A por la vieja normalidad

Desescalada
Los primeros paseos en el inicio de la desescalada.
Jorge París

Tras un 'annus horribilis', estrenamos el 2021 -y nueva década- con una palabra en la mente: Esperanza. Pese a mantener idénticas restricciones y similares cifras de contagios que en 2020, las vacunaciones nos han traído nuevos aires, hasta para los más escépticos, y nos han devuelto algo que dábamos por perdido hasta ahora, una cierta capacidad de planificación futura.

Los toques de queda continúan y las mascarillas siguen ahí, pero aún así albergamos la esperanza de alcanzar la denominada 'inmunidad del rebaño', que según los expertos, llegará probablemente a mediados de año, cuando empezará el retorno de una tímida vida social, que, sin duda, conllevará nuevos bríos económicos.

La libertad de movimientos se irá subsanando hasta acariciar una vieja normalidad, que desapareció cuando dábamos por sentada su existencia. Decía B. Russell, uno de los filósofos más influyentes del siglo XX, quede vez en cuando era saludable poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se daban por seguras. Desde luego, que hasta ahora en España no lo habíamos hecho.

Recuperar la antigua cotidianeidad será nuestro reto, tarea especialmente ardua para los que han perdido seres queridos y/o a los que han vivido meses de angustia aislados en las residencias. También para los que, en lo económico, se han quedado sin nada.

Pese a apreciarse cierta luz al final de la senda, el 2021 será un año de transición entre un 2020, que mejor dejar atrás, y un 2022, en el que los fondos de reconstrucción de la UE empezarán a notarse y marcarán un punto de inflexión en nuestro devenir, siempre que se inviertan de una manera adecuada. ¡Claro!.

Y si toda crisis implica un cambio, que en ocasiones se traduce en oportunidad, podríamos sostener que ésta llegará de la mano de la digitalización. El coronavirus ha supuesto una revolución tecnológica sin precedentes a todos los niveles. Solo un dato: En el primer mes de confinamiento en España, las videollamadas a través de aplicaciones como Zoom se dispararon más de un 4.000 %.

No hace falta ser una gran estadista para concluir que la pandemia se ha cebado especialmente con los más vulnerables y que este año se deberá hacer hincapié en paliar estas diferencias. La tecnología será clave para reducir las brechas sociales, también las de género, y supondrá una oportunidad única para la inclusión de personas con capacidades distintas. Quien se suba al carro de la digitalización, no se quedará atrás, pueden estar seguros. Para ello, la formación será esencial. Aprovechemos para fomentarla y para recuperar lo mejor de aquella vieja normalidad.

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