Los primeros vuelos de prueba del demostrador del futuro caza europeo tendrán lugar en 2028

Imagen artística del avión de combate de sexta generación desarrollado por Alemania, Francia y España.
Imagen artística del avión de combate de sexta generación desarrollado por Alemania, Francia y España.
MINISTERIO DE DEFENSA

Los primeros vuelos de prueba del demostrador del Sistema de Combate Aéreo del Futuro (SCAF), una vez que se firme dentro de unos dos años el contrato para su construcción, se deberían realizar "en el horizonte de 2028".

Esta es la previsión apuntada este viernes por fuentes del Elíseo, que subrayaron la importancia del que consideran sobre todo como "un programa de soberanía europea". Este incluye una nueva generación de cazas acompañada de todo un dispositivo de apoyo, como por ejemplo drones, cuya entrada en servicio debería llegar hacia 2040.

Las fuentes insistieron en que "Alemania, España y Francia se felicitan por el acuerdo" anunciado este jueves entre los industriales, que supone el fin de varios meses de atasco, en particular entre los dos grandes socios, la compañía francesa Dassault Aviation y la europea Airbus.

Sin querer entrar en la pregunta acerca de qué elementos habían provocado esos bloqueos, se limitaron a señalar que se trata de un programa "extremadamente ambicioso" que implica a decenas de empresas y "es normal que los industriales puedan discutir los detalles hasta el último momento".

Este compromiso significa que se han cerrado para la conocida como fase 1B los contratos con todas las compañías implicadas en los siete pilares, para cada uno de los cuales hay una empresa líder.

Así, Dassault Aviation estará al frente del pilar para la configuración del avión de combate, Safran del de los motores o Airbus del de los drones de apoyo y la nube de combate.

Como principio, las tecnologías creadas en común por las empresas del SCAF las compartirán a la hora de explotarlas, pero cada una mantendrá los derechos intelectuales de las que hubieran generado por su cuenta y aportado al proyecto.

Los futuros cazas deberán estar preparados, entre otras cosas, para poder ser utilizados desde portaaviones y cumplir otra serie de condiciones para que Francia pueda utilizarlos dentro de su fuerza de disuasión. Es decir, para poder lanzar armas nucleares.

Los tres países se han comprometido a aportar cada uno de ellos unos 1.200 millones de euros para esta fase de los próximos tres años que tendrá continuidad con la firma de un contrato para construir el demostrador (prototipo) del SCAF.

El Elíseo consideró que durante esos tres años no se plantea, al menos por ahora, la integración de algún otro país, ya que eso tendría sentido si fuera para aportar capacidades o dinámica, algo que no cree que le falta ahora al equipo. En cualquier caso, hizo hincapié en que "traduce una ambición nacional y europea".

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