El despertar juvenil ante la degradación del planeta es un hecho. La iniciativa de la joven sueca Greta Thunberg de realizar una huelga todos los viernes por el clima se extiende como una mancha de aceite y ha llegado también a España. El 3 de marzo se concentraron ante el Congreso, y el próximo 15-M hay convocada una jornada de lucha estudiantil global contra el cambio climático.

España es un país especialmente afectado por el cambio climático. Según datos de la Aemet, la península ibérica ya ha superado un aumento de temperatura de 1,6 ºC, por encima de lo que se recomienda desde la ciencia como escenario a evitar. El aumento de temperaturas está teniendo impactos graves en recursos tales como el agua, los bosques o los océanos.

La respuesta política no está a la altura de la gravedad del problema. Las emisiones aumentaron en 2018 un 2,7% en vez de reducirse. En España, la situación no es mejor: en esta legislatura los gobiernos del PP y del PSOE han sido incapaces de liderar el proceso para elaborar una Ley de Cambio Climático ambiciosa, tan necesaria para nuestro país. Las cosas no pueden seguir igual: es imprescindible una acción decidida y eficaz. Para ello, la acción en la calle y la protesta social son imprescindibles.

Quizás, una de las claves de la ineficacia en la lucha contra el cambio climático sea que la discusión ha sido hasta ahora demasiado técnica y la información sobre la gravedad del problema no haya llegado adecuadamente. Los jóvenes sí han entendido lo que está pasando y han dicho basta. Son conscientes de que el legado que les estamos dejando es un mundo enfermo y se rebelan contra ello. El éxito de este #15MClimático nos concierne a todos y todas, porque es una lucha por nuestro patrimonio común: la Tierra.

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