American Gangster

American Gangster - Cartel
Título V.O.:
American Gangster
Año de producción:
2007
Distribuidora:
Universal
Género:
Drama
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
28 de diciembre de 2007
Director:
Ridley Scott
Guión:
Steve Zaillian
Música:
Marc Streitenfeld
Fotografía:
Harris Savides
Intérpretes:
John Hawkes (Freddie Spearman), Denzel Washington (Frank Lucas), Carla Gugino (Laurie Roberts), Russell Crowe (Richie Roberts), Ted Levine (Lou Toback), Josh Brolin (Detective Trupo), Chiwetel Ejiofor (Huey Lucas)

Fotogramas de la película

Sinopsis

En los años 60 los mafiosos neoyorquinos comercian libremente con droga debido a los intereses económicos que comparten con las autoridades. Sin embargo, la relación se rompe con la muerte del Capo y la ascensión de su ayudante, Frank Lucas, un buen conocedor de la calle que aprovecha el vacío de poder para vender heroína pura a menor precio. En poco tiempo, este hombre salido de la nada se convierte en el primer gran traficante negro, un hecho que no pasa desapercibido para el agente Roberts.

"American Gangster" es un drama basado en la vida de Frank Lucas, un hombre pobre que llegó a Harlem en los años 40 y que, con sus nuevas ideas mafiosas, se convirtió en el traficante más poderoso de la época. Aunque en cierto modo fue un ídolo para la ciudadanía negra, no le importó utilizar la violencia contra sus detractores, lo que le llevaría a la cárcel. Los productores del filme leyeron "El regreso de Superfly", el artículo que Mark Jacobson publicó en el New York Times sobre la figura de Fran Lucas y decidieron que tenían una película. Steven Zaillian, guionista de "Gangs of New York", se entrevistó personalmente con Lucas para condensar sus vivencias y de la dirección se ocupó una garantía de éxito, Ridley Scott (Blade Runner, Gladiator).

En un principio, Denzel Washington no tenía muy claro lo de interpretar a un hombre que consiguió el poder a través del crimen, pero el protagonista de "John Q. y "Déjà vu" aceptó el reto. Russell Crowe vuelve al cine tras "Un buen año" para dar vida a Richie Roberts, el hombre solitario e incorruptible que persigue a Lucas. Junto a ellos, Cuba Gooding Jr., que retoma el género policiaco después de su paso por la comedia (Norbit).

Crítica

Por austero y esquemático que el título de la última película de Ridley Scott pueda parecer, tiene implicaciones polisémicas de gran calado: en primer lugar es una declaración de intenciones; Scott se propone citar a los grandes clásicos de la épica mafiosa cinematográfica en el sentido más tradicionalmente americano del término: Scorsese, Coppola, Leone, e incluso Raoul Walsh. Su película milita en la narrativa antiheroica y operística de las grandes epopeyas criminales del nuevo continente reflotando los arquetipos tradicionales de esa "antihistoria", de esa crónica subterránea de un país en buena parte, como explicitaba Scorsese en "Gangs of New York", a machetazos y garrotazos. Scott se apunta también a la seducción erótica del tramposo, que, pese a ser un malísimo bicho conserva un poso de hidalguía, monárquica grandeza y, aunque renglón torcido, no deja de ser una variante más del "self made man" made in USA. En ese sentido "American Gangster" es un ejercicio de emulación de las crónicas clásicas del hampa cuya narrativa es uno de los pilares mismos del imaginario fímico estadounidense en la modernidad.

En segunda instancia el título enfatiza, paradójicamente, la especificidad del producto. Si el cine norteamericano está lleno de radiografías de las cloacas y el glamour del crimen organizado de importación (italiano e irlandés fundamentalmente), insólitas y contadísimas son las aproximaciones a las implicaciones estrictamente autóctonas del asunto. Por ahí van los tiros en "American Gangster"; Frank Lucas es un afroamericano del proletariado, víctima de la marginación racial, pero americano hasta el tuétano, que levanta su imperio de la nada, cual empresario modelo, pasando por encima de italianos e irlandeses, demostrando así que los nativos habían aprendido bien la lección y eran capaces de extorsionar con la misma clase. Lucas es además un icono del black power, quintaesencia (retorcida) del tipo de color capaz de demostrar a los blancos que las barreras raciales no eran sino un impresentable anacronismo.

Scott explota los dos rasgos identitarios de la película haciendo oposiciones para entrar en el panteón de los grandes cineastas norteamericanos que se han dejado seducir por el lado oscuro. No vuela tan alto, a pesar de los muy nobles propósitos, fundamentalmente porque las peculiaridades verísicas del caso acaban jugando en su contra. "American Gangster" se cae a trozos a cuenta de un desenlace, probablemente leal al noticiero, pero dramáticamente endeble, acaso la mitad de oscuro, la mitad de cínico y brutal de lo que el sobrio y modélico tratamiento del crescendo invita a imponer. Disculpando la condescendencia de ese tímido final, entre superfluas sonrisas y frívolo compadreo entre gato y ratón, es de justicia admitir que Scott no exhibía pulso narrativo de este calibre desde hace lustros, que la colisión resultante del vis a vis entre mediático gangster y el oscuro y defenestrado policía que, por ser honesto, acaba ostratizado y marginado, emula la cáustica profundidad de las grandes dicotomías, forjadas a ambos lados del límite que la ley impone, del gran cine mafioso norteamericano. Mérito, por descontado, al oficio intachable de Denzel Washington, en su composición más lúgubre hasta la fecha, y Rusell Crowe, inmejorables compinches de Ridley Scott en su ingreso en la élite (que no en la cúspide) del gran cine criminal épico norteamericano.

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