Semblanza de María Dolores Pradera por su hija Helena, para un homenaje lleno de estrellas

En WiZink Center tiene lugar un concierto homenaje a María Dolores Pradera.
En WiZink Center tiene lugar un concierto homenaje a María Dolores Pradera.
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En WiZink Center tiene lugar un concierto homenaje a María Dolores Pradera.

Este año recién estrenado celebramos el centenario de una de las artistas más completas de nuestra historia. Actriz de cine y teatro, cantante excelsa, María Dolores Pradera vino al mundo el 29 de agosto de 1924 en Madrid, de madre vasca y padre asturiano. Poseía una voz bellísima, profunda pero siempre acariciante, que trazó nuestro patrimonio musical en español, tanto a un lado como al otro del Océano.

Una reunión excepcional de cantantes de diversas generaciones estará este domingo en WiZink Center, en un concierto homenaje donde recordar su figura artística y constatar la trascendencia de las canciones que interpretó de manera inigualable, todo ello oficiando José Sacristán como maestro de ceremonias. Una oportunidad única.

Para repasar la vida apasionante de María Dolores Pradera hemos tenido el privilegio de conversar con su hija Helena Fernán Gómez, de la que heredó una elegancia que paseó como modelo. Actriz ya retirada, mujer discreta aunque gran conversadora, no se presta a entrevistas desde hace lustros, pero en esta ocasión ha accedido a compartir algunos valiosos recuerdos con los lectores de 20minutos.

Helena Fernán Gómez el pasado año en la sede de SGAE.
Helena Fernán Gómez el pasado año en la sede de SGAE.
Adolfo Ortega

Antes de asentarse como cantante, María Dolores inició en 1943 una carrera cinematográfica a la que ella no prestó demasiado cuidado, porque no le gustaba especialmente el medio. Su interés se basaba, más que nada, en que económicamente era muy ventajoso aparecer en películas que, no obstante, fueron dirigidas por las figuras de relumbrón del momento: Luis Lucia, Rafael Gil, Juan de Orduña o José M. Forqué.

Su presencia en los teatros, sin embargo, sí alcanzó gran relevancia y reconocimiento. Ella se sentía realmente actriz de teatro. "Con 29 años tuvo un gran éxito con Soledad, de Unamuno -comenta su hija Helena- donde trabajó con José María Rodero, y años más tarde repitió título con José Bódalo, que junto a mi padre eran los tres grandes actores del país". Aquí es pertinente recordar que el padre de Helena, y esposo de María Dolores, fue nada más y nada menos que Fernando Fernán Gómez. Genética artística incomparable. "Con El jardín de los cerezos (1960), mi madre alcanzó el Premio Nacional de Teatro y el Don Juan Tenorio era una tradición que lo hiciera ella. La última vez tenía ya cuarenta y tantos años". Ionesco, Miller, Benavente o Lorca son autores que ella abordó en un escogido ramillete de títulos.

María Dolores Pradera y José Bódalo en 'Soledad' (1953) de Miguel de Unamuno.
María Dolores Pradera y José Bódalo en 'Soledad' (1962) de Miguel de Unamuno.
SantosYubero (Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid)

María Dolores y Fernando compusieron un matrimonio de talento extraordinario, inteligencia chispeante y afinidades notables. "Tenían un sentido del humor muy parecido -recuerda Helena-, lo que pasa es que mi padre lo sacaba muy de vez en cuando, y ella continuamente. Eran muy parecidos en casi todo". Tanto es así que hay quien advertía hasta un parecido físico entre ambos, ya que se trataba de dos fisonomías no muy asimilables a los rasgos hispanos. "Lola Flores les conoció en la época del Café Gijón y pensaba que eran hermanos, porque iban siempre juntos, muy formales, hasta que un día Paco Rabal le dijo ‘¡pero despistada, si son novios!’. De todos modos, era mucho más guapa mi madre. Mi padre nunca fue guapo ni falta que le hizo", recalca Helena. La separación del matrimonio llegó tras doce años de relación, aunque legalmente no se formalizaría como divorcio hasta 1983. No obstante, entre ambos siempre se mantuvo la cordialidad a pesar de la distancia. 

La mayor popularidad de La Pradera, como algunos la denominaban, llegó con la música, indudablemente. "Algo no demasiado conocido es que mi madre empezó cantando copla, con toda esa pinta de lady inglesa que tenía, pero la abandonó porque decían que se parecía demasiado a Concha Piquer", nos comenta Helena. "Queríamos mucho a Andalucía porque mis tíos trabajaban en Sevilla y Granada, y pasábamos algunas temporadas allí".

Granada fue precisamente la protagonista del primer sencillo que grabó María Dolores, allá por el año 1954. Se cumplen 70 años, por tanto, del tema La Alhambra y tú, firmado por el compositor Ernesto Halffter, donde ya advertimos entre notas orquestales de ambiente exótico el modo de cantar que le acompañó toda una vida y su dicción perfecta.

María Dolores Pradera siempre reconoció sentirse una privilegiada por haber tratado a un gran número de personalidades relevantes, en el ámbito de la cultura y fuera de ella. La casa familiar fue un hervidero de escritores y artistas. Algunas de las amistades forjadas a lo largo de su vida estarán en el concierto homenaje, como es el caso de Raphael. "Raphael y Natalia eran como una segunda familia para mi madre y para mí", reconoce Helena. No sabemos si el cantante de Linares homenajeará a su amiga con Gracias a la vida, pero en cualquier caso será uno de los momentos más emotivos de la noche.

Entre las amigas de María Dolores, además de la citada Lola Flores hay que recordar a otras grandes señoras. "Sara Montiel y Gemma Cuervo fueron grandes amistades de mi madre, pero seguramente su gran amiga de la profesión siempre fue Mayrata O'Wisiedo, una actriz de Zaragoza poco conocida, pintora y escritora. Era como una hermana para ella”, nos desvela Helena, quien también reconoce que "adoraba a Rocío Jurado y su muerte le costó mucho superarla".

Lolita es otra artista que se subirá al escenario en el concierto. "La conocí cuando ella era muy pequeña, porque Lola Flores se vestía en la casa donde yo desfilaba, y como los pases de modelos se ensayan como si fuera una obra de teatro, Lola soltaba a la niña con un tebeo cuando estábamos ensayando".

Esta noche de homenaje a la Gran Dama de la Canción, contará con nombres como Víctor Manuel, Rozalén, José Mercé, Los Sabandeños, Sole Ginénez, Diana Navarro y muchos más. Las canciones que cada cual interpretará son un misterio, pero no sería de extrañar que Pasión Vega nos recuerde la Habanera de Cádiz que cantó con ella; y también en ese registro Estrella Morente la Habanera imposible de Carlos Cano. Carmen París quizás entone Las ciudades de José Alfredo Jiménez, que supondría un acercamiento a aquella tierra mexicana que tanto amó María Dolores. "Mi madre vivió a caballo entre México y España durante casi toda su carrera, desde que dejó el teatro y comenzó a triunfar como cantante", nos comenta Helena. Juan Valderrama, Amancio Prada y Pipo Prendes no han querido perderse la cita. Rosa León ha participado activamente en la organización del evento -aunque todo ha sido capitaneado por el hermano de Helena, Fernando Fernán Gómez- y quizás opte por regalarnos esa Fina estampa que compartió con la homenajeada.

30 discos de oro jalonan la trayectoria de María Dolores Pradera como cantante durante décadas, además de reconocimientos como la Medalla de Oro de las Bellas Artes, la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica, el citado Premio Nacional de Teatro, el Premio Lara, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio o el Grammy Latino, pero lo más impresionante es que con setenta años tenía la voz en perfectas condiciones, como demuestra el disco titulado precisamente Toda una vida, donde ofrece una lección magistral y despliega todas sus cualidades.

Preguntamos a Helena por el repertorio en el que más cómoda pudo sentirse su madre, las canciones que con más cariño pudo interpretar, "Creo que lo que más le gustaba era cantar canciones de Carlos Cano, que se nos fue sin cumplir los cincuenta años. Su muerte fue para ella como perder a un hijo. Carlos Cano, cantaba como la Pradera pero en hombre".

Finalizamos esta semblanza, hilvanada al calor del homenaje inminente, en la última etapa de María Dolores, rememorada por su hija como testigo de primera mano. "Al final de sus días, cuando ya estaba con la cabeza perdida, se pasaba el día cantando sin parar. No perdió la voz hasta quince días antes de morir. Ella siempre me había llamado gato, por mis ojos verdes, y yo la llamaba gorrión, por lo menudita que iba quedando. Poco antes de morir, cuando ya no reconocía a nadie, entré a la habitación y le pregunté quién era yo. Ella me respondió, ‘un gato'".

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