La consagración de Carlos Sainz, mucho más que un hijo ilustre

Carlos Sainz es felicitado por Andreas Seidl, jefe de McLaren, tras el podio de Brasil
Carlos Sainz es felicitado por Andreas Seidl, jefe de McLaren, tras el podio de Brasil
McLaren F1

Cuando Carlos Sainz se bajó del McLaren nada más acabar la Q1 de la clasificación del GP de Brasil, su cara no podía ser más tensa. Una avería eléctrica provocada por un mal funcionamiento de las baterías que ya llevaban dando guerra desde Japón le mandaron a la última posición de la parrilla del domingo. Llegar a los puntos era un objetivo complicado, pero posible. Nadie, ni él mismo, esperaba que 24 horas después estuviera celebrando su primer podio en Fórmula 1.

Carlos Sainz no lo ha tenido fácil. Vivir en casa de una leyenda del automovilismo, con quien comparte nombre y pasión por las cuatro ruedas, le hizo entender muy pronto que la labor de piloto implica estar lejos de casa mucho más tiempo del deseable, que requería notables sacrificios y que si daba el paso a ese lado no tendría una infancia y adolescencia común. Ser hijo del ‘Matador’, de don Carlos Sainz Cenamor, le abrió alguna puerta por la que entró el hoy piloto de McLaren, pero con una mochila al hombro muy pesada.

Que entrara en una sala un tal Carlos Sainz hizo que muchas miradas se dirigieran a él con recelo. “Aquí viene el hijo de… Sainz”, soltaban los padres de los otros chiquillos que, como él, querían emular a los Fernando Alonso (culpable de que eligiera los circuitos y no los rallies), Michael Schumacher, Lewis Hamilton y compañía. Leyendas por mérito propio que, en la Fórmula 1, lo han sido todo y más.

Este tipo de sufrimiento y trabajo hizo de Sainz Jr. un obseso del trabajo. Desde que entró en la escuela de jóvenes talentos de Red Bull, esa suerte de agogé espartana donde sólo crece y sobrevive el más fuerte, entendió que no lo iba a tener fácil. Su padre, su primer crítico, le advirtió desde el principio que si quería triunfar, iba a tener que pasar por un auténtico calvario. Lo vivió en Toro Rosso, donde tuvo la mala suerte de coincidir con Max Verstappen como le ha pasado a Rafa Nadal con Roger Federer o a Cristiano Ronaldo con Leo Messi

El fulgor del neerlandés opacó en cierta medida a un Sainz más acostumbrado a hacer trabajo de base, sin levantar la voz, pero siempre hacia adelante. La cesión a Renault fue el fin de su aventura en la familia de Red Bull, toda vez que le abrió la puerta a McLaren.

Ahí el reto fue tan difícil como atractivo: hacer olvidar a Fernando Alonso y triunfar donde el asturiano fracasó. Le ha bastado menos de una temporada para superar la mejor campaña del asturiano en Woking (a excepción de 2007) en puntos, ya que a falta del GP de Abu Dhabi ya cuenta con 95 puntos, cuando Alonso como mucho logró 54. Sainz ha tirado del carro de una McLaren que poco tiene que ver con la que sufrió su amigo e ídolo, pero de nada vale un buen coche (no excelente, pero sí decente) si no se acompaña con actuaciones como la que tuvo el domingo.

Remontar 17 posiciones no está en manos de muchos. De hecho, este año sólo un piloto, Sebastian Vettel logró una gesta mayor: salió último y acabó 2º en el GP de Alemania. Ahora que ya tiene su primer podio, el próximo objetivo es mejorarlo. Para este año ya parece harto improbable, dado que el Yas Marina no es un trazado muy propicio para ello, pero si la suerte le acompaña y en 2020 el futuro MCL35 nace con mimbres similares al de su predecesor, Sainz estará ahí para seguir triunfando. Lo lleva en los genes.

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