Avatar

Avatar - Cartel
Título V.O.:
Avatar
Año de producción:
2009
Distribuidora:
Hispano Fox Films
Género:
Ciencia-Ficción
Clasificación:
No recomendada menores de 7 años
Estreno:
18 de diciembre de 2009
Director:
James Cameron
Guión:
James Cameron
Música:
James Horner
Fotografía:
Mauro Fiore
Intérpretes:
Giovanni Ribisi (Selfridge), Sigourney Weaver (Dr. Grace Augustine), Stephen Lang (Quaritch), CCH Pounder (Moha), Zoe Saldana (Neytiri), Michelle Rodriguez (Trudy Chacon), Sam Worthington (Jake Sully), Joel Moore (Norm Spellman), Laz Alonso (TsuTey)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Jake Sully, un ex marine en silla de ruedas, es enviado a la base del planeta Pandora para ayudar en la extracción de un mineral que puede paliar la crisis energética de la Tierra. Como la atmósfera de Pandora es tóxica y sus habitantes (los Na'vi) suponen un obstáculo para los humanos, la misión de Jake es infiltrarse en esa civilización con una avatar de apariencia Na'vi. Todo cambia cuando Jake conoce a la bella Neytiri y aprende a respetar a una especie de la que está llamado a ser el héroe.

James Cameron no veía uno de sus grandes proyectos en el cine desde que, en 1997, estrenara la oscarizada "Titanic". Su nueva película es uno de los títulos más esperados de los últimos tiempos, tanto por sus bondades tecnológicas, como por la originalidad de su planteamiento. Y es que "Avatar" sitúa al espectador en un mundo más allá de la imaginación, donde se fusionan el espectáculo visual, la ciencia ficción y las potentes historias de sus personajes. Cameron, que ya demostró de lo que es capaz en los dos primeros "Terminator", ha innovado en el campo de los efectos especiales, rodando en un enorme plató virtual con una cámara revolucionaria.

Sam Worthington, que curiosamente saltó a la fama con "Terminator Salvation", es el protagonista de una película que también cuenta con figuras de la talla de Sigourney Weaver (Alien), Zoe Saldana (Star Trek), Michelle Rodriguez (A todo gas) y Giovanni Ribisi (Más allá de la fama). Cameron no quería maquillaje, ni muñecos extraterrestres, así que los azulados Na'vi han sido diseñados por los estudios de Peter Jackson, a medio camino entre la animación y la técnica motion-picture 3D de captura de movimiento. Pandora, una luna en torno a un planeta gaseoso, se convierte en un personaje más con sus exuberantes selvas y sus montañas flotantes.

Crítica

¿Punto de inflexión en la historia del cine? ¿bisagra entre el antes y el después de la manera en que la industria y el público se relacionan con las altas tecnologías aplicadas al audiovisual? No, en absoluto. "Avatar" no es la película inaugural de nosequé que vaticinaban las crónicas; no es cine revolucionario, por más que el desmesurado y grandioso circo digital que trae bajo el brazo ponga en jaque a los actores del mundo que, de una vez por todas, intuyen la amenaza de los avatares clónicos como una amenaza real. Para ser todo aquello que los profetas de la nueva era del celuloide le exigían que fuera, "Avatar" debería ser más suya, ir infinitamente más a su bola. Comencemos pues por lo menos bueno: Cameron nos enchufa a la épica de los mitos primigenios, de las epopeyas culturales arcaicas y de la tragedia étnica clásica de toda la vida, cierto, pero no seamos ingenuos, apelar a la resurrección del hálito legendario de las fábulas añejas es una manera muy sutil de escurrir el bulto de las miserias a flor de piel de un guionista del montón.

"Avatar" es previsible del primer al último plano, y además se presta a disecciones de perogrullo: "Pocahontas" + "Bailando con lobos" en clave sideral, ni más ni menos. Cameron, decíamos, es un narrador hábil pero no original. Le sale mal inventar cosas nuevas más allá del ámbito del nuevo horizonte visual. "Avatar" es una película muy sólida, pero echa en falta las emociones genuinas e irrepetibles que separan el grano de la paja. Ahora bien, y he ahí donde radica el milagro, el director de "Titanic" tiene el don de copiar con discreción y de ser resultón, a pesar de todo.

Estamos incluso dispuestos a no pasarle factura por levantar tamaña nube de polvo fracasando en lo esencial, y es que su película tiene un defecto criminal: sabemos cómo acaba, dónde, cómo y por qué a las primeras de cambio. Con todo "Avatar" funciona en su elemental y muy esquemática dramaturgia; su romanticismo interétnico proyecta sentimentalismo creíble y el maniqueísmo, no pocas veces ingenuo, de la epopeya resalta, curiosamente, más sus virtudes que sus defectos: relectura patas arriba de la ciencia-ficción de amenaza alienígena, de la psicosis de la invasión extraterrestre, lo nuevo de Cameron invierte con gracia el orden natural de las cosas situando al hombre como animal depredador y no como animal depredado. Al fin y al cabo dan mucho más miedo las grandes corporaciones multinacionales del ultracapitalismo que cualquier otra amenaza virtual escondida en un remoto islote del espacio exterior.

Después de todo, y a pesar de los pesares, "Avatar" funciona, y no sólo, que también, por la desarmante magnitud del espectáculo (la batalla final tierra-aire es para interrumpir la proyección con vítores y aplausos); Cameron lleva la motion capture a una nueva dimensión y los condenados clones digitales sienten y padecen a la vista de todos como seres, casi, de carne y hueso. No nos resistimos absolutamente nada a la inmersión en el otro mundo; "Avatar" integra en una alucinante sucesión de filigranas tecnológicas el mundo real y el digital sin despeinarse; el holocausto alienígena nos amarga la tarde, salimos de la sala odiando a nuestros congéneres y descubrimos humedades en los párpados frente a su tan elemental como entrañable romanticismo intergaláctico.

Cameron agarra el timón de la nave con determinación y entre unas cosas y otras el barco (o, mejor dicho, el trasatlántico) llega a buen puerto. Conclusión: digerimos las casi tres horas del fabuloso viaje a Pandora sin darnos el lujo de pestañear con las imprescindibles gafas 3D a cuestas (verla en "pantalla plana", avisamos, es un crimen). Una gozada, defectos incluidos.

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