Sarah Morris  Corresponsal británica en España

Ya es hora de terminar con 'Londongrado'

Desde su inauguración en el año 2000, la famosa London Eye se ha convertido en la atracción de pago más popular del Reino Unido. La noria, situada a orillas del río Támesis, fue la más alta del mundo hasta 2006, cuando fue superada por la Estrella de Nanchang
Londres.
Daniel Lange (iStock)

Una de las críticas contra la Unión Europea es que, a menudo, su toma de decisiones es lenta. Por esa razón ha sorprendido gratamente, especialmente en el Reino Unido, la coordinación de las sanciones de los 27 socios contra el gobierno de Vladimir Putin. Uno de los argumentos utilizados a favor del Brexit fue que, desvinculada de la Unión, las autoridades británicas podrían actuar más rápidamente.

En enero, un escrito del gobierno británico incluso argumentaba que ahora la isla podía congelar más rápidamente los activos relacionados con la corrupción, otros delitos o los destinados a financiar conflictos. Sin embargo, las sanciones anunciadas por el gobierno de Boris Johnson contra los rusos vinculados al Kremlin se consideran débiles incluso por medios conservadores cómo The Times, especialmente cuando se las compara con las anunciadas por la UE. “El progreso dilatorio del Reino Unido con las sanciones empieza a ser una fuente de vergüenza y un tema de inquietud política", constató el editorial del periódico del jueves. “Corre el riesgo de dejar un agujero en el arsenal económico de Occidente. El gobierno tiene que ocuparse de esto y rápidamente.” 

"Las sanciones anunciadas por Boris Johnson contra los rusos vinculados al Kremlin se consideran débiles incluso por medios conservadores"

El gobierno insistió en que está actuando para añadir más individuos a su lista de sancionados, en la que incluyó inicialmente solo un tercio de los nombrados por la UE, pero que su equipo legal tiene que preparar bien las pruebas vinculándolos al Kremlin. Después de la indignación por sus sanciones iniciales, el gobierno anunció que congelarían los bienes de Alisher Usmanov, gran inversor en los clubs de futbol Everton y Arsenal, e Igor Shuvalov, ex viceprimer ministro de Rusia, y que no les dejaría entrar en el país. Ambos ya habían sido sancionados antes por la UE.

Los sancionados han recordado a los británicos la afluencia reciente de dinero ruso en el país en todos los ámbitos, parte de cual viene de oligarcas rusos que financian la agresión del Kremlin. Algunos han apodado a la capital británica "Londongrado" porque desde 2016 más de 1.500 millones de activos inmobiliarios han sido comprados por rusos con vínculos al Kremlin, según la ONG Transparency UK.

Los peligros de las inversiones rusas ya se destacaron en distintas comisiones parlamentarias tras del envenenamiento del ruso Sergei Skripal y su hija en territorio británico en marzo de 2018. El informe: El Oro de Moscú: corrupción Rusa en el Reino Unido concluyó que había que destinar más recursos y voluntad política a luchar contra el blanqueo de dinero ruso. El Informe Rusia de 2020 señaló que aliados de Putin habían conseguido influir en la democracia británica.

Los partidos de la oposición creen que Johnson ha sido lento en su reacción a los avisos, interesándose poco como alcalde de Londres, ministro de Asuntos Exteriores en el gobierno de Theresa May y ahora cómo premier. El partido Laborista quiere una investigación para averiguar si Johnson intervino para que su amigo ruso Evgeny Lebedev, hijo de un ex agente de la KGB, fuera nombrado representante de la Cámara de los Lores, como afirma The Sunday Times, a pesar de un aviso en contra de los servicios de inteligencia.  Muchos quieren que se investigue más a fondo la posible interferencia de Rusia en los referéndums sobre el Brexit y Escocia.

Hace pocos días, la activista Gina Miller contó en The Guardian cómo multimillonarios rusos ofrecieron dinero a ONGs a cambio de ser pesentados a políticos, miembros de la familia real, famosos y formadores de opinión. “Se suponía que los rusos a menudo inyectaban sus rublos en nuestra sociedad porque tenían ansias de tener estatus social”, escribió, “por el contrario, hace tiempo que es una parte de un intento sistemático de desestabilizar a nuestras instituciones, sobre todo nuestro parlamento, la prensa y la democracia”.

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