La lipidosis hepática felina, una enfermedad grave y muy común en gatos que es importante abordar a tiempo

Un gato en un transportín en el veterinario.
Un gato en un transportín en el veterinario.
Mimzy / PIXABAY
Un gato en un transportín en el veterinario.

Todo dueño de mascotas quiere lo mejor para sus peludos. Buscar la forma de proporcionarle a nuestros perros y gatos una vida feliz y sana es la meta de cualquier amante de los animales. Sin embargo, para ello, a veces nos falta un poco de formación ya que, no podemos conocer todos los peligros a los que nuestros pequeños pueden estar expuestos, igual que nos ocurre a nosotros mismos. 

Lo que sí podemos hacer, al menos, es conocer las enfermedades o patologías más comunes y peligrosas, para saber evitarlas y abordarlas a tiempo. Es por eso que hablamos con Sònia Sáez, veterinaria y Brand Manager de Purina Corporativo, sobre la lipidosis hepática felina, una enfermedad grave bastante común en gatos, conocida popularmente como hígado graso.

"La lipidosis hepática es un síndrome resultante de una acumulación excesiva y patológica de lípidos dentro del hígado. Cuando éste está saturado por la acumulación de grasas, no puede realizar su función de manera adecuada y, por tanto, las sustancias tóxicas se acumulan pudiendo provocar problemas neurológicos tan graves que llegan a causar la muerte del animal", detalla la veterinaria.

Cómo detectarla y tratarla

Según Sáez, lo primero que notamos cuando nuestro gato está enfermo es que deja de comer. "Mientras que algunos perros podrían llegar a estar un día sin comer, en los gatos no es así y debemos acudir de manera inmediata al veterinario porque su vida puede estar en riesgo", advierte.

"El gato con lipidosis hepática suele presentar ictericia (tono amarillento en piel y mucosas como encías, cara interna de los labios, ojos, etc.), signos gastrointestinales como diarrea o vómitos, deshidratación, debilidad, apatía y, en casos más avanzados, signos neurológicos", explica.

Aunque se trata de una enfermedad muy grave que no siempre tiene un buen pronóstico, Sáez asegura que si se diagnostica a tiempo y se aplica el tratamiento adecuado, puede llegar a curarse: "Cada caso debe abordarse de manera individual, según los síntomas, gravedad y la condición del gato, pero normalmente el animal requerirá de hospitalización, terapia con fluidos para recuperar la hidratación y asegurar la ingesta de alimento".

"Llegados a este punto, suele ser necesario alimentar el gato por sonda para conseguir un manejo nutricional adecuado. Una correcta evolución llevará a que el animal poco a poco pueda comer por sí solo alimento sólido, en pequeñas porciones y varias veces al día, de manera que el hígado recupere su funcionalidad paulatinamente", detalla la veterinaria.

Y, ¿podemos hacer algo para evitar que mi gato enferme de lipidosis hepática? La respuesta es clara: hay que asegurarse de que el felino tenga una vida sana. "Se recomienda que el animal mantenga una condición corporal adecuada, porque la obesidad suele provocar una acumulación excesiva de lípidos, lo que puede desarrollar la enfermedad", expresa Sáez.

"Debemos evitar situaciones que estresen a nuestro gato, dado que el estrés es una de las primeras causas por las que el animal no quiere ingerir alimentos. Si el animal presenta dolor u otras enfermedades también puede dejar de comer, provocando alteraciones hepáticas como la lipidosis. Por esto es muy importante acudir a la revisión periódica al veterinario para asegurar un diagnóstico precoz de patologías incipientes", concluye la veterinaria.

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