Los españoles sufren la mayor pérdida de poder adquisitivo en casi 20 años: 400 euros para un salario medio

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Las subidas de precios que se desataron el año pasado y todavía se prolongan el presente han asestado el mayor golpe al poder adquisitivo de los sueldos de los españoles en al menos 18 años. El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó el viernes que en 2021 los precios subieron en promedio un 3,1% en comparación con el año anterior, mientras que el Ministerio de Trabajo informó el lunes de que los salarios pactados en convenio solo crecieron un 1,5% en el mismo periodo. La evolución de estos indicadores en los meses más recientes ya apuntaba en esta dirección. 

La diferencia entre el alza de precios y la de salarios por convenio -que representan a la mayor parte de los trabajadores en España- es de 1,6 puntos porcentuales. Si se aplica este cálculo sobre el sueldo medio de un español (24.395,98 euros brutos en 2019) se obtiene que el asalariado promedio perdió un poder de compra de 390 euros por culpa de la inflación. Dicho de otra forma: casi 400 euros de su renta se evaporaron por el efecto de la subida de precios.

Nunca antes desde 2003 -el primer año de la serie actual del actual IPC- los precios habían subido tanto en comparación con los salarios. Hasta 2021 las mayores pérdidas de poder adquisitivo habían ocurrido en 2011 y 2012, los años más duros de la gran crisis económica iniciada en 2008.

Aunque es difícil precisarlo porque no todos los hogares consumen de la misma forma, los precios han subido de forma desigual a lo largo del territorio y no todos los trabajadores han logrado aumentos salariales similares, sí se puede decir que una buena parte del poder de compra que se ha perdido se ha ido a pagar una factura de la luz más cara. El gasto en electricidad ha sido el gran impulsor de la inflación, tras los carburantes y -especialmente a partir de diciembre- los alimentos.

"Sin duda en términos de poder adquisitivo es una pérdida importante, y en parte explica quizás la relativa debilidad del consumo", apunta Ángel Talavera, director de Economía Europea en la consultora Oxford Economics. "No es ningún efecto estadístico raro al que haya que quitar importancia", apunta, por su parte, María Jesús Fernández, economista sénior en Funcas. La experta sostiene que la subida de los precios frenará el consumo de los españoles, uno de los motores de la recuperación económica para los principales analistas. "Si te sube mucho la electricidad y no puedes dejar de consumir electricidad dejas de consumir otras cosas", explica.

La naturaleza importada de la inflación -el gas para producir electricidad y las materias primas que más se han encarecido se producen mayoritariamente fuera de España- es el causante de que el país se haya empobrecido en su conjunto. "Aquellos países que sean productores de materias primas, de productos energéticos saldrán ganando… los demás, los que somos importadores, somos todos más pobres", comenta Fernández.

¿Se recuperará algo de lo perdido este año?

La mayoría de análisis apuntan a que la inflación en 2022 será igual o incluso más elevada que el año pasado. Sin ir más lejos, el Banco de España pronosticó a finales de diciembre que los precios aumentarán un 3,7% en promedio este año frente al 3,1% registrado en 2021. Los expertos consultados coinciden en que es de esperar que a lo largo del presente ejercicio se logre recuperar algo de poder adquisitivo, pero no suficiente como para compensar las subidas de precios.

"En cuanto a los salarios de 2022, yo espero que suban más, en parte reflejando la inflación del 2021, pero de todas maneras es probable que no lleguen a compensar completamente toda la subida de inflación", opina Ángel Talavera. En la misma línea apunta María Jesús Fernández, de Funcas. "Creo que sí que va a haber una presión importante para que aumenten los salarios, aunque va a ser difícil que sea en la medida suficiente como para contrarrestar la pérdida del poder adquisitivo", señala.

Por el momento hay cierto consenso entre los expertos en que los precios irán disminuyendo a medida que avance el año, especialmente con la llegada de la primavera. No obstante, una inflación aún más prolongada de lo esperado agravaría la situación. "Si esta tasa de inflación que hemos visto en términos interanuales en el último mes [en diciembre fue del 6,5%] se consolida estamos hablando de un problema más grave de pérdida de poder adquisitivo", explica Javier Ferri, investigador de Fedea y profesor en la Universitat de Valencia. Aunque Ferri cree que la presión sobre los precios disminuirá, vaticina que probablemente "no volveremos a tasas tan bajas de inflación que hemos estado teniendo en los últimos seis o siete años pasados".

"La cuestión fundamental es si esto se alarga en el tiempo. Venimos de una situación en la que los salarios han estado mucho tiempo estancados, había inflación muy baja…", sostiene, por su parte, Vicent Borràs, sociólogo investigador en el Centre d’Estudis Sociològics sobre la Vida Quotidiana i el Treball (QUIT) de la Universidad de Barcelona (UAB).

Quiénes son los más perjudicados

Como ocurre a menudo, quienes menos margen de maniobra tienen para hacer frente a las subidas de precios son los más vulnerables. Un breve repaso a cómo han ido evolucionando algunas de las principales rentas en el siglo presente apunta a que aquellos que más poder adquisitivo han perdido han sido los parados y quienes dependen de las ayudas públicas para vivir.

Este es el caso, por ejemplo, de la última subida del salario mínimo (SMI). En 2021 el SMI pasó de 950 euros mensuales en 14 pagas a 965, un aumento del 1,6% que el alza de precios ha evaporado. Sin embargo, los importantes incrementos en el salario mínimo a partir de 2016 han provocado que, en comparación con la situación de hace unos años, estas rentas hayan ganado poder adquisitivo. Pese a ello, conviene recordar que el salario mínimo partía de una cuantía muy baja en comparación con el sueldo medio.

Para Javier Ferri no es difícil intuir quienes son los grandes perdedores de la subida de precios. "Si tenemos en cuenta que una parte importante de la inflación viene por la energía, y que las familias menos favorecidas tienen una proporción mayor de su gasto en la energía, está claro que las familias menos pudientes están siendo especialmente castigadas. Otra parte del castigo se traslada a los pequeños ahorradores, que tienen sus ahorros en cuentas corrientes y no llegan a un volumen de ahorro suficiente como para hacer grandes inversiones", explica.

"Los de la parte más baja se llevan la peor parte. Hay un efecto no redistributivo de la riqueza y estos son los grandes perdedores. El peligro de ahora es que hay muchísima gente formada con salarios bajos y esta es la gran trampa o la gran ruptura del ascensor social. Un trabajador en la SEAT en los años ochenta tenía proporcionalmente un nivel adquisitivo más elevado que su hijo, que es periodista", zanja Borràs.

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