300

300 - Cartel
Título V.O.:
300
Año de producción:
2006
Distribuidora:
Warner Bros
Género:
Acción
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
23 de marzo de 2007
Director:
Zack Snyder
Guión:
Kurt Johnstad, Zack Snyder, Michael B. Gordon
Música:
Tyler Bates
Fotografía:
Larry Fong
Intérpretes:
David Wenham (Dilios), Dominic West (Theron), Lena Headey (Reina Gorgo), Vincent Regan (Capitán), Gerald Butler (Rey Leónidas), Michael Fassbender (Stelios), Tom Wisdom (Astinos), Andrew Pleavin (Daxos)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Leónidas es el aclamado rey que gobierna, junto a su mujer Gorgo, la ciudad griega de Esparta. El orden que tienen instaurado se ve amenazado por el aviso sobre el inminente ataque de un gran ejército persa. A su cabeza, el temible y enigmático Jerjes. Leónidas responde a la provocación enemiga, pero el Consejo de Esparta no quiere luchar y le envían a consultar al Oráculo sobre el futuro. A pesar de los malos presagios, el monarca decide plantar cara a Jerjes con sólo 300 valientes espartanos.

"300" es el nombre de un cómic que se convirtió en un éxito de ventas y por el que el novelista gráfico Frank Miller, autor también de "Sin City ", recibió varios premios de la industria. Después de "Amanecer de los muertos ", Zack Snyder se embarcó en el proyecto de convertir en película esta aventura épica sobre la Batalla de las Termópilas.

La combinación de efectos digitales con la acción real hacen que "300" tenga una estética novedosa, que nos trasporta a la Grecia clásica con el dramatismo y el oscurantismo de sus guerras. Gerard Butler (El Fantasma de la Ópera) es el encargado de interpretar al rey Leónidas. En un reparto multitudinario para encarnar a políticos y guerreros, destacan Rodrigo Santoro (Love Actually), Vincent Regan (que repite en un papel épico tras "Troya") y la joven Lena Headey, conocida por su papel en la comedia romántica "Rosas rojas".

Crítica

El modelo épico de Zack Snyder se resume en tres ángulos. Primero: culto al canibalismo digital, a la tormenta y al ruido escénico con una representación epidérmica del espacio cinematográfico, resuelto en términos de pantalla verde, postizos gigantescos y apabullamiento visual. Segundo: la incidencia en una planificación efectista, de interminables ralentís y texturización milimétrica. Tercero: industriales cantidades de bulla y estrépito, volumen a toda pastilla y conmoción elemental: la clave consiste en enfatizar las sentencias altisonantes a grito pelado, desde la garganta monocorde de un Gerard Butler que construye su Leónidas a voces, rugiendo para despistar y no revelar el esquematismo diáfano del dramatis personae.

La de 300 es épica de postproducción, desmesurada y modernista de pega en términos proporcionales, porque no hay consonancia entre el tamaño descomunal del aparejo estético y la insignificante credibilidad del drama. Snyder busca reclutar a la platea adolescente con un lenguaje afín a sus filias multimedia, incrustando monstruos y criaturas feroces en la faena magníficamente vendibles en miniaturas de merchandising. El problema de 300 no es, en absoluto, su militancia hiperbólica en el universo cómic, en las fronteras del pulp de masas, sino su indisimulable pobreza en términos de contenido. No se espera de Snyder una reproducción histórica de las Termópilas, pero sí, al menos, una contextualización eficiente del festín pirotécnico, que es, precisamente la clave épica de la monumental hazaña, la disposición de las piezas en el tablero de una operación militar y logística que defendía la Hélade simultáneamente por tierra (Termópilas) y mar (Artemisión y Salamina). Los héroes de lasTermópilas, que no fueron 300, sino varios miles, defendían el desfiladero para dar tiempo a la flota ateniense e impedir la conjunción de contingentes persas en el estrecho. En esa simultaneidad hombro con hombro reside la épica de la resistencia de los 300 espartiatas de Leónidas (y de la infantería ligera, de los 700 tespieos, 400 tebanos ninguneados por Frank Miller y Snyder). Renunciando al contexto el director de El Amanecer de los muertos renuncia a la épica, y no porque 300 sea históricamente lo que Hellboy al nazismo o Stargate a la historia del antiguo Egipto, sino porque sus personajes son siluetas y porque sin ruido y abalorios no hay película.

La falacia es vender que no es ésta una película histórica, sino la milimétrica adaptación de una novela gráfica: falso. Si por algo sorprende el cómic de Frank Miller, al margen de las licencias numéricas, es por la escrupulosa fidelidad a las crónicas de Heródoto reinterpretadas en clave posmoderna. Snyder es leal al continente, pero menos al contenido porque Miller sí tridimensionaliza la epopeya en términos fundamentalmente históricos. La transición a la imagen es un desastre por el afán de fotocopiar el semblante pero no la letra, y la puesta en movimiento de la falange hoplítica espartana rompe la continuidad con el cómic: Snyder no recurre a las fuentes, no sigue pues la pista de Miller, y apuesta, legítimamente, por el delirio visual inerte y, eso sí, estrepitoso. 300 no acaricia la épica que quiere escudriñar ni accidentalmente, engorda las escasas páginas del libro dando vidilla a la reina Gorgo sin orden ni concierto, insertando criaturas del averno entre estampas digitales prodigiosas. Hay que echarle imaginación para extraer lecturas políticas del embrollo o subtextos belicistas poscontemporáneos. Cualquier parecido entre 300 y la batalla de Termópilas es mera coincidencia. Pero lo malo no es eso, lo malo no es la mediocridad del espectáculo como película ultraesteticista, sino como cómic en 3D que no está ni remotamente a la altura del papel.

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