Feminismo global

Iratxe García  Presidenta del Grupo de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo
Manifestación con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en Madrid.
Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
EFE/ Javier Lizón

Estos días me viene a la cabeza la historia que me contaron hace años de una chica argentina. Ella estaba embarazada, pero la mala suerte quiso que su bebé tuviera una malformación grave que le provocaría la muerte en el momento de nacer; era inicio de los años 2000 y la ley le obligaba a continuar el embarazo hasta el final. Si hubiese abortado habría sido condenada a ir a la cárcel.

Una historia que vuelve a mi pensamiento tras saber que el presidente argentino presentará su proyecto legislativo para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo. Sin duda, es el resultado de la larga lucha de tantas mujeres argentinas, como Jimena, Gabriela, Silvia y Brenda, que hace unos días nos visitaron en el Parlamento Europeo para pedir apoyo en su objetivo de sacar adelante una agenda feminista en América Latina.

Ese es uno de los papeles que tenemos que jugar los y las representantes de las instituciones internacionales, acompañando e impulsando a las mujeres del resto del mundo en la conquista de sus derechos, y podemos hacerlo de muchas maneras.

Podemos servir como altavoz de las denuncias y la lucha de organizaciones feministas de otros países, podemos participar en campañas y ofrecer nuestro apoyo... Y lo hacemos, pero tenemos que hacer mucho más, dentro y fuera de nuestras fronteras. Para los y las socialistas es prioritario incluir el feminismo como materia transversal en todas las políticas de la Unión Europea: el Pacto Verde, la inteligencia artificial, la transformación digital o el reto demográfico deben ser concebidos desde una perspectiva de género, porque sabemos que ninguna decisión impacta por igual a hombres y a mujeres. Lo mismo ocurre con nuestras relaciones exteriores, y en este punto un magnífico ejemplo es haber conseguido que los acuerdos comerciales con terceros países incluyan un capítulo de género, del mismo modo que incorporan el respeto a determinados estándares ambientales, sociales o laborales. A este logro hay que sumar que, por primera vez, y también por exigencia del Grupo Socialista, contamos con una Comisión Europea paritaria presidida por una mujer.

"El feminismo tiene que formar parte de una diplomacia global de los derechos humanos que puede ser crucial"

El feminismo tiene que formar parte de una diplomacia global de los derechos humanos que puede ser crucial, como se ha visto en la reciente decisión del Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de la ONU, que ha exigido a El Salvador la puesta en libertad inmediata de tres mujeres encarceladas, según este organismo, por haber sufrido abortos involuntarios. Se trata de una decisión sin precedentes que pone en cuestión el sistema jurídico de un país donde se viola la presunción de inocencia y las garantías judiciales, especialmente con los grupos más vulnerables. Pero, además, esta decisión pone el foco en uno de los sistemas legales más restrictivos con los derechos de las mujeres, donde la interrupción del embarazo puede suponer una condena a 30 años de prisión.

También países como Nicaragua, República Dominicana, Haití y Honduras, o Malta por poner un ejemplo en territorio europeo, prohíben el aborto en cualquier circunstancia, a pesar de que, según la ONU, la ilegalización no reduce su práctica, sino que las tasas suelen ser más altas en los países más restrictivos. Y además, con graves consecuencias para la salud de las mujeres: los abortos inseguros se traducen, según la misma fuente, en la muerte evitable de entre 20.000 y 30.000 mujeres al año.

Soy una convencida de que las cosas se pueden cambiar y trabajo todos los días con ese objetivo. Y por supuesto, soy consciente de que la Unión Europea tiene mucho que hacer también dentro de nuestras fronteras. Nos gusta decir que estamos a la vanguardia mundial del respeto a los derechos humanos, que tenemos el sistema de valores más avanzado e igualitario del mundo. Es cierto. Pero no podemos olvidar que en Europa todavía se discrimina gravemente a la mitad de la población: existen desigualdades en el empleo, en los salarios y las pensiones, estamos lejos de lograr una representación paritaria a todos los niveles, desde los consejos de administración de las empresas, a las listas electorales, y 1 de cada 3 mujeres ha sido víctima de violencia, física o sexual, 1 de cada 20 ha sido violada y más de la mitad ha sufrido acoso.

A día de hoy todavía hay seis Estados miembros de la Unión Europea (Bulgaria, Chequia, Hungría, Lituania, Letonia y Eslovaquia) que no han firmado el Convenio de Estambul, el primer instrumento legal vinculante contra la violencia de género en el ámbito europeo, que entró en vigor hace ya casi seis años. Europa no tiene todavía un concepto común sobre lo que significa este tipo de violencia, ni tampoco datos que nos permitan diseñar estrategias certeras.

Pero, además, la Unión padece en los últimos años el auge de la extrema derecha, que amenaza con hacernos retroceder cuestionando derechos básicos como la interrupción voluntaria del embarazo, la educación sexual y reproductiva o las políticas contra la violencia machista. No hace falta irse a países como Polonia y Hungría para encontrar ejemplos. En España, por desgracia, hay fuerzas políticas que cuestionan las libertades y los derechos de las mujeres y ponen en entredicho el consenso de las últimas décadas contra la violencia machista, que a día de hoy sigue matando a mujeres en un goteo agónico.

Estoy convencida, como decía, de que las cosas se pueden cambiar. Demasiado tarde ya para mujeres como aquella chica argentina, aunque todavía a tiempo para otras. Pero nadie ni nada garantiza para siempre lo que hemos conseguido, y la amenaza del retroceso es real. Y por eso, este 8 de marzo, reitero que #SoyFeminista porque aún nos queda mucho camino por andar y no voy a tolerar ni un paso atrás.

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