indagación en la contraportada de la leyenda, una precuela en toda regla de las andanzas del Hood que todos conocemos, tras la pista de un fulano nada filantrópico, un impostor en busca de gloria que se hace bueno casi sin querer mientras trata de sobrevivir como sólo puede sobrevivir un humilde soldado de su pelaje y condición; con la picaresca por bandera. Scott despoja a sus héroes de toda la presupuesta grandeza para bajarlos al nivel de los simples mortales mandando a paseo el romanticismo y construyendo una epopeya posible de amor por interés, de heroísmo por accidente y de compasión estratégica.

Lo más jugoso de este nuevo "Robin Hood" es precisamente esa mirada nada complaciente al presunto pasado del presunto paladín de los desheredados, una curiosa profundización en el cuadro psíquico que nos empuja sistemáticamente a buscar héroes de una pieza, impolutos e intachables en tiempos de crisis (y no hay que retrotraerse precisamente a la Edad Media para buscar ejemplos que ilustren la patología). Además es una película de producción brillante, en todos los aspectos, detrás de la cual se esconde, y se ve, un artesano de altísimo nivel que sabe cómo gastarse los cuartos, que cunda e impresione.

"Robin Hood" entra por los ojos, entre asedios de fortalezas, batallas playeras, y urbes del siglo XII recreadas con todo lujo de detalles; pero no nos conformamos con eso, obvio. Pedimos más. Y es ahí precisamente donde la película comienza a hacer aguas; Scott no acierta a convencernos de que la "realidad" supera a la ficción, no logra, nunca, que renunciemos al espejismo del mito, de la gran leyenda. La gran película empieza justo en el momento en el que termina ésta, y eso demuestra que el director de "Blade Runner" no ha logrado su objetivo. A diferencia del Máximo de "Gladiator", el Robin Longstride del nuevo Scott no tiene carisma, sus aventuras son opacas, y la ficción orbita en torno a un corazón que no palpita.

Todo es extremadamente correcto en este "Robin Hood"; cuesta ponerle peros a vista de pájaro, pero el déficit de épica, de energía narrativa, de romanticismo (aunque sea sucio e innoble). Sencillamente las desventuras del nuevo arquero de Shewood no nos enganchan. No nos cuesta absolutamente nada desprendernos de él una vez se encienden las luces. Y todo a pesar de que Crowe, Blanchett, Mark Strong (qué grandiosos villanos es capaz de componer este tipo), William Hurt y Max Von Sydow están sembrados. Simplemente el cuerpo es hermoso, y las venas están en su sitio. Lástima que por ellas no fluya sangre, a pesar de todo.

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Dice ser javi, 15.05.2010 - 11.07h

El arco largo inglés

Leyendas alrededor de una arma famosa.

Entre las hazañas más impresionantes de la historia militar se cuentan sin duda las victorias que los ingleses consiguieron con sus arqueros contra los caballeros franceses. En los inicios de la Guerra de los Cien Años, el rey Eduardo III había contado con el refuerzo de muchos nobles alemanes y sus mercenarios para su planeada invasión del norte de Francia. Pero como los franceses no presentaban batalla y los ingleses tampoco conseguían conquistar ninguna ciudad, el único resultado de estas campañas era la simple devastación. Los servicios de los caballeros alemanes le salían tan caros a Eduardo, que éste tuvo que prescindir de ellos para reducir unos costes hasta entonces ruinosos. Para la preparación de su incursión en Normandía en 1346, Eduardo reclutó, junto a los caballeros ingleses y gascones, a un gran número de arqueros, cuya enorme ventaja era que resultaban muy económicos. Mediante constantes saqueos – que probablemente tenían la función de completar el escaso sueldo de la soldadesca-, los ingleses consiguieron atraer por fin la atención de las tropas francesas pero, a la vista del impresionante ejército que el rey de Francia había conseguido reunir, los ingleses prefirieron retirarse con su botín a Flandes.

Perseguidos cada vez más de cerca por los franceses, y con la marcha ralentizada por el peso del botín, Eduardo decidió erigir una buena posición de defensa sobre una colina de Crécy y se dispuso a esperar el ataque de sus perseguidores. Los caballeros franceses estaban tan seguros de su victoria que no trataron de utilizar sus ballesteros genoveses como hubiera sido lo razonable, ni intentaron posicionar sus propias tropas. Atacaron nada más llegar al campo de batalla. Quince o dieciséis intentos de ataque fueron rechazados por los arqueros ingleses, con un resultado final de más de mil caballeros y nobles franceses muertos sobre el campo de batalla, mientras los ingleses contaban con bajas insignificantes. Cuando el ejército francés sufrió en 1356 cerca de Poitiers una derrota aún más humillante y años más tarde, en 1415, una nueva masacre en la batalla de Agincourt, Inglaterra no estaba en posición de salir victoriosa de la Guerra de los Cien Años, pero el mundo contaba con una leyenda heroica más.

El arco largo inglés aviva actualmente la imaginación de gente interesada por la historia. Aquí se mezclan imágenes de Robin Hood junto con verdades a medias y anécdotas relatadas una y otra vez. Se puede leer que un sólo arquero mataba en la batalla a cientos de enemigos, cuando no miles. Los aficionados creen además que las flechas podían penetrar no solamente cotas de malla, sino también armaduras. Una de las historias más fatales y más divulgadas fue puesta en circulación por el hijo de Napoleón III cuando afirmó que un arquero podía hacer 12 lanzamientos en un minuto a una distancia superior a 200 metros, fallando solamente una vez su blanco. Un historiador -lógicamente inglés- se aventuró en su entusiasmo a aseverar que también en el siglo XVIII el arco largo hubiera podido ser decisivo en las batallas, y que de haber contado con ellos, los arqueros ingleses habrían causado un masacre entre sus adversarios en Waterloo. En su publicación de la editorial Osprey sobre los arqueros, este autor compara la fuerza y rapidez de las flechas con las balas del fusil Lee Enfield del inicio del siglo XX.

Si, como resultado de tales habladurías, uno se pregunta por qué se renunció a un arma tan milagrosa, se suele leer que quizás pudo olvidarse la técnica, que faltaban los reclutas o la madera adecuada. Otros buscan las razones en la ignorancia de los generales, que no quisieron darse por enterados de que el arco largo era muchísimo mejor que la lentitud de fuego del arcabuz que, como todo el mundo sabe, además fallaba habitualmente el blanco. Naturalmente siempre hay generales incapaces, pero en las guerras del renacimiento fue probado casi todo lo que existía en nuevas armas y técnicas, y aquellas que no evolucionaron con la suficiente rapidez desaparecieron en su mayoría del escenario.

A pesar de ello, es indiscutible que el arco largo inglés era una arma formidable y muy propia de los mercenarios. Después de sus espectaculares resultados durante la guerra de los Cien Años, otros poderes militares contrataron a los arqueros ingleses, por lo que se les encuentra en muchas batallas en Europa hasta el siglo XVI. Así, sigue siendo interesante ocuparse en detalle de la historia de esta arma.

El problema fundamental de los arqueros es que necesitan una larga experiencia y mucha práctica. No se les puede entrenar rápidamente, por lo que hay que buscarlos allí donde este arte bélico forma parte de la cultura. Precisamente los pueblos sedentarios tenían que reclutarlos entre sus vecinos seminómadas. Famosos son los arqueros nubios en los ejércitos de los faraones. Entre los griegos encontramos a los escitas y a los arqueros de Rhodos, donde esta habilidad era tradición. También los romanos utilizaban a estos especialistas provenientes de sus provincias orientales o a extranjeros.

En la literatura de la Edad Media encontramos múltiples menciones al arco, y hasta se le puede ver representado en imágenes, pero se lee muy poco sobre su uso en grandes batallas. Tuvo un papel clave en la batalla de Hastings (1066), donde los normandos lo utilizaron para debilitar el muro de escudos de los anglosajones que no podían romper con su caballería. También fué decisivo en los ejércitos del emperador Federico II, en manos de los sarracenos reclutados en Sicilia y asentados en la colonia militar de Lucera. La razón de la estima de Federico a sus sarracenos, sin embargo, no queda clara: ¿eran sus habilidades como arqueros o su fiereza en la lucha contra el papado lo que les hacía tan queridos?

Lo interesante es que, sin embargo, los arqueros no conseguían establecerse como cuerpo militar permanente. Tanto los succesores de Guillermo el Conquistador como los de Federico II renunciaban completamente al uso de arqueros o preferían tomar a ballesteros en su lugar. La situación era algo distinta en el este, donde Constantinopla había aprendido estimar esta arma de sus adversarios en las guerras contra los turcos, alintando arqueros a caballo de los Balcanes o a turcos. Durante las Cruzadas, los europeos occidentales aprendieron que también necesitaban armas de largo alcance para mantener a los jinetes enemigos a distancia. Ricardo Corazón de León, el cruzado más famoso, volvió de allí como acérrimo defensor de la ballesta.

La ballesta sacó gran provecho de las Cruzadas. Sus flechas tenían más fuerza y, sobre todo, no necesitaba tanta práctica ni habilidad como el arco largo. La ballesta se estableció como arma propia de las milicias de las ciudades y de los marineros, y así se encontraban fácilmente especialistas en los puertos de Catalunya, el norte de Italia o Flandes. El reclutamiento de arqueros versados planteaba más dificultades. No hubo en mucho tiempo una región específica a donde dirigirse, aunque esta circunstancia cambió durante la conquista de Gales (1278-1284) por los ingleses, cuando tuvieron que enfrentarse a la popular versión galesa del arco largo. Quizás debiéramos apuntar aquí que la participación de arqueros ingleses en las Cruzadas es en gran parte pura fantasía, ya que aprendieron esta técnica cuando las Cruzadas ya habían llegado a su fin.

Los galeses eran tenidos por bárbaros salvajes y se habían defendido con éxito de los angolsajones y los normandos, con el resultado que la población poco hecha al feudalismo aún no había olvidado el manejo de sus armas tradicionales, como los habitantes de las montañas suizas o de Aragón. Utilizaban el arco largo para la caza- privilegio exclusivo de la nobleza en regiones feudales-, y también en sus numerosas querellas internas en las que se utilizaba como arma principal por no tener otra cosa a mano a causa de la pobreza del pais. Con el tiempo los galeses habían aprendido a cortar el arco de un tronco de tejo de tal manera que esta madera de corazón muy duro y la albura flexible quedaban unidos, consiguiendo un efecto parecido a los arcos modernos para los que se encolan capas de diversos materiales.

Cuando el rey Eduardo I inició la conquista de Gales, se vió confrontado enseguida con una guerra de guerillas perversa. El terreno montañoso y sus muchos bosques no eran adecuados para las cargas de la caballería pesada y, sobre todo, los galeses no pensaban ni de lejos en presentar batalla contra un ejército inglés mucho mejor armado. Lo suyo eran los ataques de sorpresa, y si tenían que enfrentarse de frente a fuerzas muy superiores solían retirarse a las montañas y adentrarse en los bosques. Durante estas escaramuzas utilizaban con gran eficacia el arco largo.

Después de las primeras derrotas el mismo Eduardo empezó a reclutar galeses, lo que no le resultó dificil gracias a las numerosas peleas entre los muchos clanes y familias. No obstante, parece que al inicio Eduardo apreciaba más su familiaridad con el terreno y sus bajos sueldos, ya que seguía utilizando aún a muchos ballesteros mucho más caros que los galeses. Pero gracias a la experiencia acumulada en muchos años de escaramuzas y sitios, los ingleses aprendieron desplegar una combinación excelente de sus hombres de armas y arqueros galeses. Esta táctica se demostró tan eficaz, que también los ingleses empezaron a construir arcos largos y a entrenarse en su uso. Tras la derrota y conquista de Gales, esta misma tierra se convirtió en una provechosa fuente de arqueros para el ejército inglés.

Eduardo les puso en acción muy pronto, cuando en 1292 empezó con el sometimiento de la Escocia rebelde. Los escoceses habían aprendido, durante su rebelión, estrategias de defensa muy efectivas contra las cargas de la caballería, organizándose en grandes grupos de piqueros – llamados «schiltron» -. Bajo el mando de William Wallace aún pudieron derrotar un ejército inglés cruzando el rio Stirling. Tan sólo un año más tarde, en Falkirk, los schiltrons escoseses fueron tan diezmados por los arqueros galeses de Eduardo, que no resistieron el ataque de la caballería. Este estrategia victoriosa se repitió en bastantes ocasiones hasta el siglo XVI. No obstante, al examinar los grandes éxitos del arco largo en las guerras de Gales y Escocia, no se debe olvidar que estos grupos disponían de muy poca armadura. Algunos llevaban cotas de malla, pero la gran mayoría no tenía más que escudos y túnicas alcochadas.

De cualquier forma, el arco largo había probado su eficacia como arma. Y aún más importante era la experiencia que los ingleses habían adquirido a lo largo de estas guerras en lo que refiere a la combinación de armas diferentes. No obstante, cuando empezó la guerra de los Cien Años, Eduardo III buscó el apoyo de caballeros mercenarios y recurrió solo en última instancia a los arqueros cuando ya no pudo pagar los altos sueldos de los caballeros. Con las espectaculares victorias de Crécy y de Poitiers, ésto cambió y los arqueros pasaron a ser muy solicitados. Aunque el arco inglés no era una arma milagrosa. Se sabe que sus flechas podían penetrar cotas de malla en el siglo XIV. Pero con armaduras la cosa cambia. Claro que también había aquí grandes diferencias de calidad, y parece claro que un duque se protegía con algo mucho mejor que el último escudero de su escolta, que debía contentarse con los peores y más anticuados modelos de armadura. En un dibujo de la batalla de Mühldorf (1322) se pueden ver claramente las distintas armaduras, y también los cascos cónicos (barbute) que dejaban la cara sin protección.



Si, como ocurrió en Crécy, grupos de unos cientos caballeros atacaron constantemente una posición de 6.000 arqueros, que a su vez disparaban 12 veces al minuto sin casi nunca fallar el blanco, ¿Cómo pudieron estos caballeros penetrar en las líneas inglesas si las flechas eran tan mortales?. En la batalla de Poitiers la mayor parte de los franceses atacó a pie, y solamente dos grupos, cada uno de entre 200 y 250 hombres bajo el mando de Clermont y Audrehem, formaban la vanguardia de caballos acorazados. Los ingleses disponían de 2.000 arqueros y habían tomado posición detrás de unos setos impenetrables para la caballería. Sin embargo, algunos de los caballeros de Clermont consiguieron llegar hasta los setos, donde fueron frenados en un camino estrecho por los hombres de armas ingleses a pie. El otro grupo frances pasó por el ala izquierda de los ingleses. Una crónica inglesa relata: «La caballería francesa estaba bien protegida por placas de acero y gualdrapas de cuero, de modo que las flechas o bien se rompían o bien rebotaban hacia el cielo, cayendo tanto sobre amigos como enemigos.» Los arqueros solamente tenían algun éxito cuando los franceses ya habían pasado y podían disparar hacia los costados menos protegidos.

El historiador Jonathan Sumption, a quien estimamos como el mejor especialista de esta materia, concluye: «El arco largo, la clave en la mayoría de las victorias inglesas en el siglo XIV, tuvo (en Poitiers) un papel relativamente menor. Los arqueros fueron bastante eficientes contra el ataque inicial de la caballería francesa y durante la fase final, cuando los franceses fueron arrojado colina abajo de Audley y del Captal de Buch. Pero fueron mucho menos eficientes contra los hombres a pie que contra los caballos.»

En la descripción de la batalla de Auray (1364) Sumption es todavía más explícito: «A pesar de su gran número, los arqueros ingleses aportaron casi nada al éxito de la batalla. Las flechas nunca fueron tan eficientes contra los hombres a pie como contra los jinetes, cuyos caballos no llevaban armadura y se asustaban fácilmente. Los franceses también mejoraron poco a poco su manera de luchar a pie y aprendieron protegerse mejor. Du Guesclin adelantó a sus hombres bien acorazados en densas filas bajo un techo de escudos. Froissart relata que los arqueros tiraban al suelo sus arcos, con los que no habían conseguido nada, y se lanzaban al combate.»

La importancia significante de los arqueros era táctica. En una unidad bien comandada, los arqueros forzaban al enemigo a renunciar a uno de sus medios bélicos más importantes: la carga de la caballería pesada. También a pie los caballeros, cada vez más acorazados, perdían mucha de su movilidad – y más de uno murió sin ninguna herida asfixiado a causa del calor en su armadura-. Ésta era la ventaja de los arqueros cuando entraban en la lucha cuerpo a cuerpo, donde tenían que enfrentarse a enemigos mucho mejor armados. Los atacaban con espadas, navajas largas y martillos, en vez de disparar con los arcos a corta distancia, lo que no hubiera representado ningún problema con un fusil. Así, se puede suponer que los caballeros en las armaduras estaban relativamente bien protegidos contra las flechas. Existen algunos relatos en donde se cuenta de las ejecuciones de arqueros que habían huido del enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Por todo ello no corresponde atender a las exageraciones que pretenden hacer creer que mataban a sus adversarios como a conejos. Disparar era tan sólo una parte de su tarea, después tenían que estar dispuestos a luchar y resistir como infantería ligera.

En gran parte, los arqueros ingleses también deben sus éxitos a la arrongancia de la nobleza francesa, que prefería lanzarse de inmediato sobre sus enemigos sin ninguna táctica o disciplina. Las batallas de Nájera (1367) y Aljubarrota (1385) demostraban que los castellano no lo hacían mejor. La sangrienta derrota de Nicópolis contra los turcos durante la Cruzada en 1396 también fue causada por la misma ignorancia. Para la nobleza no era fácil aceptar que la guerra había alcanzado tal complejidad que requería la colaboración entrenada de diversas armas. Cuando los franceses aprendieron esta lección, consiguieron en Formigny en 1450 tan sólo con dos cañones pequeños descolocar a los arqueros ingleses de sus seguras posiciones y atropellarlos con la caballería. Las bajas franceses se estiman entre 200 y 300 hombres, a pesar que enfrente tenían unos 3.000 arqueros y 800 hombres de armas a pie.

Aunque la guerra de los Cien Años fué el escenario principal para los arqueros ingleses, muchos de ellos buscaron su fortuna como mercenarios en otros conflictos, sobre todo cuando sus contratos acababan en los períodos de paz. En 1360, cuando Francia y Inglaterra pactaron una larga tregua, grandes grupos de mercenarios sin empleo se dirigieron a Italia, donde casi siempre encontraban una que otra guerra entre ciudades ricas. Pero en Italia ya no tenían que enfrentarse a la ignorante caballería francesa, sino a compañías de mercenarios profesionales. Por ello fueron rápidamente derrotados por la compañía “De la Estrella”. El cronista italiano Filippo Villani alaba de los ingleses sobre todo sus armaduras pesadas, que habían traído de Francia y que eran algo relativamente nuevo en Italia. Para asustar a sus enemigos, los sirvientes tenían que dar brillo a estas armaduras, lo que les valió el sobrenombre de «Compañía blanca». En cambio, en su relato acerca de los famosos arqueros cuenta: «Se experimentó que sus mejores asaltos los hacían de noche y robando, y que resistieron en la batalla. Pero su éxito se debía más a la cobardía de nuestra gente que a su propia bravura.»

También el poderoso duque de Borgoña Carlos el Temerario reclutaba arqueros ingleses a miles para sus guerras. No obstante, sus ejércitos fueron aplastados en Granson (1476) y Morat (1477) por la infantería suiza sin ofrecer mucha resistencia. Nadie pretende que un suizo tuviera mejor armadura que un caballero, pero a pie era mucho más ágil. En la última batalla de la guerra de las Dos Rosas cerca de Stoke (1487), unos 2.000 lansquenetes y suizos casi consiguieron una victoria parecida contra fuerzas de arqueros y hombres de armas bastantes superiores. Sin embargo, los ingleses todavía gozaban del esplendor de sus grandes victorias, y estaban seguros que cada uno de ellos valía como mínimo por 20 franceses. Cuando Enrique VIII trató repetir sus fulgurantes victorias en su invasión a Francia en 1544, tuvo que comprobar que sólo con sus legendarios arqueros no podría conseguir nada, sino que debía reclutar a miles de lansquenetes, arcabuceros españoles y mercenarios de otros muchos países. Su hija Isabel I actuó en consecuencia y, por decreto, excluyó al arco del reclutamiento. No obstante la discusión sobre sus ventajas y desventajas continuó en Inglaterra hasta el final del siglo. En 1590 un defensor del arcabuz escribió que quizás las flechas asustaban más a los caballos, pero que los hombres se asustaban de las balas.

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Dice ser javi, 15.05.2010 - 11.14h

Arqueros del Rey

Durante las invasiones Anglo-Normandas al pais de Gales(S.XII), los ingleses se dieron cuenta de lo mortalmente efectivos que resultaban los largos arcos que los Galeses usaban contra ellos. Por ello en cuanto concluyó con éxito la campaña galesa, el ejercito inglés empezó a contar entre sus filas con un cuerpo de arqueros que armados con estos poderosos arcos lograron en numerosas ocasiones, sobre todo contra los Franceses en la guerra de los cien años, inclinar la balanza de la victoria para el lado Inglés.

Estos arcos (llamados “arco largo Galés” o “arco largo Inglés”) estaban hechos de madera de tejo o fresno. Medían entre 1.80 y 2.10 mtrs. y la cuerda solía ser de tripas de animal. La construcción de un arco largo consistía en madurar la madera de tejo entre 1 y 2 años, entonces se trabajaba lentamente para darle forma, el proceso entero podía llevar hasta 4 años. El resultado era un arco que lograba una tensión entre 72-82Kg. (uno actual son 27kg) y tenían alcances efectivos superiores a los 250 mtrs.(los actuales 180mtrs) pudiendo alcanzar más de 325 mtrs. aunque perdiendo efectividad. Además los arqueros ingleses hincaban sus flechas erguidas en la tierra alrededor suya, reduciendo el tiempo que se tomaba para colocarla, levantar el arco y lanzarla, con este sistema lograban una cadencia de tiro de unos 10-12 flechas por minuto. Se dice que: “el arco largo era la ametralladora de la edad media: exacto, mortal, poseía un gran alcance y una alta tasa de disparos, además el vuelo de sus flechas es comparado a una tormenta”.

Para hacernos una idea, en la batalla de Azincourt contra los Franceses, los “arqueros del Rey” lo formaban un total 3.771 arqueros, es decir, en un minuto podían hacer caer unas 40.000 flechas sobre las líneas Francesas . Aparte de la carga letal que esta lluvia de flechas tenía, también lograban un aterrador efecto psicológico entre las líneas del enemigo que se veían masacrar sin que estos pudieran hacer nada para evitarlo, pues el alcance de una ballesta apenas llega a la mitad y la velocidad disparo es de tan solo 1 disparo por minuto.

Los arqueros también se convirtieron en la pesadilla del mejor cuerpo de guerra Francés de la época, la caballería pesada. La caballería Francesa la formaban poderosos nobles Franceses que eran los únicos que podían permitirse las cosotosa armaduras para ellos y sus monturas. Pero a pesar de todo el hierro que vestían, los arqueros ingleses usaban unas flechas de “punta de cincel”(con forma de pirámide larga y puntiguada) que lograba atravesar las corazas y partir las cotas de malla. Así lo narraban en la época…

“Esta atravesó por su muslo, con eficacia, donde estaba protegido dentro y fuera de su pierna por su férrea cuises, y luego por la saya de su túnica de cuero; después esta penetró aquella parte de la silla que llaman alva o asiento y finalmente esta se alojó en su caballo, alojada tan profundamente que mató al animal. (Itinerarium Cambriae, (1191)) ”

Casi todas las heridas de flecha resultaban mortales pues resultaba muy difícil sacar la flecha y las heridas solían infectarse(a esto ayudaba también el hecho que las clavaran en el suelo antes de disparar, aunque no se cree que fueran conscientes del daño que provocaban con ese gesto) aunque lo que si solían hacer era unir la punta de la flecha a la madera con una gota de cera, de este modo, la punta se quedaba dentro al intentar extraerla. Hubo médicos de la época que desarrollaron pinzas especiales sólo para sacar puntas de flecha aunque el metodo más usado era el de atar a la flecha un trapo, remojado en agua hirviendo u otra sustancia de esterilización, traspasarlo y empujarlo por la herida de la víctima y sacarlo por el otro lado(Bufff…).

No es de extrañar el odio que los Franceses, especialmente los nobles, sentían por los arqueros. Cuando un arquero era capturado, los Franceses le cortaban el dedo índice y corazón (los “dedos del arco”) y luego los devolvían a sus filas. Se dice que el gesto de estirar un dedo hacia arriba a modo de insulto viene de que los arqueros, después de ser mutilados, hacían este gesto de desprecio a los Franceses. También se dice que el gesto de poner los dedos en “V” invertidos(gesto ofensivo entre anglo-sajones) proviene del gesto desafiante que hacían los arqueros que aún tenían sus dedos delante de los Franceses.

Los arqueros fueron desapareciendo de las filas inglesas. El motivo principal fue el cambio en el sistema de reclutamientos. Los ejércitos se empezaron a formar con levas obligadas según las necesidades bélicas y un arquero necesitaba, como mínimo, un periodo de entrenamiento de un año, aunque ser un buen arquero podía llevar media vidad(Se han encontrado esqueletos que por el desgaste de ciertos huesos, como muñecas y hombros, se ha podido saber saber que eran arqueros). Por eso resultaba más rápido y sencillo dar a un campesino una ballesta que adiestrarlo en el uso del arco. Luego, la llegada de las armas de fuego, acabarían por desterrar para siempre a los “Arqueros del Rey”

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LennonGirl1986
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LennonGirl1986, 18.05.2010 - 12.43h

    javi..... te aburres verdad? xD

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    Dice ser Patricia
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    Dice ser Patricia, 24.05.2010 - 00.13h

    La peli es un bodrio, más de lo mismo. Ya podían gastarse el dinero en Africa.

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    Dice ser Sara
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    Dice ser Sara, 24.05.2010 - 16.55h

    Es una maravilla, insensatos!!!

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    Dice ser Martietasief
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    Dice ser Martietasief, 24.05.2010 - 16.58h

    ggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggg!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    jajajajjjejejejjejjijijijijijojojojjjojjuujju!!!

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    PeddroGermán
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    Avatar de PeddroGermán
    PeddroGermán, 26.05.2010 - 15.43h

      Muy buena versión, muy currada. La peli me pareció bastante entretenida con final feliz.
      Agradecer 'a dice ser Javi 'su exposición sobre la importancia de los arqueros ingleses.

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