Un país sin odio

Omar Anguita  Diputado y portavoz Socialista de Infancia y JuventudOPINIÓN
Archivo - Imatge d'arxiu d'una manifestació de l'orgull lgtbi+ a València
Manifestación del orgullo LGTBI en Valencia.
EUROPA PRESS

Hace unos días conmemoramos el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. Y digo conmemoramos, y no celebramos, porque nos queda mucho por hacer. Una ardua tarea que comparto con compañeros y compañeras porque empatizo con el testimonio de muchos que se han muerto de miedo al abrirse con su familia o al ir con su pareja de la mano, que han sentido la cárcel de haber nacido en un cuerpo que no era el suyo, que han sido insultados y agredidos por ser, simplemente, como quieren ser.

Me reconozco como privilegiado, mientras que otros sufrían injusticias, odio y rechazo. Sin embargo, soy socialista y, como tal, rechazo profundamente las desigualdades. Todos los avances sociales que han mejorado nuestra convivencia y nuestra democracia tienen sello y firma socialista; fue un Gobierno del partido socialista quien impulsó el matrimonio entre personas del mismo sexo, quien posibilitó que las personas transexuales pudieran cambiar de nombre en el Registro Civil sin tener que pasar por una operación quirúrgica. Quien ha abanderado siempre el estandarte de la igualdad y la fraternidad, quien se compromete sin fisuras en la lucha contra la discriminación que se alimenta del odio.

El odio fue la gran pandemia del siglo XX, dejando un reguero de millones de muertes en toda Europa, cientos de miles en nuestro país. Lamentablemente, ese odio contra el diferente nunca ha desaparecido del todo en España, es más, últimamente lo vemos reverdecer. Lo pudimos comprobar recientemente con aquel infame cartel señalando a los menores extranjeros no acompañados.

La historia nos recuerda que no debemos ser ingenuos, que no debemos blanquear nada ni a nadie. Al contrario, tenemos que arrinconar al odio con todas nuestras fuerzas para poder construir una sociedad igualitaria y unida en su diversidad. Defendiendo nuestros derechos y ampliando nuestras libertades, en plural. Porque cuando la libertad se conjuga en plural es que nos pertenece a todos.

Y sí, hablo de libertad. Me niego a que se apropien de esa palabra y acaben tergiversando su significado. Los socialistas sabemos en carnes propias qué es la libertad y cómo se vive en su ausencia, qué supuso la dictadura y la lucha contra el terrorismo. Llegados a este punto, ahora, debemos seguir defendiendo el derecho a vivir libremente, sin odio. Sin dejar atrás a nadie que se sienta oprimido.

Fernández de los Ríos hablaba de libertad para ser libres, que en el contexto actual sería la libertad de amar a quien se quiera, de romper con el machismo, de construir un hogar tras un proceso migratorio, de ser, de estar, de existir. Para todos, siempre, irrenunciablemente. Para conseguir un futuro en igualdad y libertad, se impone un presente de lucha. Sin dar un solo paso atrás, enfrentándonos a todos y cada uno de los retos que tenemos por delante, especialmente los jóvenes.

Los jóvenes somos a menudo el blanco de las críticas, se nos tacha de irresponsables, de lábiles. Hay quien aprovecha para endosar a la gente joven etiquetas de comportamientos incívicos e inmaduros, como los de los botellones. Pero no debemos olvidar que los jóvenes hemos abrazado los primeros aquellas causas que se han terminado convirtiendo en desafíos básicos para todos nosotros. Los jóvenes somos el motor de los cambios sociales, la herramienta más firme para frenar al odio.

Los jóvenes somos el motor de los cambios sociales, la herramienta más firme para frenar al odio

Somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos para construir juntos y juntas un presente con ambición de futuro. Podemos demostrar a todos esos cínicos que creen que no nos comprometemos con nada o que vivimos en el capricho, que están muy equivocados. Que hay una gran fortaleza en nosotros y nosotras. Que sabemos comunicarnos, que sabemos organizarnos y que sabemos actuar de manera conjunta y global con otros muchos jóvenes.

Hemos sido los jóvenes quienes hemos tirado de este carro, quienes dijimos que hasta aquí, que ya basta. Somos un colectivo abierto y sensible, dispuesto a entregar lo mejor de nosotros mismos, porque nos hemos comprometido con todo aquello por lo que merece la pena luchar.

Y no hay causa más noble que la de hacer mejor la vida de los demás. Por eso, debemos dedicarnos plenamente a crear un país mejor. Donde nadie sea señalado por su aspecto o su orientación sexual. Donde vivamos en paz y en armonía con el medioambiente. Donde todos los ciudadanos se sientan cuidados. Un país diverso, tolerante y de todos los colores. En el que quepamos todos. En el que nuestra bandera sea la de la dignidad de todas las personas. Un país alegre y sin odio.

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