Borja Terán  Periodista

Cuando en la nueva temporada nada parece nuevo

Roberto Leal, en 'Pasapalabra'.
Roberto Leal, en 'Pasapalabra', el gran e intocable éxito de la tele actual.
20minutos | ATRESMEDIA

Lejos, muy lejos, quedan aquellos tiempos en los que las cadenas de televisión daban el pistoletazo de salida a la nueva temporada con grandes galas de prime time en las que explicaban con pompa toda su nueva oferta. Aquello resultaba excitante. Estos programas especiales contaban con tal adrenalínico instinto del show que creaban una gran expectación en el espectador. La audiencia se ilusionaba con todo lo novedoso que estaba por venir en la parrilla televisiva. Incluso las cadenas cambiaban su imagen de continuidad, con remozados pasos a publicidad y animaciones para su logotipo. Arrancaba el curso y la televisión también se aplicaba las ganas generales de renovarse y alcanzar nuevos objetivos.

La feroz lucha entre canales hace difícil hoy realizar una gala de estas características. Por pavor a la contraprogramación, no se podría anunciar la fecha y la hora en la que se estrena prácticamente nada. Tampoco este tipo de ceremonias funcionarían al estilo de los noventa, pues el público prefiere campañas de promoción más breves y con otras dinámicas creativas. Pero esa misma audiencia se sigue ilusionando cuando existe una oferta novedosa. La pregunta es si esas novedades realmente llegan con el otoño... o simplemente nos dan más de lo mismo. Porque ¿qué es realmente nuevo esta temporada 2021-2022?

Vivimos en una crisis general en los medios de comunicación. Ha crecido el miedo al riesgo y, entonces, sólo se apuesta por lo testado, por lo que se cree una "apuesta segura". Por supuesto, es normal que no varíen grandes éxitos como Pasapalabra (en la imagen de arriba). Ya se sabe, lo que funciona no se toca. Pero también hay que saber leer que la sociedad va evolucionando y los medios de creación audiovisual no pueden dejar de tomar el pulso a nuestro tiempo. Un tiempo en el que el espectador necesita ser realmente sorprendido y descolocado, porque se las sabe todas y está abrumado entre tanta oferta en plataformas y tanto producto concebido para ser fast food, para devorar, olvidar y seguir devorando.

Más que nunca, las televisiones generalistas tienen una oportunidad para diferenciarse, para luchar en directo contra lo diferido, para hablarnos de tú a tú desde nuestra idiosincrasia, desde lo particular, desde lo único. Pero septiembre ha arrancado con una parrilla de programación televisiva que nos mantiene inmersos en un constante 'déjà vu'. Los mismos conflictos en la tele-realidad (esa casa "granhermana" que llevamos veinte años padeciendo), los mismos fogones de Masterchef, los mismos dimes y diretes, encima con resurrecciones de series antiguas todo el rato apelando a la nostalgia desesperadamente... Sí, ahora también con telenovelas turcas por doquier, pero menuda novedad nos han traído los nuevos tiempos: culebrones retrógrados e histriónicos que difícilmente nos van a representar o calar en algo.

"El público necesita ser sorprendido y descolocado, porque se las sabe todas y está abrumado entre tanto producto concebido para devorar y olvidar"

Todo suena a ya visto. Incluso lo que nos venden como nuevo, sentimos que ya está visto o, lo que es peor, que no nos aporta nada. Como ficciones tipo Ana Tramel, de TVE, que es otra oportunidad perdida, una serie de lujosa producción pero de resultado frío y aséptico, que ha llegado para aumentar la indiferencia hacia nuestra televisión pública. Nada que ver con las series vibrantes que producía la cadena pública en los ochenta y que se atrevían a retratar lo relevante de lo cotidiano de su país (de Anillos de Oro a Chicas de hoy en día), un pasado no tan lejano que parece a años luz en intenciones e ideas.

Es normal que los programas de más éxito continúen rindiendo casi por inercia, pero lo que debería preocuparnos es la sensación de que la televisión en España se está quedando por detrás de su sociedad. La dinámica de continuar con lo funciona no es incompatible con la necesidad de renovarse para no quedarse obsoleto... o desaparecer entre tanta producción de plataforma creada para un público global y que luce toda igual e impersonal. Urge crear y avanzar ilusionando a un público que sigue existiendo (aunque quieran hacernos creer que no) y que hay que cuidar porque sigue necesitando la pantalla tradicional y lineal. Porque sigue estando ahí, dispuesto a ser seducido y desafiado desde el entretenimiento. Un público que sigue sentándose en el sofá y a encender la tele "a ver qué ponen hoy" en lugar de "voy a ver qué elijo de un menú infinito".  

Mostrar comentarios

Códigos Descuento