Liberad a los niños (y a sus padres)

Niños juegan en un parque de Barcelona, Catalunya (España), a 16 de octubre de 2020.
Niños juegan en un parque de Barcelona.
David Zorrakino - Europa Press

Hace cinco años, una encuesta realizada en España demostró que nuestros hijos pasan menos tiempo al aire libre que los reclusos de una cárcel de máxima seguridad. El estudio desvelaba que la mitad de los niños de entre 5 y 12 años jugaban menos de una hora al día fuera de casa, un 11% lo hacía apenas media hora y un 5% no salía nunca a la calle. Cinco años después y tras una terrible pandemia, las cifras actuales son seguramente terroríficas. La educación a distancia no ha hecho más que empeorar las cosas, al reducir los paseos para ir al cole y esos divertidos recreos en el patio.

Es un hecho evidente. Nuestros hijos juegan mucho menos en la calle de lo que jugamos nosotros a su edad y no digamos ya de lo que lo hicieron sus abuelos. Encerrados en torres de marfil hiperconectadas a través de pantallitas, demasiado protegidos, demasiado solos, sus trastornos mentales se han disparado: depresión, ansiedad, falta de concentración, aburrimiento, soledad, desasosiego, nerviosismo… pobres niños. Y pobres padres, enganchados más que nunca al trabajo, respondiendo mensajes a todas horas, sin tiempo para lo verdaderamente esencial, salir y disfrutar con los hijos.

Esto es muy preocupante. Estamos dando más importancia a las necesidades de los perros de pasear todos los días que a las de los niños. Y te aseguro que ellos necesitan mucho más estar fuera de casa que nuestras mascotas.

Hace más de 2.000 años, el filósofo griego Teofrasto dejó bien claro que "el tiempo es la cosa más valiosa que una persona puede gastar". ¿Y con quién mejor podremos gastarlo que con nuestros hijos, paseando por un parque o jugando con ellos en esos parques temáticos gloriosos a los que llamamos bosques?

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