"Ni agradecidos, ni pagados": la política altruista de la España rural

Ayuntamiento de Fuentelencina, Guadalajara.
Ayuntamiento de Fuentelencina, Guadalajara.
WIKIMEDIA COMMONS / Dapasa
Ayuntamiento de Fuentelencina, Guadalajara.

Todos los veranos de su infancia, Santos López, que ahora tiene 56, se montaba en el Seat 600 de sus padres y recorría los 40km que separan Guadalajara de Fuentelencina, el pueblo donde había nacido su abuela.

El viaje entonces tomaría bastante más de las escasa media hora que tarda en llegar hoy en día cada miércoles, cuando va a atender a los vecinos que quieran verle. López es funcionario en Guadalajara y también es el alcalde de Fuentelencina.

"Yo trabajo en Guadalajara y tengo casa ahí también, pero estoy a caballo entre Guadalajara y Fuentelencina", explica López, que lleva en el cargo desde 2015, después de ser teniente de alcalde durante 16 años.

Es uno de los casi 2.300 alcaldes que no reciben salario por su trabajo en toda España -cuatro de cada diez- y que ejercen su labor de forma altruista, compaginándola con sus trabajos o apoyándose en sus familiares para poder llegar a fin de mes.

"Nada, nunca hemos cobrado nada, ni el anterior alcalde, con el que estuve yo 16 años de teniente alcalde. Lo único que ha pagado el Ayuntamiento ha sido la comida de Navidad que comemos todos los concejales y el secretario, por lo demás, no hemos recibido ningún salario ni nada", explica López. "A lo mejor somos un poco gilipollas, a veces lo he pensado, porque luego ni agradecidos ni pagados".

Alcaldes "sin dedicación"

El Gobierno de Mariano Rajoy aprobó la última reforma sobre sueldos de cargos públicos municipales en 2013, estableciendo un límite según la población de la localidad y estableciendo tres tipos de categorías de alcaldes: los que tienen dedicación exclusiva, dedicación parcial y sin dedicación.

Los pueblos de menos de 1.000 habitantes son la norma en la despoblada meseta central -Fuentelencina tiene 320 personas empadronadas- y sus alcaldes están excluidos de la dedicación exclusiva. Eso hace que su sueldo solo pueda corresponder, de forma excepcional con una dedicación parcial si así lo aprueba el pleno municipal.

Santos López es alcalde de Fuentelencina, Guadalajara, desde 2015 tras 16 años como teniente de alcalde.
Santos López es alcalde de Fuentelencina, Guadalajara, desde 2015 tras 16 años como teniente de alcalde.
CEDIDA
"Lo hacemos a ratos libres o dedicando muchos esfuerzos por las tardes o los fines de semana, en los ratos que podemos y, cuando uno no puede, el otro se complementa"

López se estrenó como concejal en Fuentelencina con tan solo 24 años. "En mi pueblo se dieron circunstancias que los que había allí, no porque fueran de Fuerza Nueva, es que eran los más ignorantes que había", recuerda el alcalde manchego, cuya candidatura, inicialmente independiente y, posteriormente, en el PSOE, llegó a la alcaldía en 1999. "Y no es por dármelas, pero creo que el pueblo evolucionó enormemente en muchas cosas", asegura.

Su equipo de concejales también está formado por políticos no profesionales, con otras ocupaciones como el teniente de alcalde, que es cerrajero, y sus concejales, uno electricista, otro jubilado y una ama de casa.

"Lo hacemos a ratos libres o dedicando muchos esfuerzos por las tardes o los fines de semana, en los ratos que podemos y, cuando uno no puede, el otro se complementa", explica López, que lamenta que no siempre su esfuerzo es valorado por algunos vecinos. "Hemos hecho muchas cosas así, de esta manera, pero exige un esfuerzo y un trabajo y hay mucha gente que te dice: 'Si estás ahí es porque te interesa, algo sacarás'".

Un trabajo 24/7

Lucía Moya sale de la peluquería y se dispone a ir al Ayuntamiento de Chapinería, Comunidad de Madrid, el pueblo de donde es alcaldesa desde 2019. Tuvo que dejar de regentar su negocio, una papelería, para poder dedicarse a la ardua labor de dirigir esta corporación municipal, que gestiona un municipio de 2.240 habitantes y por la que no cobra ningún tipo de sueldo. Los vecinos le van parando por la calle para trasladarle una u otra cuestión. Ella se para y les atiende pacientemente.

"Ser alcaldesa es 24/7 y más en un municipio en el que nos conocemos todos", asegura Moya, en una conversación telefónica. "He salido de la peluquería hace una hora y todavía no he llegado al Ayuntamiento, con eso te lo digo todo. Pensaba atender ahí tu llamada, pero no he podido llegar".

Tras varias legislaturas como concejala de la oposición, Moya encabezó la lista de la candidatura Independientes por Chapinería en 2019 y se hizo con la alcaldía, con una mayoría simple en el pleno. En la Comunidad de Madrid, los plenos municipales de pueblos de más de 1.000 habitantes también tienen que aprobar que los alcaldes cobren un sueldo y el resto de grupos no están dispuestos a hacerlo sin obtener algo a cambio en Chapinería.

Lucía Moya se hizo con la alcaldía de Chapinería al frente de una candidatura independiente en 2019.
Lucía Moya se hizo con la alcaldía de Chapinería al frente de una candidatura independiente en 2019.
CEDIDA
"No estoy de acuerdo con que a una persona que esté trabajando no se le pague un sueldo, me parece un maltrato"

"A mi me motivan muchas cosas para ser alcaldesa de mi municipio, pero no estoy de acuerdo con que a una persona que esté trabajando no se le pague un sueldo, me parece un maltrato", declara Moya. "Los acuerdos a los que quieren llegar los otros grupos son inasumibles. Yo no voy a hacer política a cualquier precio, nosotros tenemos nuestros principios, nuestra ética, no voy a vender mi alma al diablo".

En sus dos años como alcaldesa ha tenido que afrontar retos impensables cuando asumió el cargo. Un asesinato golpeó al pueblo en junio de 2020, el temporal Filomena dejó al municipio paralizado durante una semana y la pandemia hizo estragos como en toda la región.

Todo este tiempo, ha acudido cada día al Ayuntamiento a las 8 de la mañana y se ha reunido con su equipo de cinco concejalas por las tardes. Mientras, su hijo se ha hecho cargo de la papelería. "Estamos sobreviviendo como podemos, pero, o haces bien tu trabajo o no lo haces, no hay otra. Y la única forma de hacer bien un trabajo es dedicándote a él, si estás en otro puesto, difícilmente puedes".

Apoyo comunitario

En el confinamiento, los 360 vecinos de Oliete, Teruel, se organizaron con los medios que puso el Ayuntamiento a su disposición para llevar la compra a casa de los vecinos más vulnerables o para desinfectar las calles. Es una forma de funcionar que conocen bien, lo llaman "trabajar a zofra", un reparto equitativo de las labores comunitarias sin el que el gobierno municipal de Rogelio Villanueva habría sido mucho más complicado.

Villanueba es el alcalde y también el panadero del pueblo y ha seguido ejerciendo este trabajo también tras ser elegido edil en 2019. "He dejado muchas veces de hacer lo mío para ocuparme de mi pueblo, pero lo he hecho con toda ilusión y con ganas de trabajar", explica el alcalde del Partido Aragonés (PAR), hijo de otro alcalde de la localidad. "La gente me ayuda, les digo: 'Vamos a salir a hacer alguna cosa y los hacemos a zofra'. El Ayuntamiento pone material y los vecinos ponen mano de obra para limpiar, hacer labores de jardinería de los parques, del cementerio…", explica.

Rogelio Villanueva es alcalde desde 2019 en Oliete, Teruel, siguiendo los pasos de su padre, que también fue edil.
Rogelio Villanueva es alcalde desde 2019 en Oliete, Teruel, siguiendo los pasos de su padre, que también fue edil.
CEDIDA
"Llevo muchos años metido entre unas cosa y otras, pero no sabría estar sin hacer nada en el pueblo. Mi mujer y yo estamos metidos en todos los caldos"

Admite que "hay días que mandarías todo por ahí", pero "nunca" ha pensado en cobrar, ni siquiera las dietas por desplazamientos a las que tiene derecho: "Que nadie me diga cuando me salga de alcalde: 'Es que tu cobrabas por los desplazamientos'".

Su familia ha sido un apoyo fundamental para poder compaginar su alcaldía con el negocio de la panadería y, por eso, se sentará con su mujer y su hija antes de decidir si vuelve a optar a un segundo mandato. "Llevo muchos años metido entre unas cosa y otras, pero no sabría estar sin hacer nada en el pueblo. Mi mujer y yo estamos metidos en todos los caldos".

La política como ‘hobby’

José Peñalba lleva media vida al frente del Ayuntamiento de Miño de San Esteban, un pueblo de medio centenar de habitantes en Soria. Es carpintero y, actualmente, tiene una empresa de reformas, pero lleva desde los 18 años involucrado en la política municipal. Tiene 55 años.

- ¿De dónde te vino esa vocación tan temprana?

- Esto de la política, no sé, por algún amigo o conocido, es algo como el que empieza a hacer bicicleta o escalada, algo que te viene. Por vocación no, porque en mi familia no había nadie que se hubiese dedicado a ello.

- ¿Es como un hobby?

- Sí, es mi hobby.

Tampoco ha percibido nunca un solo euro por su trabajo como alcalde, pero considera que en poblaciones de su tamaño, no estaría justificado un sueldo. "Tampoco te quita tanto tiempo", asegura. Igual que Villanueva, de Oliete, el apoyo de sus vecinos es fundamental.

José Peñalba lleva 21 años siendo alcalde de Miño de San Esteban, Soria, y admite que no ve un relevo claro de gente más joven.
José Peñalba lleva 21 años siendo alcalde de Miño de San Esteban, Soria, y admite que no ve un relevo claro de gente más joven.
CEDIDA
"Si no estoy y necesito que atiendan a alguien allí llamo a Jesús para que se acerque un momento, no tengo yo que dejar mi trabajo para hacer la función de alcalde porque hay mucho apoyo"

"Miño es un pueblo que no da problemas porque los vecinos se llevan porque la gente se lleva bien y, cómo se llevan bien, te facilitan el trabajo y tienes apoyo", asegura Peñalba. "Si no estoy y necesito que atiendan a alguien allí llamo a Jesús para que se acerque un momento, no tengo yo que dejar mi trabajo para hacer la función de alcalde porque hay mucho apoyo".

Pero esa solidaridad entre vecinos es posible, claro, cuando hay vecinos. Muchos pueblos del entorno de Miño han perdido hasta el 90% de la población y están a pocos años de quedar desiertos. Peñalba asegura que el caso de Miño es distinto, aunque admite que, tras dos décadas de mandato, no ve claro un relevo generacional. "Parece que no quiere nadie, la gente más joven no te viene empujando, pero la pena es porque realmente no hay gente joven".  

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