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En un mundo libre...

En un mundo libre - Cartel
Título V.O.
:
Its a free world...
Año de producción:
2007
Distribuidora:
Alta Films
Género:
Drama
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
22 de febrero de 2008
Director:
Ken Loach
Guión:
Paul Laverty
Música:
George Fenton
Fotografía:
Nigel Willoughby
Intérpretes:
David Doyle (Tony), Kierston Wareing (Angie), Juliet Ellis (Rose), Leslaw Zurek (Karol), Joe Siffleet (Jamie), Colin Coughlin (Geoff), Maggie Hussey (Cathy), Raymond Mearns (Andy), Davoud Rastgou (Mahmud), Mahin Aminnia (mujer de Mahmud)
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Fotogramas de la película

Sinopsis

En la Inglaterra actual de la inmigración y la explotación laboral, Angie es una joven muy ambiciosa, aunque con poca preparación, que se acaba de quedar sin trabajo. Ella cree que ha llegado el momento de demostrar su valía, así que anima a Rose, su compañera de piso, a montar una agencia de trabajo temporal para inmigrantes. Una idea que pronto se convierte en negocio rentable teniendo en cuenta la desesperación de los trabajadores, los salarios bajo mínimos y la ilegalidad en la que se mueve.

Tras "El viento que agita la cebada", la última propuesta de Ken Loach se llama "En un mundo libre... es una muestra más de la conciencia social del cineasta con las injusticias. Centrándose en la realidad laboral y migratoria de la ciudad de Londres, Loach protesta contra las nuevas políticas de modernización que han acabado con la seguridad en el trabajo. Para ello, nos presenta a dos personajes con los que nos podríamos sentir identificados y que, poco a poco, nos van descubriendo la peor cara del negocio de la inmigración. Ken Loach, retoma así, la esencia de otras de sus películas como "Pan y rosas", "Sólo un beso" o "La cuadrilla". El argumento ha sido concebido por su guionista habitual, Paul Laverty, y fue galardonado como mejor guión en el Festival de Venecia 2007.

La protagonista es Kierston Wareing, una actriz que debuta en la gran pantalla con el complejo papel de Angie. Su amiga y cómplice en la ficción es Juliet Ellis, una joven que Loach descubrió gracias a sus intervenciones en series de televisión. El resto del elenco está formado por actores debutantes y no profesionales que contribuyen a dar una mayor sensación de realidad y dramatismo.

Crítica

Desde que Ken Loach jurara fidelidad eterna, hace ahora 11 años, al guionista Paul Laverty, su carrera enfiló una suerte de irreversible zozobra derivada, no tanto de las insuficiencias resultantes de los guiones de su colaborador (Laverty no es, en absoluto, un mal guionista), sino de la pereza del propio Loach, de su acomodaticia espera de nuevo material con la firma de su buen amigo. Al director británico le iba infinitamente mejor cuando no se casaba con nadie, cuando era él quien buscaba guiones y los guiones no lo buscaban a él. Bill Jessee, Jim Allen o Rona Munro sirvieron brillantemente a la causa en tiempos en que Loach mordía con el diente envenenado y militaba en el hiperrealismo de barricada con una ferocidad de onda expansiva. Laverty se ha adaptado a Loach y Loach se ha adaptado a Laverty y en ese forzado ejercicio de mimesis emerge la sombra de un cine formulaico, lastrado por esa dependencia bidireccional de la que ambos necesitan urgentes vacaciones.

Loach necesita un nuevo guionista y Laverty un nuevo director. Se busca regeneración, objetivos nuevos y desafíos a la considerable altura de ambos. Laverty esbozó las líneas maestras de un itinerario nuevo, y ciertamente prometedor, con la imperfecta y diabólicamente inquietante "Cargo" de Clive Gordon. Es deseable que siga explorando los límites de su pluma fuera del imaginario Loach. Tanto o más deseable es que que Loach imponga nuevo rumbo al buque y se reencuentre, quizá, con el director de "Riff-Raff" y "Agenda Oculta". Y la alarma no suena precisamente por el calibre fílmico de "En un mundo libre...quizá el mejor de los frutos de la sociedad Loach-Laverty desde "Mi nombre es Joe" o, quizá, desde "La cuadrilla", sino por la evidencia de un Loach claustrofóbico, incapaz sistemáticamente de sujetar la incontinencia argumental de los textos de Laverty.

Es Loach un cineasta tradicionalmente incómodo en los ardides clásicos de la ficción, en la dramaturgia elaborada, en la conducción de subtramas y, más aún, en la ilustración de la perspectiva moral del relato. Por eso el último libreto de Laverty se lo pone tan difícil como se lo ponían casi todos los anteriores. Por lo pronto Loach se ve empujado a las arenas de un territorio inexplorado (y es ahí donde reside el valor cardinal de ésta su última propuesta), cual es el de asumir la perspectiva del explotador y no del explotado, del mercenario del sistema y no de sus víctimas, del empresario y no del obrero. "En un mundo libre...lantea la paradoja fascinante de un sistema ultracapitalista que ha diluido las tradicionales fronteras dicotómicas patrón-asalariado. La deriva demencial del liberalismo salvaje que opera con la complicidad de la derecha y de la izquierda ha creado engendros, nuevos monstruos que invierten el tradicional abismo entre fuertes y débiles. Ya no es necesariamente el pezgrande el que se come al pez pequeño. Ahora bien puede ser el pez pequeño el que devora sin conmiseración y sin hacer prisioneros a su igual. Es el fin de la dialéctica perfecta de la lucha de clases que poblaba las primeras películas obreras del cineasta británico. El capitalismo es una mala bestia con infinita capacidad de adaptación al medio.

Huye Loach de proyectar el enésimo dramón de inmigrantes explotados por ETT´s y es precisamente el empeño por diseccionar la mente negra de un explotador de nueva generación, lo que impulsa "En un mundo libre...acia una dimensión que rara vez alcanzaron sus proyectos en la última década. Sobran los subrayados (la visita al "hogar" del inmigrante iraní, el asalto nocturno de los encapuchados) y, en ese sentido, la proliferación de recursos argumentales, de tretas narrativas en las que, insistimos, no se siente nada cómodo el director de "Ladybird, Ladybird". Hay evidencias de agotamiento en este Loach pero a la vez síntomas reconfortantes de regeneración. No hay duda de que es el momento de emprender nuevas rutas.

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