Diego Carcedo  Periodista
OPINIÓN

Lo que sabemos y lo que entendemos

Manifestación convocada por la organización Escuela de Todos en Barcelona el pasado domingo.
Manifestación convocada por la organización Escuela de Todos en Barcelona el pasado domingo.
DAVID OLLER / EP

Cada vez sabemos más y entendemos menos. Lo decía nada menos que Einstein, pero aquí en España es algo que comprobamos cada mañana cuando los medios de comunicación nos informan de las noticias más relevantes de la política nacional, autonómica y hasta municipal si me apuran. Nos enteramos muy bien de lo que ocurre tanto si lo protagoniza el Gobierno, la oposición o el simple sufrido pueblo llano que con tanta frecuencia pasa de ambos.

Sigo con interés, y es sólo un ejemplo, los avatares de las pretensiones independentistas de muchos catalanes entre los cuales estoy seguro que habrá personas de buen nivel cultural, intelectual, económico, cultural y sensatez en otros los aspectos de la vida. Y algunas veces me pregunto lo que los más sensatos pensarán:  qué pasaría en una Cataluña independiente gobernada por los políticos que lo intentaron y ahora se muestran incapaces en ponerse de acuerdo tan siquiera en la celebración tradicional de la Diada.

Y qué decir de los millares de padres que, víctimas de su fanatismo, se oponen a que sus hijos aprovechen la oportunidad de aprender correctamente el idioma castellano – sin tener que renunciar al catalán, por supuesto-, una de las lenguas más importantes del mundo. Vivimos un tiempo en el que prima dominar otros idiomas además del materno. El castellano es el segundo idioma más estudiado y mejor cotizado profesionalmente, después del inglés, en el mundo.

Algunas veces, recordando con la mayor admiración y gratitud los intentos de mi padre, un antiguo emigrante a América, para que aprendiese inglés, me pregunto qué pensarán esos hijos, cuando en su vida profesional, social o turística muchos jóvenes perciban que , habiendo tenido la posibilidad de aprender un idioma universal con tantas salidas y ventajas como el español, sus padres optaron por la satisfacción de su nacionalismo trasnochado e irracional de que sus hijos aprovechasen la posibilidad de enriquecerse con el conocimiento de un idioma que lejos de causarles perjuicios, podría proporcionales más oportunidades de triunfar en la vida.

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