Siete años. Cien niños asesinados en España. Dicen en el periodismo que los números son fríos. Puede ser, hasta que describen vidas truncadas en la niñez. El 36% de esos cien niños muertos fueron víctimas no reconocidas de la violencia de género, el 24% fueron asesinados por sus madres, un 7% se quitaron la vida acorralados por el acoso escolar, el lobo feroz al que tememos los padres cuando depositamos a nuestros hijos en el colegio unido al gran tabú que es el suicidio y cuyo abordaje específico también es urgente afrontar.

Siete años. Cien asesinatos. Save the Children, medio centenar de organizaciones aglutinadas en la Plataforma por la Infancia, la ONU, pediatras y expertos de diversa índole están pidiendo una ley nacional que contribuya a reducir la violencia existente contra niños y adolescentes. Nos piden a todos que firmemos solicitando dicha ley. Yo lo he hecho, incluso he difundido la campaña, que emplea el hashtag #LosUltimosCien, desde mis redes sociales. Pero os confieso que me he quedado insatisfecha.

¿Vosotros os conformáis con tan poco? ¿Podéis esperar tranquilos, cruzados de brazos, a que el Gobierno decida legislar y destinar recursos a proteger a nuestra infancia? Yo no me siento capaz. No cuando el tiempo se mide en vidas, en vidas de niños, además.

Podemos no mirar a otro lado cuando sospechemos que un niño está sufriendo o en peligro

Estoy convencida de que hay mucho más que podemos hacer todos y por eso os escribo esta carta, una carta que me destino también a mí misma. ¿Qué podemos hacer? Podemos no mirar a otro lado cuando sospechemos que un niño está sufriendo o en peligro. Podemos formarnos para saber cómo actuar en esos casos. Podemos complicarnos la existencia e involucrarnos si nos encontramos frente a uno de esos monstruos. Podemos ser embajadores de la necesidad de proteger la infancia ante otros adultos. Podemos entregar a los niños los instrumentos necesarios para identificar las situaciones de riesgo, enseñarles cómo defenderse y a quién acudir buscando ayuda.

No solo podemos. Debemos hacerlo. Es una responsabilidad compartida. Es algo tan urgente y necesario como esa ley nacional que estamos pidiendo. Algo que no es nada sencillo, lo sé bien. Pero resulta vital, al igual que está pasando con la violencia de género, sacar del ámbito de lo privado la violencia contra los menores. Dentro de otros siete años no deberíamos estar hablando de otros cien niños asesinados.

Cuento con vosotros. Melisa Tuya