Reportaje

Tres vecinas de la Cañada Real llevan al teatro los dos años de apagón: "Vamos a sacar al mundo lo que nos está pasando"

  • Unas 4.000 personas cumplen este domingo dos años con el suministro eléctrico cortado en esta barriada de Madrid.
  • ​El Centro Dramático Nacional estrena una obra en la que participan tres vecinas junto a siete actores profesionales.
  • Los 'últimos' de la Cañada Real.
Khadija Ajahiou y Rahma Hitach son dos de las tres vecinas de la Cañada Real que van a actuar en la obra 400 días sin luz.
Khadija Ajahiou y Rahma Hitach son dos de las tres vecinas de la Cañada Real que van a actuar en la obra 400 días sin luz.
Bieito Álvarez
Khadija Ajahiou y Rahma Hitach son dos de las tres vecinas de la Cañada Real que van a actuar en la obra 400 días sin luz.

Hasta los siete años, Khadija Ajahiou, apenas había salido de la Cañada Real. Cuando empezó a ir al colegio descubrió la vida que había fuera de los chalets construidos por sus propios dueños, las casas bajas, las chabolas y las calles sin asfaltar del asentamiento levantado en los márgenes de una antigua vía pecuaria para el ganado al sudeste de Madrid donde se había criado.

Cuando salía de la Cañada, decía que iba a España. "Yo pensaba que la Cañada era un, yo que sé, un país y que España era otro", recuerda ahora, a sus 18 años, en el vestíbulo del teatro Valle Inclán, en el mismo centro de esa ciudad que le era tan ajena y que, desde hace justamente dos años, brilla con mayor estridencia desde su barrio, con la luz cortada desde el 2 de octubre de 2020.

Khadija es una de las tres vecinas de la Cañada Real que se subirán por primera vez a un escenario desde el próximo 6 de octubre en este teatro con la obra 400 días sin luz, del Centro Dramático Nacional (CDN), junto a un elenco de otros siete actores profesionales, todos ellos bajo la dirección de Raquel Alarcón.

La obra, que es una ficción con "un referente real" -en palabras de Alarcón-, parte de los cortes eléctricos de 2020 y relata la historia de Wafa, una adolescente que se ha criado en la Cañada y comenzará desde ese momento su camino para sobrevivir con dignidad en este rincón olvidado y siempre cargado con el estigma del narcotráfico.

Un camino que Khadija sigue aún recorriendo hoy en día y en el que Madrid pasó de ser el estimulante mundo exterior por descubrir a ser la prueba viviente de la desigualdad a la que había sido condenada desde su nacimiento.

"A medida que iba sumando años, veía que lo que era normal, no tiene nada de normal. El hecho de no tener un ambulatorio, no tener un colegio, no tener un parque, no tener las necesidades básicas…", declara Khadija. "Veía que cada año empeoraba todo y estás notando de manera indirecta una barrera brutal, cada día me enfrento a esta situación. Tengo un chip dentro de la Cañada, salgo, y tengo que tener otro chip que no es el mismo".

"A medida que iba sumando años, veía que lo que era normal, no tiene nada de normal. El hecho de no tener un ambulatorio, no tener un colegio, no tener un parque, no tener las necesidades básicas…"

Dos inviernos y Filomena, sin luz

La Cañada Real es el mayor asentamiento irregular vigente en Europa. Su origen se remonta a los años 70, pero al contrario que el resto de poblados improvisados por los migrantes rurales llegados en esa época a la capital, no fue ni desmantelado ni convertido en un barrio en las décadas siguientes.

La Cañada era un caso particular. Se había levantado en las laderas de una vía pecuaria, un camino reservado desde la Edad Media para la trashumancia del ganado, y su estatus jurídico era complejo, porque no es un terreno urbanizable.

El asentamiento ha ido creciendo, su población ha cambiado -en la actualidad hay una mayoría de familias gitanas y magrebíes-, pero las vivienda siguen ahí, sin ningún tipo de regularización jurídica, sin las dotaciones básicas necesarias para que su población pueda tener una vida digna y con el estigma de ser punto neurálgico de tráfico de drogas en la capital.

Ubicación de la Cañada Real Galiana, a su paso por la Comunidad de Madrid.
Ubicación de la Cañada Real Galiana, a su paso por la Comunidad de Madrid.
Henar de Pedro

El 2 de octubre de 2020, en plena pandemia, la compañía eléctrica Naturgy cortó el suministro a parte de los sectores 5 y 6, los más aislados y también los más poblados. Dos años después, con sus dos inviernos y la histórica borrasca Filomena incluidas, unas 4.000 personas, 1.800 de ellas menores, siguen sin luz.

El Gobierno de la Comunidad de Madrid vincula los cortes al conflicto relacionado con los cultivos de marihuana en la zona, cuyos propietarios enganchan a la luz los aparatos que usan para el cultivo, mientras los vecinos reclaman que se regularice su situación y se le permita pagar las facturas de la electricidad de forma legal.

"De por sí, la situación en la que estábamos era claramente una deshumanización, pero con el hecho de que nos hayan cortado la luz, que hayamos pasado por varias etapas, entre ellas la Filomena, con los niños, a mí me ha tocado presentarme a la EBAU (…) no te lo puedes imaginar, es devastador", declara Khadija. "Te sientes como una roca más, ¿Qué diferencia hay en una persona que vive en Cañada y, yo qué sé, una farola? Igual la farola está más alumbrada".

Un viaje de ida y vuelta

Cuando caminaba sobre la nieve congelada por las callejones de la Cañada Real en enero de 2021, Raquel Alarcón, no sabía que aquel era solo el viaje de ida. Trabajaba entonces en otro proyecto del CDN, los Dramawalker, que buscaban contar historias de los barrios periféricos a través de ficciones sonoras y, en ese momento, estaba recogiendo testimonios entre los vecinos de la zona.

"De alguna manera aquello fue llevar el teatro a Cañada", declara Alarcón, directora de 400 días sin luz. "Entonces no lo sabíamos, pero después sucedió el viaje de vuelta que, de alguna manera, ha sido traer Cañada al teatro con este montaje".

"El valor de poder tener voces reales que cuentan esta ficción es lo que le da un valor especial y único a la propuesta"

El texto, insiste, no es teatro documental, sino una ficción con referente real: "Todo lo que se cuenta a nivel datos, sucesos que han acontecido, encuentros con situaciones de políticos y demás es real, pero luego está ficcionada la historia de las vidas de las personas que hacen el viaje de 400 días sin luz es como la suma de muchos testimonios distintos".

Si algo tiene de especial esta obra es la presencia de tres vecinas entre el elenco de actores. Las tres participaron en Dramawalker y, para Alarcón, era fundamental incluirlas en 400 días sin luz para poder completar el viaje: "El valor de poder tener voces reales que cuentan esta ficción es lo que le da un valor especial y único a la propuesta".

"Estamos más unidas que nunca"

Rahma Hitach llegó a la Cañada Real en 2007 y allí construyó su vivienda. En el sector 5 han nacido sus tres hijos y allí pretende quedarse pase lo que pase. Es, además,  la presidenta de Amal, la Asociación de Mujeres Árabes Luchadoras, fundada en 2013 por mujeres de la Cañada Real para darse apoyo mutuo.

En estas dos décadas, Madrid ha ido acercándose a la Cañada. La ciudad, cada vez más dispersa y extendida, ha puesto su mirada en el hasta ahora olvidado sureste. El Cañaveral, Los Berrocales, Valdecarros… Nombres que hasta ahora definían campos baldíos han pasado a ser proyectos urbanísticos, nuevos PAU que limitan con la Cañada Real. Los vecinos ven detrás de estos desarrollos la verdadera causa de los cortes de luz.

La vida en la Cañada Real
La vida en la Cañada Real
JORGE PARÍS

"Nos rompieron bastante por el tema de falta de luz", declara, sentada junto a Khadija, con la que compartirá, a sus 42 años, su primera experiencia como actriz teatral a partir de este viernes.

Cuando se menciona el cultivo de marihuana y el tráfico de drogas, Rahma actúa como quien está acostumbrado a responder a menudo a la misma pregunta: "Bueno, Cañada es droga, Cañada es venta, pero la droga o la marihuana está en todo el mundo. ¿Quiénes somos nosotros para decir que esto aquí no? La solución no la tenemos en nuestras manos. No vamos a pagar por culpa de otros, digo yo…".

Con el paso de los meses, muchas familias, como la de Rahma, han ido adquiriendo, con sus propios medios, paneles solares para poder satisfacer sus necesidades básicas.

"Creo que pensaron que esta falta (de luz), que está afectando también ahora a los sectores 4 y 3 y 2, nos iba a hacer separarnos, pero es al revés, estamos ahora más unidas que nunca, todos los sectores. Estamos organizándonos, hay un contacto y la experiencia de uno le está sirviendo al otro, así que la red que hay es maravillosa".

"Van a suceder cosas"

Cada día es una odisea para Khadija y Rahma. Houda, la tercera de las tres actrices no profesionales que participa en la obra, tiene que llevarlas en coche. Khadija, además, tiene que hacer malabares para poder compaginar los ensayos por las tardes con sus clases de la carrera de odontología que está cursando con una beca en la Universidad de Comillas.

La entrevista termina pocos minutos antes de las 4. Las actrices tienen que prepararse para uno de los últimos ensayos antes de que empiecen las funciones.

- ¿Por qué creeis que es importante una obra sobre la Cañada Real?

-"Esta obra es como es (nuestra vida), es totalmente natural lo que vivimos día a día. Vamos a visibilizar todo lo que nos está pasando y sacarlo al mundo", responde Rahma.

- "Yo espero que venga mucha gente a ver la obra de teatro y que, a raíz de esto, algo cambie y si no, pues bueno, que por lo menos la gente sepa en qué situación estamos", declara Khadija. "Tengo muchísima esperanza de que, tras esta obra, van a suceder cosas".

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