Borja Terán Periodista
OPINIÓN

5 aprendizajes que deja el pinchazo de 'Baila como puedas' en TVE

Un momento de 'Baila como puedas' en TVE.
Un momento de 'Baila como puedas' en TVE.
RTVE
Un momento de 'Baila como puedas' en TVE.

Sólo un 5,5 por ciento de share y 402.000 espectadores. Menos que Cifras y Letras (409.000). El nuevo programa de baile de La 1, Baila como puedas, ha pinchado en audiencias. No atrae. No ha aprobado el examen de público, lo que nos deja varios aprendizajes.

1. Un buen programa de baile no demora el baile. Cualquier gran talent show empieza en alto. En cambio, la adrenalina de la danza llega a Baila como puedas cuando el espectador ya ha tirado la toalla. El concurso se pasa demasiado tiempo en dimes y diretes que no interesan, pues todavía no se ha empatizado con el talento de los concursantes.  Que si el famoso que quedó último la semana pasada debe elegir un compañero de baile anónimo nuevo, que si preparar una coreo grupal, que si, que si... Y, entre tanto, 'que si', el baile llega a las tantas de la noche. Cuando ya es demasiado tarde.

2. Hay más debate que baile. Se ha repetido una vez más el problema que tuvo Top Dance en 2016, que pinchó en Antena 3. Se ha priorizado la historia personal en busca del conflicto de reality show en vez de enfocar más los esfuerzos en el espectáculo. Para enganchar con un concurso de baile, lo primero es contar con bailarines buenos para plasmar una coreografía brillante y, después, ya de su interpretación, saldrá el propio conflicto. Y no al revés. 

3. La tele es insinuar, no enseñar toda la carne corriendo. En Baila como puedas hay una entonación erotico festiva que resulta antigua. Rafa Méndez repite clichés de Fama a bailar en los 2000, pero la audiencia ya no está ahí. Ese punto del fuego de 'quítate la camiseta', ese tono del erotismo más evidente ha arrasado con la magia de permitir imaginar al espectador. No se ha dado casi margen a la insinuación en una televisión en la que la gracia es no mostrar las cartas carnales a la primera de cambio. La clave narrativa está en permitir dejar ir enamorándose al público con la sugerencia que anima a soñar a medida. Con esa licra que roza el cuerpo mientras baila. No se trata de enseñar en el minuto uno los pectorales de los mejores cuerpos del concurso como reclamo. Porque entonces el programa sólo es una promesa de piel. Y eso sólo da para el efímero like de un vídeo de TikTok, no para el recorrido del que depende un prime time semanal.

4. El prime time no es siempre artistas compitiendo haciendo cosas. Que parece que se nos ha olvidado. Impensable ver en la BBC todos los días un talent show de corte similar. TVE ha centrado en esta temporada sus ofertas estelares a una misma mecánica que puede saturar y Baila como puedas ha llegado el último, lo que también castiga sus buenos propósitos, que también los tiene. Más aún al estrenarse después de Bailando con las estrellas y frente al exitoso Supervivientes, ambos de Telecinco. TVE lleva una década de triunfo con Masterchef, excelentemente bien hecho, pero todas las fórmulas de sus prime time diarios no pueden ser el talent show aireado con un jurado sentando cátedra: que si baile, que si haciendo pasteles, que si haciendo costuras, que si peleando por la mejor persona de España. Todos con una entonación muy parecida como si no hubiera más géneros televisivos. Lo que incluso despista al espectador que no sabe ya qué está viendo.

Masterchef fue un éxito por lo que le diferenciaba, ahora parece que todos quieren ser Masterchef. Y no todo puede ser Masterchef con su identificación gastronómica y sus viajes por la España compartida. De hecho, el propio Masterchef ya lleva una larga década. Para sumar e integrar públicos, TVE necesita ordenar y estabilizar sus emisiones de prime time con más tipos de producciones que pongan a la cadena pública en el centro: documentales de hoy, series de hoy, espectáculos de hoy más allá del veredicto de jurado... En la paciencia para asentar propuestas diferenciadas  que hablen de nuestra sociedad está la clave, desde la actualidad pero, también, desde la evasión. La dificultad está en encontrar programas con premisas diferentes, más allá del talent-reality ya amortizado porque tira siempre de un perfil de famosos que ya les hemos visto en demasiadas facetas. ¿Por qué funciona tan bien Tu cara me suena? Porque prioriza la luminosa excelencia artística de la actuación frente a lo demás. No basta con el nombre del famoso, si no hay experiencia escénica que enseñe algo, ya sea porque descubre la cultura de una canción o porque nos recuerda himnos desactivados en nuestra memoria. 

5. Estirar el prime time no funciona como antaño. Otro de los grandes problemas de Baila como puedas es que está estirado en exceso su duración para que llegue a altas horas de la noche y, así, intentar que suba su audiencia con la vieja táctica de colocar el final de la emisión en franjas de menor competencia en otras cadenas. Este truco no tira como antes con programas grabados en los que no existe el vínculo de implicación entre audiencia y juego. Menos aún en tiempos de plataformas. Menos aún si se pone un avance largo cuando ya se ha eliminado al concursante del día. Entonces, el espectador huye y no se queda para ver un vídeo que ya sabe que es un cebo. La audiencia está inmune a los anzuelos. 

6. Baila como puedas ha venido con una estética de hoy y con el atrevimiento de afrontar con modernidad coreografías más allá de los bailes de salón. Un acierto contar con perfiles dispares como Norma Duval, Beatriz Luengo y Yolanda Ramos. Las tres con tres discursos muy complementarios que hablan de la España nuestra. También con concursantes populares de reclamo que van de Lydia Lozano a Ana Guerra o bailarines urbanos que no remiten a épocas viejunas. Sin embargo, el baile tardó en llegar. Y el reality se comió el baile. Cuando es la explosión de sensaciones de un buen baile es lo que debía haber levantado del sofá al espectador. Estamos sobrados de habladurías y faltos de la fantasía que despiertan las buenas coreografías. La tele de la fantasía es el camino al que volver, la tele que descubre la imaginación de mundos que están en este, como lograba Raffaella Carrà, como ejercía Concha Velasco. Hay que intentarlo, como podamos. 

Periodista

Licenciado en Periodismo. Máster en Realización y Diseño de Formatos y Programas de Televisión por el Instituto RTVE. Su trayectoria ha crecido en la divulgación y la reflexión sobre la cultura audiovisual como retrato de la sociedad en los diarios 20 minutos, La Información y Cinemanía y en programas de radio como ‘Julia en la Onda’ de Onda Cero y 'Gente Despierta' de RNE. También ha trabajado en ‘La hora de La 1' y 'Culturas 2' de TVE, entre otros. Colabora con diferentes universidades y es autor del libro 'Tele: los 99 ingredientes de la televisión que deja huella'.

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