Un día en la Asociación Nacional de Amigos de los Animales: "En 30 años hemos ayudado a casi 40.000 perros y gatos de toda España"

Instalaciones ANAA
Instalaciones ANAA
Jorge París
Instalaciones ANAA
Un día en la Asociación Nacional de Amigos de los Animales
JORGE PARÍS

Toda visita a una protectora de animales tiene como banda sonora un coro de ladridos. La Asociación Nacional de Amigos de los Animales (ANAA), protectora que celebra este año su treinta aniversario habiendo ayudado a 40.000 perros y gatos de toda España (y a veces otras especies como conejos o cerdos vietnamitas, que de todo se abandona), no es una excepción. Un buen puñado de los 150 perros que alberga dan la voz de alarma, alguien extraño se acerca a la que es su casa ahora y todo el tiempo que necesiten.  

Es lunes y los trabajadores atienden a los animales; los veterinarios llevan a cabo sus revisiones y las dos personas encargadas de las tareas administrativas teclean por el bien de los animales. La furgoneta de una gestora de colonias felinas está cargando pienso. Calma chicha. 

"Hay una diferencia brutal respecto a un sábado, repleto de potenciales adoptantes que han venido con cita previa y de voluntarios. Algún voluntario viene entre semana, pero la mayoría se concentran el día de las adopciones. El sábado es como un festival", cuenta Pilar del Cañizo, presidenta de ANAA desde su fundación.  

¿Cómo es el día a día en esta protectora de animales? "Por un lado está el funcionamiento interno de la acogida de los animales que llegan y luego lo que es el mantenimiento del centro: alimentar, limpiar, sacar a los perros a hacer ejercicio a los patios dos veces al día, las revisiones veterinarias que toquen..", enumera del Cañizo, recalcando que los quirófanos están siempre a tope, todos los días.

Una de las veterinarias de ANAA en plena labor.
Una de las veterinarias de ANAA en plena labor.
Jorge París

"Cuando entra un animal  hacemos una revisión general, se extrae sangre para hacer todas las pruebas necesarias, se les desparasita interna y externamente y, si procede, se les pone el microchip. Eso de primeras. Luego ya se sigue con la pauta de vacunación, la esterilización o lo que toque", explica la presidenta de ANAA. 

Tanta necesidad de servicios veterinarios a diario fue lo que impulsó la contratación de su propio personal y la instalación de consultas y quirófanos. Una inversión que merece la pena, por mucho que haya clínicas amigas que hagan precio a las entidades de protección animal, "las facturas eran monumentales".  

"El equipo de veterinarios se reúne todas las mañanas para organizar el día. Hay tres veterinarios en el albergue y dos en la clínica", cuenta del Cañizo. También están contratados guardeses, administrativos y una persona de mantenimiento. "Cuando empezamos hace 30 años todo era voluntariado, pero es que esto es un compromiso de 365 días al año. Nuestro objetivo era profesionalizarnos, porque para funcionar bien no queda más remedio".

Los perros han callado y se hacen oír los maullidos. Varios cachorros de gato esperan aislados su turno para recibir atención veterinaria. "Ahora hay que testarlos para ver si están sanitos". Vienen de una colonia felina. Su madre no es sociable, pero los cachorros son recuperables y pueden lograr buenos hogares. La calle no es un entorno amigable para estos animales, por mucho que exista la creencia de que saben buscarse la vida.  La esperanza de vida de un gato en la calle es de entre 2 y 5 años de media.

Gatitos en cuarentena.
Gatitos en cuarentena.
Jorge París

Las instalaciones de los gatos, con acceso al exterior en todos los casos y que se limpian a diario, están alejadas de las de los perros. Se busca la tranquilidad de unos animales para los que su entorno es muy importante y que acusan mucho el estrés; unos animales en los que la división entre aquellos que están sanos o son portadores de las contagiosas inmunodeficiencia o leucemia felina es vital. 

Gateras
Una de las gateras con un grupo de gatos llegados de Guadalajara.
Jorge París

En cada una de las gateras están identificados, con foto y nombre, todos sus ocupantes. La organización fácil y visible es una constante en todo el centro.

Es el resultado del trabajo duro de treinta años "con corazón pero también con cabeza", como siempre defiende Irene Herrero, veterana trabajadora y portavoz de la protectora. Treinta años de aprendizaje que hacen de este entidad una enseña de la protección animal en España, de cómo es en otros países de nuestro entorno.  Por eso también forman a otras protectoras, a todo aquel que llame a su puerta pidiendo ayuda.      

"Hemos enseñado el proyecto cincuenta veces. No es preciso inventar la rueda continuamente; lo que nosotros hayamos aprendido, lo decimos", corrobora Pilar del Cañizo, "igual que con ANAA Educa, el programa de educación y visitas de colegios, que también hemos pasado el material a otras asociaciones". "Es lo mismo que digo siempre en la Comunidad", continúa la presidenta de ANAA, "está bien delegar en los ayuntamientos, pero dadles el material unificado. Que no sea cada Ayuntamiento, el de 50.000 y el de 2.000 habitantes, el que tenga que inventar de cero su material, dádselo hecho y que luego lo modifiquen y pongan su logotipo abajo".

El panel de organización de cheniles y sus ocupantes, cuyo comportamiento está señalado con un código de colores.
El panel de organización de cheniles y sus ocupantes, cuyo comportamiento está señalado con un código de colores.
Jorge París

El treinta aniversario de la protectora llega con la pandemia reciente. Los trabajadores de la protectora no interrumpieron su labor, eran esenciales. Pilar del Cañizo cuenta que no apreciaron un repunte apreciable de adopciones, "un piquito solo", y que siguieron recogiendo animales, "pero bajaron las entradas bastante, habrá muchos que no se habrán podido salvar porque no había gente en las calles para encontrárselos".   "Para nosotros fue más grave Filomena, porque no podíamos llegar hasta los animales, menos mal que hubo gente que pudo venir caminando. Patinando mejor dicho. Una locura", añade.  

Frío no pasaron los cuadrúpedos del refugio. Los cheniles cuentan con suelo radiante, una inversión que acometieron para reducir la factura astronómica de las estufas de gas y mejorar el bienestar de los animales. Cheniles en los que hay uno o varios ocupantes: "cuando llega un perro valoramos el carácter para ver dónde encaja, las presentaciones con sus compañeros se hacen en el patio de tierra". 

Todos los trabadores del refugio conocen bien a los perros y saben de educación y etología, imprescindible para el correcto funcionamiento del refugio: "Hay una formación continua, también de los voluntarios. Ahora además tenemos un convenio con unos educadores caninos que nos forman, se ocupan de los casos más difíciles y nos dan pautas", cuenta del Cañizo.

"Los problemas más habituales de los perros que llegan son los miedos", continúa, "animales muy tímidos por falta de socialización, algunos a los que han pegado o han estado en entornos complicados. Los problemas de socialización, suelen ser más con seres humanos que entre perros. Y más con hombres que con mujeres. De más de mil perros que cojamos al año, tal vez haya uno con una agresividad que no es controlable, muy pocos en total".

De esos más de mil perros, aproximadamente la mitad encuentran hogar en Alemania. Precisamente el viernes anterior tres voluntarios partieron en una furgoneta cargada de trasportines. "Tenemos que dar gracias a que tenemos esos viajes desde hace treinta años, ya tenemos acuerdos con 20 asociaciones".

En cada viaje llevan de media unos treinta perros y gatos. "Alemania llena de perros españoles" ríe Pilar, "están encantados con ellos porque son súper sociables con otros perros, pero es vergonzoso que tengamos que recurrir a otros países. Además es un esfuerzo importante personal y económico, pero nos permite acoger el doble de animales".

"Los problemas de socialización, suelen ser más con seres humanos que entre perros. Y más con hombres que con mujeres"
Un perro en uno de los patios.
Jorge París

¿Objetivos a futuro? Acaban de ampliar la gatera y quieren un equipo de rayos. "Tampoco queremos hacer crecer las instalaciones infinitamente, porque luego hay que mantenerlas. Hay un punto de inflexión tras el que si superas cierto número de animales, los costes se disparan y tampoco conviene sanitariamente. Ahora tenemos un coste estimado de siete euros al día por animal, incluyéndolo todo".  

Buñuelo saluda feliz, ajeno al coste diario que supone albergarlo. Irene Herrero cuenta que vivía con una persona mayor en Cuenca que falleció y tenía síndrome de Diógenes. Es un perro anciano, que solo quiere afecto y descansar tranquilo, un caso difícil porque pocos adoptantes quieren animales ancianos. 

"Le estamos buscando acogida con el programa Yayos, nosotros asumimos los gastos pero queremos que pase sus últimos años en un hogar. Los yayos son perros súper fáciles, que duermen mucho, que pasean un poquito un ratito, y si tienen unos poquitos mimos ya están contentos, Buñuelo además estaba acostumbrado a estar en una vivienda, aunque no estuviera en las mejores condiciones, pero tenía cariño y compañía. Está sordo y es muy bueno, un buñuelo", sonríe Irene.

Pilar del Cañizo y Buñuelo
Pilar del Cañizo y Buñuelo

Terminamos la visita conociendo a otro de esos perros que también lo tienen complicado. "Helia es una perra muy buena con la gente. Con perros no es que sea mala, pero en momentos de estrés puede reaccionar un poco más fuerte. Tiene tres años y es bastante equilibrada, no es especialmente activa ni nerviosa", cuenta Irene Herrero.

Con animales como ella en la protectora trabajan la convivencia con otros perros y el uso del bozal, que tendrán que llevar puesto con frecuencia, son formas de intentar facilitar unas adopciones que son muy difíciles.  Para ellos también hay un programa especial de acogidas, "pero siempre hay más perros que familias".

Con la nueva ley de bienestar animal la categorización como potencialmente peligroso pasaría a depender de un test y no de la raza, por lo que tal vez adopciones como la de esta perra podrían ser facilitarse. "Es una medida que está muy bien, lo que pasa es que es un trabajo muy grande porque hay muchos animales de este estilo. ¿Quién va a ser el que esté testando a cada uno? A ver si resulta que vamos a pedir cita a todos a la vez y nos van a evaluar dentro de dos años", comenta Herrero con cierto escepticismo. Lleva treinta años viendo que la mayoría de los animales que llegan al refugio lo hacen sin chip, pese a ser obligatorio: "Todas esas medidas están fenomenal, pero tienes que asegurar que se pongan en práctica. Hoy mismo ha llegado un gato persa precioso, lleno de nudos, castrado, pero sin el chip. Tal vez sus dueños estén desesperados buscándolo".

"Otro problema de estos perros es que hay muchísima gente que los tiene sin la licencia obligatoria y cuando llegan perdidos, ni siquiera abandonados, perdidos a un centro de adopción no los intentan recuperar si no tienen chip porque saben que se exponen a una multa importante".

La responsabilidad individual, tanto o más que la de las administraciones públicas, se manifiesta fundamental para contribuir a frenar un problema de que a día de hoy y según los datos de Fundación Affinity se traduce en 286.000 perros y gatos abandonados cada año que acaban en protectoras como ANAA.

Perro en ANAA
Perro en ANAA
Jorge París
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