El importante motivo de Carolina de Mónaco para no divorciarse de Ernesto de Hannover

  • Levan 21 años casados pero una década viviendo separados.
Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover, en 2008.
Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover, en 2008.
Baverel/Starface/GTRES

Oficialmente así siguen, casados, pero es vox pópuli que Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover no son un matrimonio bien avenido: desde que se casasen, en una ceremonia íntima en el Palacio de Grimaldi hace casi 22 años (el 23 de enero de 1999), solo se les pudo ver juntos durante una década, hasta que comenzaron a vivir por separado -sin que hubiera comunicado real para explicar el asunto-.

Tal y como reflejó la publicación alemana Bunte a finales de octubre (y en España Vanitatis), jamás ha habido posibilidad de divorcio porque ni han empezado los trámites ni, más importante aún, ha habido intención. Y la razón mayor para ello no sino que la hermana mayor del príncipe Alberto II está mirando por su hijo.

Actualmente, la página web del Principado sigue nombrando a Carolina como princesa de Hannover (un título de mayor rango que el del ídem de Mónaco). Y mantenerlo sería motivo más que suficiente para ella. Solo que no lo hace por ella, sino por Ernesto Jr, heredero de los títulos y propiedades.

Porque aunque Ernesto de Hannover, a sus 66 años, y a pesar de sus continuas apariciones en prensa debido a sus excesos con el alcohol, pudiese dejarlos en herencia, lo cierto es que tiene un agrio enfrentamiento con su padre desde hace varios años (al igual que la mantiene el más pequeño, Christian).

Según está estipulado y regula la Ley de la Cámara de 1836, tanto las propiedades como el título irían a parar a manos de Ernesto Jr., dado que al ser el mayor es el heredero natural. Pero para que esto se cumpla debe darse, sobre todo, un factor primordial.

Y es que la condición sine qua non este hecho no se produciría está en manos del actual jefe de la Casa (es decir, Ernesto de Hannover): él debe dar su consentimiento para el matrimonio del heredero. Algo que no sucedió en su momento, como tampoco lo hizo con su otro hijo, Christian, y que el alemán podría usar en contra de sus hijos para que no recibieran la herencia.

Llegados a este punto hay que entender la maniobra de Carolina: para evitar que haya otro heredero, no se divorcia de Ernesto, haciendo que este, tal y como apunta Bunte, no pueda volver a casarse con su actual pareja, Maria Madalena Bensaude, una aristócrata (es condesa) de origen portugués que conoció al príncipe mientras vivía en Munich.

Fue su acompañante en la boda de Christian con Alessandra de Osma (el mayor, Ernesto Jr., se casó con la diseñadora rusa Ekaterina Malysheva) y, por lo visto, está instando a Ernesto de Hannover a pasar por el altar, para lo cual tendría que divorciarse primero de Carolina, y así tener un hijo (aunque entra la duda de si, a sus 51 años, aún podría engendrar de manera natural).

Esta es la razón del doble sacrificio que está realizando Carolina de Mónaco por Ernesto Jr. y Christian. En primer lugar, porque hace todo esto a pesar de no ser sus hijos biológicos: ellos son fruto del primer matrimonio del príncipe alemán, con la suiza Chantal Hochuli.

De hecho, para demostrar la cercanía y lo bien que se lleva con los dos hijos varones de Ernesto, Carolina de Mónaco ya se puso del lado de estos en el enfrentamiento que les tiene distanciados por el futuro de las propiedades de la Casa de Hannover. De alguna forma, siente que se lo debe, sobre todo a Ernesto Jr., que ha ejercido como hermano mayor, protector e incluso figura paterna de Alejandra de Hannover, la única hija de Carolina y Ernesto.

Y en segundo, porque no soporta ver cómo ha degenerado la figura de Ernesto de Hannover, que no ha cesado de acumular multas, detenciones, órdenes de alejamiento y diversos altercados aireados por la prensa que han manchado el nombre de la Casa.

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