La órbita de Feijóo: Mar Sánchez y 'Los chicos de Alberto' que escribían sus discursos jugando a la Play

Alberto Núñez Feijóo, el pasado viernes en Valencia.
Alberto Núñez Feijóo, el pasado viernes en Valencia.
Ángel Ortiz

Alberto Núñez Feijóo tuvo un despertar kafkiano la mañana del pasado 24 de febrero. No se levantó transfigurado en una cucaracha como Gregor Samsa, pero al palparse el pecho, todavía aceitoso de los óleos con los que fue ungido la noche anterior, recordaría que había comenzado su proceso de mutación. De aclamado cónsul gallego al complicado mandato de los barones de reconstruir el PP. Uno a uno se lo pidieron y juntos llamaron a Esteban González Pons, que cogió el teléfono en la frontera entre Polonia y Bielorrusia y aceptó presidir el comité encargado de organizar un congreso exprés. 

"Con esto el Partido Popular hace un all in: esto es todo lo que hay, como en el póquer. Es el mejor, estaba guardado ahí en un cajón, pero hay que sacarlo ya", expone un estrecho asesor de Feijóo. Un miembro de un reducido círculo de fieles colaboradores fraguado entre 2006 y 2009, los años del Feijóo como líder de la oposición en Galicia. Mar Sánchez, Álvaro Pérez, Marta Varela, Luis de la Matta, Lucas Martinón, Miguel Tellado, Pedro Puy, Alfonso Rueda, Paco Conde. Las personas que han intentado alejar a Feijóo todos estos años del 'síndrome de Monte Pío', la miopía del poder que dicen que distorsiona la realidad de quien ocupa la presidencia de la Xunta. 

"Sepa usted que se marcha en contra de mi criterio", le dijo Manuel Fraga a Feijóo en 1996, cuando José María Aznar nombró ministro a Romay Beccaría y éste le sacó el billete destino Madrid al todavía Alberto Núñez, nuevo director del Insalud. No partían los dos solos: la expedición la completaba la periodista coruñesa Mar Sánchez Sierra, que había sido redactora en La Voz de Galicia antes de pasar a la administración gallega. Comenzaron entonces a trabajar juntos, pero la relación no se intensifica hasta el año 2000, cuando Feijóo alcanza la presidencia de Correos y la nombra directora de comunicación. 

Mar Sánchez, la más antigua de sus colaboradoras, es la cúspide de un gabinete sin spin doctor, sin los Iván Redondo ni los Miguel Ángel Rodríguez que nos dispara la memoria reciente. De ser alguien, aunque se haya dicho de ella hasta que es una "vicepresidenta en la sombra", Sánchez Sierra sería lo que Alfred a Bruce Wayne. Un sunsurcorda de cuyos consejos se explican aristas que hilvanan el paso del Feijóo gestor al Feijóo político. Sánchez es la secretaria general de medios de la Xunta desde 2012 y su papel en el ala noble de Génova será fundamental.

Dicen que todavía no se sabe quién filtró el primer gobierno de Feijóo en 2009. Que sea un dato relevante es el ejemplo perfecto de que en el equipo que capitanea Mar Sánchez no hay fugas. Feijóo tendrá que lidiar con una vida madrileña con más periodistas, con más expectación, con más ganas de quincallear. La noche del cónclave, la de los óleos, la prensa publicaba simultáneamente cuanto pasaba dentro de la reunión. "¿Creéis que así se puede trabajar?", se quejó Feijóo a sus homólogos, según publicó El Mundo, acostumbrado a un mayor hermetismo.

Ideas jugando al Pro Evolution Soccer

Recién tomado el testigo de Fraga y aún desconocido para muchos gallegos, los años de oposición al socialista Emilio Pérez Touriño fueron duros. Pero Feijóo quemó plazos y consiguió en una legislatura lo que muchos esperaban que, como mínimo, durara dos. Apolillado entonces por los años del fraguismo, que había envejecido en la victoria como el Milán de principios de siglo, Feijóo rejuveneció la tramoya del PP de Galicia. 

Feijóo y Mar Sánchez crearon un equipo nutrido por periodistas jóvenes, veinteañeros, que cubrían la actualidad del partido. En febrero de 2008, el portavoz popular Manuel Ruiz Rivas, tras una refriega parlamentaria a cuenta de un acto violento contra María San Gil, los bautizó en privado como 'Los chicos de Alberto'. Eran Lucas Martinón y Luis de la Matta. Pero también estaban ya Marta Varela o Álvaro Pérez, el actual secretario general de presidencia cuya peculiaridad es la de no ser periodista.

Sorprende que el discurso del presidente de la Xunta, asociado ahora a una veteranía que transmitir casi por ósmosis a los cuadros del partido, haya sido escrito por jóvenes reclutados a los 25 años. "Combinábamos un poco la vida laboral con las inquietudes propias de los 25 años: la redacción de discursos con los partidos al Pro [Evolution Soccer] de madrugada. Esos partidos los jugábamos comentando la actualidad política, escribiendo cosas con el ordenador delante", cuenta uno de los asesores del presidente gallego. "Te puede surgir una idea buena en un avión o en cualquier sitio. Yo dormía con una libreta en la mesilla por si se me ocurría algo. El entorno mediático era muy complicado, era muy difícil entrar en los medios y que nos hicieran caso. Todo el mundo nos preveía una etapa de desierto prolongada. No era fácil".

Lucas Martinón, un tipo creativo que había sido el más importante de los speechwriters del presidente gallego, se marchó voluntariamente en noviembre de 2020 en busca de nuevos retos. "Juntos vivimos la sucesión en el PP de Galicia y casi cuatro años de oposición muy interesantes. Y en el ámbito del partido dirigió las cuatro campañas autonómicas parece que con éxito", lo despidió Feijóo, emocionado. Cuenta José Luis Jiménez, periodista de ABC en Galicia, que aconsejó a su jefe no repetir en las elecciones de 2016 y que seguramente le hubiera gustado acometer el viaje a Madrid en 2018, que Feijóo aquel día hubiera leído el otro discurso preparado. Pero el próximo líder del PP, aseguran, tamiza concienzudamente las ideas de su órbita antes de replicarlas.

"Él coge las ideas buenas, porque también tenemos las malas"

"Tenemos la suerte de que él coge las ideas buenas, porque también tenemos las malas", sostienen desde el equipo, restando importancia a la longevidad del sanedrín. "El que triunfa es el candidato, porque el bueno es él, que tiene el aplomo para trasladar las ideas de una forma eficaz y es el que define la línea. Nosotros no lo haríamos igual con otro candidato", exponen, habida cuenta "de la mística en torno a algunos personajes y asesores políticos, pero no: tú no coges a cualquiera y lo haces bueno; y uno bueno que coge a cualquiera sí".

Marta Varela, directora de gabinete y la única nacida en una aldea de Galicia como Feijóo, es quien escribe ahora los discursos del próximo líder del PP. Suyo es el que pronunció en el Multiusos Fontes do Sar de Santiago para anunciar su candidatura y suyos son los que Feijóo emite estos días de gira con la cadndiatura bajo el lema 'Preparados'. 

El secretario general de presidencia, Álvaro Pérez, encargado de pilotar la parte legal, también forma parte de este primer círculo de confianza. Pérez dirigió el gabinete del presidente del presidente de la Xunta hasta el año pasado como su hermano Antón Pérez-Lema, curiosamente, hizo con Anxo Quintana, vicepresidente del BNG en el gobierno de Touriño. Al igual que hay que destacar la importancia de Miguel Tellado, secretario general del PP gallego y su 'fontanero' dentro del aparato del partido, con un discurso más canchero que el resto.

El melón de la sucesión

De Paco Conde, vicepresidente segundo y conselleiro de Economía de la Xunta, siempre se destaca una condición: su amistad personal con Feijóo. Asesor en materia económica del presidente, comparten camino desde su etapa al frente de Correos. Han trabajado juntos en Madrid y en Santiago y, aunque suena como candidato a la sucesión, lo hace con menos fuerza que Alfonso Rueda y Pedro Puy.

Puy Fraga, porque el portavoz del PP en el parlamento gallego es sobrino de don Manuel Fraga Iribarne. Muchos lo ven como un perfil más presidenciable que Rueda, sin embargo, su influencia en los cuadros del partido es menor que la del vicepresidente primero. Si bien ocupó cargos de responsabilidad bajo los gobiernos de su tío, Puy apoyó a Feijóo desde el primer momento cuando Fraga movía su maquinaria en favor de José Manuel Barreiro. Algo que no se olvida.

Y por último, el primero en todas las quinielas para ser quien desenvaine la espada de la roca: el vicepresidente primero, Alfonso Rueda, el único superviviente junto a la conselleira Rosa Quintana de la primera Xunta de 2009.

Su más fiel escudero en lo más institucional de la política. De hecho, si hay algo que puede frenar su ascenso es que Feijóo lo requiera para la capital. La transición ha de ser inmediata y su sombra será alargada. Porque Feijóo prepara las guarniciones para el ruido de Madrid.

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