Ernesto de Hannover 'huye' de la clínica de rehabilitación para tomar unas cervezas en Ibiza

Ernesto de Hannover.
Ernesto de Hannover.
GTRES

No ha durado demasiado dentro. A pesar de la orden judicial que pesa sobre él desde comienzos de año, Ernesto de Hannover no parece tener intención de dejar la bebida y ha escapado del centro de rehabilitación en el que estaba recluido para marcharse con unas amistades a Ibiza, donde ha sido cazado por el programa Viva la vida tomando unas cervezas.

Apenas unos días después de haber ingresado, el cabeza de la depuesta Casa de Hannover ha sido fotografiado por los periodistas del programa de Telecinco tomando alcohol en un conocido chiringuito de la isla balear, sin que hayan trascendido más detalles de su huida.

No hay que olvidar que el príncipe de Alemania, de 67 años, tuvo graves problemas con la justicia a primeros de 2021 por protagonizar una pelea contra un trabajador de un establecimiento, lo que casi le cuesta su entrada en la cárcel. Sin embargo, finalmente el juez le condenó a que, aparte de diez meses en libertad condicional y una indemnización cuantiosa a los trabajadores, tenía, ante todo, que mirar por su salud, siendo el paso más importante que dejase atrás su conocido alcoholismo.

Ernesto, separado de Carolina de Mónaco desde hace una década pero legalmente casado aún con la princesa por un importante motivo para la hermana de Alberto de Mónaco, entró por ello hace unas semanas en el lujoso hotel Vivamayr, en la localidad austríaca de Altausse, tal y como informó el periódico Bunte.

A este complejo de rehabilitación, conocido por albergar a algunas de las personas más poderosas del planeta que quieren dejar atrás sus problemas de salud (por sus habitaciones han pasado varios integrantes de los Rolling Stones, modelos como Kate Moss, Karlie Kloss, Suki Waterhouse y Elizabeth Hurley o la actriz Rebel Wilson) y que cuesta alrededor de 5.000 euros a la semana, nunca se ha llegado a adaptar Ernesto.

Y eso que prometió al juez cumplir con su cometido única y exclusivamente para reducir su condena primera, que hubiese sido de tres años. Lo primero que hizo nada más entrar, a los dos días de cruzas sus puertas, fue salir a tomar unas cervezas al pueblo, aunque rápidamente regresó.

Parece ser que la posibilidad de reconciliarse con su primogénito, con quien mantiene una tremenda y multimillonaria disputa judicial por la herencia, no ha sido motivo suficiente para Ernesto de Hannover para seguir las reglas de la institución como despertarse a las 06.30 horas, las dietas de depuración o los ejercicios de realización obligatoria en pos de encontrar un equilibrio físico y mental.

"Esto es maravilloso, aquí conoces a gente agradable, como sus empleados y su muy buen personal médico. La mayoría de la gente está aquí para adelgazar, pero yo he venido para lo contrario. Estoy más delgado que nadie y tengo que construir músculo", le explicó a la periodista Natascha Großer, que consiguió entrevistarlo en el interior.

Por último, hay que recordar que su estancia en el centro no es obligatoria y que puede dejarla cuando quiera, aunque lo que sí debe cumplir si quiere seguir el mandato del juez es la orden de seguir un programa de rehabilitación y no consumir alcohol hasta enero, algo que ya está visto que no ha cumplido y que puede tener consecuencias penales.

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