Crepúsculo

Crepúsculo - Cartel
Título V.O.:
Twilight
Año de producción:
2008
Distribuidora:
Aurum
Género:
Romántica
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
5 de diciembre de 2008
Director:
Catherine Hardwicke
Guión:
Melissa Rosenberg
Música:
Carter Burwell
Fotografía:
Elliot Davis
Intérpretes:
Peter Facinelli (Dr. Carlisle Cullen), Billy Burke (Charlie Swan), Kristen Stewart (Bella Swan), Nikki Reed (Rosalie Hale), Robert Pattinson (Edward Cullen), Elizabeth Reaser (Esme Cullen), Taylor Lautner (Jacob Black), Ashley Greene (Alice Cullen)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Cuando su madre se vuelve a casar, Bella decide irse a vivir con su padre a un pequeño y lluvioso pueblo llamado Forks. Bella, que siempre se ha considerado diferente a los demás, se siente pronto atraída por Edward, un chico guapo, inteligente y muy misterioso. Los dos jóvenes van a entablar una relación más allá de la amistad, que se complica cuando Bella descubre el oscuro secreto de Edward: es un vampiro. Juntos tendrán que hacer frente a los instintos del chico, pero también a sus enemigos.

Stephenie Meyers es la escritora que ha tenido el honor de barrer de las librerías a Harry Potter con una saga vampírica que se ha convertido en un fenómeno literario contemporáneo. "Crespúsculo", el primer libro, ya ha enganchado a 750.000 seguidores en España. Su salto al cine era inevitable, las expectativas son muy altas y seguro que tendrá continuación. Esta historia romántica y juvenil ligada al mundo de los vampiros está dirigida por la cineasta Catherine Hardwicke, que ya se había ocupado de retratar el universo de los adolescentes en cintas como "Thirteen" y "Los amos de Dogtown".

El encargado de dar vida al enigmático Edward, un vampiro convertido en 1918, es Robert Pattinson que aparecía en "Harry Potter: El cáliz de fuego" y para el que este papel va a suponer el salto definitivo a la fama. Su pareja en la ficción es Kristen Stewart, a la que vimos muy jovencita en "La habitación del pánico" y recientemente en "Hacia rutas salvajes". Junto a ellos, Cam Giganden (Rompiendo las reglas) y Rosalie Hale, una actriz repite bajo las órdenes de Hardwicke por tercera vez.

Crítica

El adolescente es un público, sobre todo en estos tiempos, extremadamente agradecido. Remiso a poner los pies en una sala de cine pero extraordinariamente abundante y entregado cuando el marketing logra despertarle del letargo. Los librillos vampíricos de Stephanie Meyer, que como toda ficción literaria orientada hacia el público sub-18 que se precie, se explaya a lo largo y ancho de una interminable saga de libros clon (los editores deben pensar que con lo difícil que es acercar a los jóvenes a un libro hay que hacer lo imposible para garantizarse su permanencia), no define su éxito por cuestiones cualitativas (la categoría del producto literario es más que cuestionable), ni por derroche de imaginación, ni alardes de ingenio ni nada que se le parezca. Al igual que otras sagas literarias junior, las novelas de Meyer explotan con ejemplar oportunismo las debilidades del público potencial no desde la perspectiva de una fórmula singular y patentada, sino bien al contrario desde el reciclaje indiscriminado de estereotipos genéricos en plan megatúrmix, de tretas viejas y del cortar-pegar menos discreto.

La franquicia de Meyer es un popurrí de leyendas vampíricas de la cultura popular juvenil que desde los años 80 hasta hoy ha tocado casi todos los palos y de todas las maneras posibles tanto en cine como en televisión como en la propia literatura. Los referentes de "Crepúsculo" y sucedáneos son cristalinos. Es literatura y cine fabricados para lectores/espectadores, los adolescentes, de memoria corta, incapaces de desenmascarar el truco por falta de recorrido, en este caso,cinéfilo. A Meyer se le ve el plumero plagiando, o casi, el filme ochentero de Tom Holland "Noche de miedo" pasado por la batidora del efecto "Buffy Cazavampiros" y desengrasando todos los tópicos del universo acerca del héroe/heroína estudiantil de instituto, solitario, retraído, puño de camisa en mano.

Lo original en este producto es anatema, es cine y literatura facturado a toda prisa que explota las debilidades, que no las virtudes, de un público fácil. La cinta de Catherine Hardwicke, en esa tesitura, está vendida de salida. Pero la culpa del desastroso desaliño cómico-romántico-terrorífico que esgrime esta poco agraciada película no es culpa de nadie más que del responsable último de las soluciones estéticas del filme, es decir, su directora. Más allá del romanticismo de gominola y algodón dulce con reminiscencias del "Romeo y Julieta" hay una puesta en escena tan ambiciosa como inane, tan voluntariosa como torpe.

Dejamos a un lado el capítulo de los muy mejorables efectos visuales para reírnos por no llorar del look carnavelesco de los vampíricos rostros pálidos de estos chupasangre de fiesta de disfraces (les falta la capa y el medallón dorado), de la comicidad involuntaria de sus traspiés argumentales, de la impresentable ineficiencia de Robert Pattinson para defender con algo de tablas su vampiro recortable. "Crepúsculo" es una cursilada desproporcionada de película, abusivamente boba, para cualquier espectador adulto de exigencias medio-bajas. El romanticismo es sacarinado y en conserva, el sustrato épico-mitológico es de traca y la amenaza de sucesivas entregas (el éxito internacional de la cinta suelta las riendas de las ineludibles secuelas) es la única concesión al horror de sus desaliñados 90 de metraje. Resumiendo pues: un bluff gigantesco o, directamente, una producción desastrosa.

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