Rocío Nieto: "Si regulamos la prostitución nos convertiremos en un mundo en el que todo vale"

Rocío Nieto, fundadora y presidenta de Apramp.
Rocío Nieto, fundadora y presidenta de Apramp.
Elena Buenavista
Rocío Nieto, fundadora y presidenta de Apramp.

"Nos estáis obligando a trabajar más", afirma con humor Rocío Nieto al otro lado del teléfono después de recibir el Premio Avanzadoras que conceden anualmente 20minutos e Oxfam Intermón. La asociación que fundó y que preside ha recibido numerosas distinciones desde su creación y eso para ella supone un reconocimiento a que su trabajo sirve y un impulso para seguir en la misma línea: la lucha contra la trata y la ayuda integral a quienes la sufren.  

Rocío lleva media vida dedicada a combatir la prostitución y la explotación sexual. En 1985 comenzó a acercarse a las víctimas y a intervenir in-situ en los lugares en los que se encontraban. Cuatro años después constituía Apramp, la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida, y desde entonces con ella ha ayudado a miles a salir de la esclavitud. Una esclavitud que, lejos de cesar, empeoró durante los peores momentos del confinamiento domiciliario al que obligó el coronavirus

¿Cómo se siente al haber sido propuesta para el premio por una de las mujeres a las que ha ayudado Apramp? Son mujeres a las que aprecio y quiero. He estado mucho tiempo con ellas, formándolas… y para mí la mayor satisfacción tras casi 40 años de trabajo es ver lo mucho que han cambiado sus vidas desde que llegaron a Apramp. Vinieron en situaciones de esclavitud y se han ido recuperando con mucha fuerza. Son unas avanzadoras, como dice el premio de 20minutos y Oxfam Intermón. Cuentan que les he dado mucho pero ellas me han dado mucho más. Me han enseñado tanto...

Ella además forma parte del grupo de Supervivientes. Sí, es la tarea más difícil de Apramp porque arriesgan sus vidas. Entran en clubs, polígonos, pisos... para contactar con quienes están sufriendo lo que ellas sufrieron. Reciben los reproches de los proxenetas y los demandantes, que se sienten libres de coger a una mujer y, pagando, hacerle lo que quieran.

¿Cómo surgió Apramp? Yo soy trabajadora social y entré en este mundo porque no podía permitir que un niño estuviese esperando en un pasillo hasta que su madre terminaba de hacer un servicio. Había que intervenir socialmente desde dentro y empecé a hablar con ellas. Quería saber las dificultades que tenían. Casi todas eran historias de malos tratos, de drogadicción, de mujeres que no podían ser libres porque sus maridos las obligaban a prostituirse. Ellas me propusieron entonces que trabajáramos juntas, que era lo que yo quería, y así comenzamos, sin presupuesto.

¿Cuál es su filosofía? Mi compromiso es hacer el proyecto desde la base, no desde el tejado. Y es un proyecto en el que tienes que creer y estar cerca de ellas, porque no sabrás lo que demandan si no forman parte de ese equipo. Lo que he hecho toda mi vida ha sido llamar a todas las puertas. Con insistencia, creyendo en lo que haces y yendo con ellas de la mano consigues abrirlas.

rocío nieto

  • Trabajadora Social, pionera en la lucha contra la prostitución y la trata con fines de explotación sexual, en 1985 empezó a acercarse a mujeres en situación de prostitución. En 1989 fundó oficialmente Apramp, que desde entonces ha acompañado a miles de víctimas hacia la inserción, ofreciéndoles alternativas integrales. Superados los 70 años, esta activista sigue peleando por los derechos de las mujeres, y tiene en su hija Rocío Mora, directora de la asociación, una digna heredera de su legado. 

¿Encontró muchas cerradas? Compañeros de mi marido le preguntaban por qué me dejaba trabajar en esto, cuando primero, no tiene por qué darme permiso. Él me ha ayudado muchísimo. La prostitución era un tema tabú hace 40 años. Sin embargo, el consumo estaba mejor visto. Yendo con algunas de estas mujeres viví una situación muy fuerte porque supuso un desprecio enorme: tomábamos café, a veces comíamos juntas… y en un bar me dijeron que yo podía pasar pero ellas no. Como esas sucedieron miles de cosas porque la sociedad tenía una doble moral. Y aún la tiene. Son mujeres ya recuperadas y tendrían que ser las portavoces de sus problemas pero si dan la cara va a quedar señalado por amigos o vecinos que fueron putas. Me duele muchísimo, porque son muy valientes.

¿Sigue existiendo estigma social? Sí. Gracias a la prensa se está viendo que no están en la prostitución porque quieren. Lo puedo asegurar por todo el mundo que conozco y por los ambientes en los que he estado. En la sociedad tiene que haber más humanidad, más cariño, más tacto, más compromiso. Ahora nos estamos volcando con la guerra y está muy bien porque es lo peor que puede suceder. Pero lo que estas mujeres pasan también es horrible. Son vendidas, obligadas a hacer de 10 a 15 servicios diarios, a veces consumiendo sustancias... La sociedad no puede ser cómplice de este problema. Contra la trata tenemos que estar todos.

Apramp también intenta sensibilizar a la población. Sí, nuestro taller de costura está a pie de calle porque la sociedad tiene que conocer este problema. Si no se asume que estas mujeres están en ello porque quieren. Es muy difícil para ellas denunciar al familiar o al novio que las ha traído engañadas. Sin una alternativa de libertad, de formación, de trabajo... no van a salir jamás de la trata y de la explotación.

¿Qué papel juegan los cuerpos y fuerzas de seguridad? Colaboramos estrechamente con la Policía Nacional y la Guardia Civil. Ha sido otro de nuestros avances. Interior, Exteriores, comunidades y ayuntamientos se han dado cuenta de que hay que trabajar coordinadamente, también con Fiscalía e Inmigración. Cuando estas mujeres deciden denunciar hay que orientarlas. A veces tienen que ir a juicio y enfrentarse con sus proxenetas y ahí tienen que contar con un buen fiscal. Igualmente sin los medios de comunicación y sin la sociedad una ONG no puede hacer nada. Son clave las alianzas.

¿Ha cambiado el perfil de las víctimas? Todo ha cambiado. Antes eran españolas y casi todas tenían familia. No tenían tantas necesidades como las mujeres y niñas que llegan ahora vendidas, a las que meten en un piso o un club y que son invisibles para la sociedad. También tenían un chulo, pero con otras características.

¿Y el demandante ha cambiado? También. Antes eran hombres de 50 o 60 años, que iban buscando lo que no podían hacer con sus mujeres. Ahora hay chavales muy jóvenes que buscan servicios por 10 euros, servicios que no son normales. Y exigen unas medidas, unas edades... Me da mucho miedo la pornografía. Con la redes se está convirtiendo en un peligro.

¿Es más fácil acceder a ella? Las redes son importantísimas porque han supuesto un gran avance pero han permitido que las usen menores y hay que tener mucho cuidado y trabajar en prevenir. Esa pornografía que están consumiendo da paso a la insatisfacción, porque lo que ven en ella a veces no es cierto.

Usted es una firme defensora de que exista una ley de trata. ¿Qué le parece la que está elaborando el Gobierno? Tiene que ser una ley abolicionista. Hay que penalizar todas las formas de proxenetismo y también al demandante, al putero. Si eso no se contempla en la ley no sirve para el trabajo tan duro que estamos haciendo. Esa ley tiene que hacerse porque el Estado se tiene que ver comprometido e intervenir en este grave delito y eso nos ayudaría a las ONG.

¿Hace un balance positivo de estos años? Totalmente. La demostración de la buena práctica de Apramp es que después han nacido muchas otras asociaciones y unidades de rescate. Se nos ha criticado pero seguimos adelante. Se ha dicho que queremos tener aisladas a las mujeres. Lo primero que hacemos cuando llegan al piso de acogida es decirles que no pueden usar el móvil para que los proxenetas no las localicen. Nos ha pasado y hemos tenido que avisar a la Policía. Las estamos protegiendo. Pueden llamar a la familia y para ello vamos a un locutorio. Tenemos que tener unos protocolos. Es la forma de que esto funcione.

¿Se puede acabar con esta lacra? Es muy difícil, pero hay que seguir luchando y no podemos regularlo. Sería muy grave que dentro de todas las profesiones, igual que aparece camarero, filósofo o médico, pudiese aparecer el epígrafe de prostituta. Por eso vamos a tender a abolirlo. Si no nos convertimos en un mundo en el que todo vale. No podemos permitir este delito internacional en pleno siglo XXI.

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