Obligados a ir a la oficina con COVID: "Si puedes teletrabajar, puedes trabajar presencialmente"

Una trabajadora de la Oficina del Empleador protegida con mascarilla y con una pantalla separadora en su mesa
Una trabajadora de la Oficina del Empleador protegida con mascarilla y con una pantalla separadora en su mesa
EUROPA PRESS / Marta Fernández Jara
Trabajadores sin mascarilla en una oficina.
Atlas

Decía Charles Chaplin que una sonrisa enriquece a quien la recibe sin empobrecer a quien la ofrece. Los españoles son, según este pensamiento, un poco más prósperos desde este miércoles. Con la retirada de la mascarilla obligatoria en interiores tras casi dos años, han recuperado la posibilidad de coleccionar de nuevo estos gestos y atesorar con ellos pequeñas fortunas. Sin embargo, no todo son ventajas. La eliminación de esta protección y de los aislamientos en casos leves de COVID ha redundado en que algunas personas deban ir contagiadas a trabajar, con el consiguiente riesgo para sus compañeros.

En esta circunstancia se encuentra Lorena, que trabaja en una empresa que presta servicio a las administraciones públicas y prefiere no revelar su nombre real. Descubrió su contagio el martes y ha estado en casa con fiebre desde entonces a la espera de que su médico de cabecera le tramite la baja. Su preocupación es lo que ocurrirá cuando "pasen los síntomas fuertes" y reciba el alta: tendrá que reincorporarse presencialmente a su puesto, aunque siga siendo positiva, pues su compañía no ofrece la opción de trabajar en remoto.

"En el confinamiento hubo teletrabajo total, después lo redujeron a solo un par de días a la semana y finalmente lo eliminaron por completo. No obstante, lo permitían si te contagiabas, no así si había un positivo en tu familia. Ahora ya ni eso. Van siempre con los mínimos que marca la ley. Si no les obligan a algo, no lo hacen", se lamenta, que ve en las compañías a los máximos responsables de esta situación.

De momento, no hay alternativa. "Si me dan el alta el viernes, me tocará ir a trabajar, aunque yo preferiría hacerlo en remoto. Incluso mi jefa me ha dicho que ella opina lo mismo", dice resignada, antes de añadir que entre los compañeros existe cierto recelo cuando acude alguien contagiado, pues preferirían que se quedase en su casa. "Te miran como un apestado culpable por salir de fiesta", dice, aunque aclara que se contagió en una visita a dos niñas pequeñas. 

El único consuelo que le resta a Lorena es que su empresa sí ha mantenido la mascarilla obligatoria, aunque lo considera insuficiente. "Son quirúrgicas y me tiro ocho horas con otra persona al lado", apunta.

Esta situación se produce después de que, el pasado 28 de marzo, el Gobierno eliminase el aislamiento de los positivos leves o asintomáticos en su nueva estrategia frente a la COVID. Ahora, aunque el documento recomienda a estos contagiados llevar la mascarilla hasta diez días después del diagnóstico y el Ejecutivo aconseja que los infectados teletrabajen, la retirada de esta protección en interiores puede provocar que asistan a su puesto sin ella y expongan a sus compañeros.

"En el confinamiento hubo teletrabajo, ahora ni un día. Las empresas van siempre con los mínimos que marca la ley. Si no les obligan a algo, no lo hacen"

En estos momentos, no existe obligación de ofrecer a los empleados la posibilidad de teletrabajar en la legislación, explica UGT a 20minutos. En el caso de que la compañía no habilite esta alternativa, "deberían adoptarse medidas preventivas como ventilación cruzada, distancia de un metro y medio, higiene constante de las zonas comunes y dotar de mascarillas a todos". 

"Si puedes teletrabajar, puedes trabajar presencialmente"

En una coyuntura similar se encuentra Marina, también un nombre ficticio. Empleada en una aseguradora, está pendiente del resultado del test de antígenos, pero lleva varios días con mocos, cansancio y algo de tos, los mismos síntomas que experimentó cuando se contagió de coronavirus por primera vez hace unos meses. 

En su caso, la modalidad elegida por su compañía es trabajo en remoto los tres primeros días de la semana y presencialmente los dos últimos. De este modo, si resulta positiva y no consigue un justificante del facultativo porque sus síntomas no son lo suficientemente graves, tendrá que acudir a su puesto este jueves. "No hay ninguna opción. Para no ir, tiene que ser por una baja médica", resalta, y cuestiona la excesiva rigidez de algunos facultativos, algo con lo que coincide Lorena.

"Según la empresa, si puedes teletrabajar, puedes trabajar presencialmente", se desespera. Sin embargo, no es la única en su compañía con esta intranquilidad: "Yo tengo un bebé que no llega al año y no tiene las defensas de un adulto o de un niño de más edad, ¿qué pasa si se contagia? Algunos empleados también tienen hijos y otros son mayores... Ellos también están preocupados".

"Según la empresa, si puedes teletrabajar, puedes trabajar presencialmente"

Su inquietud se incrementa, además, por el tipo de edificio donde trabaja: una construcción moderna y acristalada en la que no es posible abrir las ventanas para ventilar. "Hay más de mil personas trabajando en la empresa, aunque sea en varias plantas. Y, si bien es cierto que hay mamparas, estamos muy cerca. Además, nos reunimos en grupitos pequeños, por lo que es imposible mantener la distancia con el resto de empleados", recalca.

Más medidas que la mascarilla

Sobre las medidas que deben respetar los lugares de trabajo, se pronuncia Ángela Domínguez, coordinadora del Grupo de vacunación de la Sociedad Española de Epidemiología. "Mantener la distancia y la higiene de manos, ventilar el espacio y estar vacunado" son algunas de las claves para evitar que se disparen los contagios tras la eliminación de la mascarilla obligatoria en interiores. "Si todo esto no se da, probablemente sería conveniente llevarla, sobre todo si la persona está inmunodeprimida, embarazada o tiene más de 60 años", subraya.

La epidemióloga hace referencia también a la obligación de acudir al trabajo contagiado: "En principio, como en cualquier enfermedad, si una persona está enferma, mejor que no vaya, sobre todo en la fase aguda. Si tiene muy pocos síntomas o no tiene y ha dado positivo, puede acudir, pero es importante que lleve la mascarilla y respete el resto de las medidas".

En cuanto a la posibilidad de que aumenten los casos después de la retirada de las mascarillas en espacios cerrados, explica que al eliminar un elemento de protección, "si todo lo demás permanece igual, es de esperar que haya mas circulación del virus, mas transmisión". No obstante, recalca que el hecho de que este elemento ya no sea obligatorio no significa que no se pueda utilizar y destaca que las comunidades autónomas acordaron con el Gobierno revisar la situación, por lo que podría volver a imponerse, aunque espera que no sea necesario.

¿Qué mascarilla llevar?

A pesar de que es "muy difícil" cuantificar cuál es el papel que juegan las mascarillas para evitar los contagios, señala Domínguez, utilizar un tipo u otro varía la transmisión. Así lo ha demostrado un estudio de la Conferencia Americana de Higienistas Industriales Gubernamentales (ACGIH, por sus siglas en inglés), que calculó el tiempo necesario para infectarse en un espacio cerrado y sin ventilación.

"Al eliminar la mascarilla, si todo lo demás permanece igual, es de esperar que haya mas circulación del virus, mas transmisión"

El análisis concluyó que, en presencia de un positivo, otra persona puede contagiarse en 15 minutos si ninguno de los dos lleva mascarilla. Los tiempos cambian en función del tipo y de quién la usa y llegan hasta las 25 horas cuando ambos emplean una FFP2. Una vez eliminadas estas protecciones, se descubren las sonrisas, pero hará falta estar sano para exhibirla. 

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