Toca desempolvar la gorra de Ferrari

El piloto español Carlos Sainz.
El piloto español Carlos Sainz.
EFE

El coleccionismo es una manera elegante para llamar al síndrome de Diógenes selectivo. A mi me pasa con las gorras. Tengo una buena colección, que he ido comprando o, la mayoría, recibiendo como regalos.

Por motivos obvios, casi todas son de Fórmula 1. Alguna rareza, como una de la desaparecida Virgin Racing, comparte estantería con otras de Renault, Red Bull, McLaren o Ferrari. Estos días miraba estas dos con cierta incredulidad. Quién nos iba a decir hace tres meses que no íbamos a ver ni una carrera y que en la semana posterior a lo que iba a ser el GP de España, la gran noticia sería la llegada de Carlos Sainz al equipo más legendario del automovilismo mundial.

La inmensa mayoría de los aficionados que se subieron a la Fórmula 1 bajo el foco de Fernando Alonso han ido mudando sus colores: primero fue Renault, luego Ferrari (tras un corto y militante paso por McLaren), después McLaren de nuevo y al final... Al final lo que fuera. El caso era seguir al 'Nano' (qué viejuno suena este mote) allá donde fuera, ora Le Mans, ora el Dakar.

Con Carlos Sainz ha costado un poco más. Ha tenido que asumir muchas veces el ingrato papel del heredero y, por tanto, el segundo en la fila. Toda su vida ha sido, y a mucha honra, el hijo del Matador. Cuando llegó a la F1, era además de 'Junior', 'el otro' español. El sufrido podio de Brasil le quitó un peso de encima, pero los vientos movieron sus velas hacia costas ignotas: ¿acaso alguien imaginaba que iba a estar hoy en Ferrari? 

Quienes quemaran la gorra de Ferrari, mala suerte. Quienes la conserven, pásenle un trapo húmedo, sacúdanla y ajustenla a su cabeza. Yo, por si acaso, ya lo hecho. Igual en breve toca lanzarla al aire en señal de júbilo y celebración porque el heredero, por fin, ha sido rey.

PD.- No pierdan de vista la de Renault tampoco. Por si acaso.

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