Luis Algorri  Periodista
OPINIÓN

La excursión de los nazis

Manifestación neonazi en Chueca.
Manifestación neonazi en Chueca.
20MINUTOS

Cuando los vi pasar por mi calle, justo bajo mi ventana, sonreí. Hacía muchísimo tiempo que no me los tropezaba. Ya están estos de excursión, me dije, pobre gente. Daban un poquito de lástima. Esto seguro que no sale en la prensa, me dije también, pero estaba equivocado: ya no hay nada que no salga, que no se publique, que no se difunda, hasta la mayor nimiedad. Eso será la ruina de los conspirandeiros que siguen repitiendo a los crédulos: nosotros te contamos lo que el poder no quiere que sepas. Pues no, perdone; usted tratará de venderme lo que quiera, pero no será nada nuevo. Todo se sabe casi de inmediato, todo se saca a relucir, todo lo han publicado ya. Hasta una chorrada callejera como esta. La de los nazis de finde por mi barrio.

Eran unas decenas de chavales (pocas decenas, yo lo vi), algunos jovenzuelos, otros con pinta de gimnasio, otros más con claro sobrepeso. La mayoría con camiseta negra y todos con sonrisas forzadas, con cara de ser los malotes de la clase, con estudiado aire de matones. No trataban de convencer a nadie de nada. Lo que querían era provocar, nada más que eso. Llevaban muchas banderas: unas, las de España, llevaban pegada esa especie de llama que usa el Frente Nacional francés. Otras eran de otros sitios, como Rumanía, lo cual indica que parte de la pandi venía de fuera. Y otras llevaban pintada la cruz celta, símbolo de la viejísima Cedade, el primer grupo neonazi que apareció en España, en las postrimerías del franquismo. Esa antigua cruz es uno de los muchos dibujos que usan los actuales nazis europeos para evitar la esvástica hitleriana, que, cuando no está prohibida, provoca un rechazo instantáneo en la gran mayoría de la población.

Bandas de primates que buscan pelea con otras bandas, y hacen eso mismo. Es un gesto, pues, muy primario, que primero adoptaron algunos futboleros y ahora esta gandalla

Los que encabezaban la procesión llevaban tambores y bombos, que golpeaban con denuedo. Y menos mal porque, de no ser por el estrépito porompompero, casi nadie se habría enterado de que estaban allí. Iban escoltados por dos filas de policías que recordaban un poco a los soldados que, hace muchos años, salían junto a los pasos en las procesiones de Semana Santa, pero la verdad es que mucha falta no hacían los guardias: la poca gente que había en la calle a esa hora seguía a lo suyo, iba y venía por las aceras, o permanecía sentada en las terrazas sin hacer maldito el caso de los nazis excursionistas. Alguna señora se asomó a la ventana y les llamó "asquerosos": mal hecho, porque eso era exactamente lo que ellos querían, el pretexto que buscaban para ponerse a proferir sonidos guturales y a menear los brazos y la cabeza como todos hemos visto en los documentales de La 2: bandas de primates que buscan pelea con otras bandas, y hacen eso mismo. Es un gesto, pues, muy primario, que primero adoptaron algunos futboleros y ahora esta gandalla.

Era evidente que trataban de imitar lo que los antiguos nazis alemanes hacían por las calles hace ahora casi un siglo

Una vez que se publicó esto de la excursión, mucha gente (políticos, ministros, activistas) ha puesto el grito en el cielo. La Fiscalía ha dicho que va a investigar si acaso se cometieron delitos de odio. Listísima la Fiscalía, ¿eh? ¡Pero si iban a eso y a nada más! Engañaron a la Delegación del Gobierno, cosa, por lo visto, bastante fácil: dijeron que se iban a manifestar para que la gente se opusiese a las agendas 2030-2050, que viene a ser lo mismo que si aseguran que van a rezar el rosario de la aurora o a vitorear a Manolete. Pero eran los nazis, que iban a meterse en pleno barrio de Chueca para insultar a los gais y amedrentar a los viejos que viven allí, a los turistas, a la gente que pasaba. Era evidente que trataban de imitar lo que los antiguos nazis alemanes hacían por las calles hace ahora casi un siglo. Pero aquellos, uniformados de marrón (se hacían llamar las SA, Sturmabteilung) con sus botas y correajes, eran muy nutridas formaciones paramilitares que sí daban miedo. Y estos, los de la excursión por mi barrio, eran quince y el del tambor. Y en camiseta. Pues hombre, pues no es lo mismo.

¿Hay que preocuparse? Pues yo creo que sí, pero no demasiado porque eso es precisamente lo que esta chusma pretende: asustar, atemorizar, intimidar. No intentan convencer a nadie de nada: son de cabeza grande pero de muy escaso seso, y por lo tanto de muy limitada capacidad para el raciocinio, y se les da mal lo de las ideas; prefieren las consignas, los gritos, las amenazas y el matoneo callejero. Siempre en grupo, como es natural.

Tiene gracia que los que sí se han preocupado de verdad hayan sido los de Vox. Es la primera vez, que yo recuerde, que la formación de Abascal se suma a una condena general de algo que hace la extrema derecha. Pero no es difícil de entender. Estos nazis de la procesión por Chueca son su competencia directa, van a por la misma clientela. Parece increíble que a Vox le haya salido un émulo respondón por la derecha, donde parecía que ya no quedaba sitio para nadie más, pero ahí los tienen. Con tamborilete y todo.

¿Qué han conseguido? Lo primero, salir en los medios, que es lo que ellos querían. Lo segundo, nada: nadie les hizo ni caso en la excursión, todo lo más recibieron sonrisas de desprecio burlón. Lo tercero, que las autoridades empiecen a tener mucho más cuidado con los "inocentes" que convocan manifestaciones, porque no es la primera vez que les dan Hitler por liebre como si tal cosa. Y luego… ¿qué más?

"Y todo esto ¿para qué? En realidad ¿qué hemos conseguido, aparte de dar pena?"

Quizá alguno de los de la "santa compaña" del tambor conserve alguna capacidad para pensar por sí mismo, desde luego a solas y sin que lo sepan los "camaradas". Alguno puede que haya que, después del paseíto patriótico, después de comer con papá y mamá, a solas en su cuarto, se haya preguntado: "Y todo esto ¿para qué? En realidad ¿qué hemos conseguido, aparte de dar pena?".

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