Los monos radiactivos de Fukushima

  • Zaru, un macaco japonés, estableció su territorio en Fukushima tras el desastre nuclear.
  • Ahora no tiene rival, y su familia ya cuenta con 50 miembros y un amplio territorio con todos los recursos necesarios.
Un macaco japonés.
Un macaco japonés.
BORJA REH

Japón es uno de los lugares del planeta con el metro cuadrado más caro. Por eso Zaru no dudó en mudarse a Futaba cuando surgió una oportunidad en 2011. Tras el desastre nuclear de la central nuclear de Fukushima, la zona quedó libre de la especie de primate dominante de la zona, el hombre. Así que Zaru, un macaco japonés estableció allí su territorio. Ahora no tiene rival, y su familia ya cuenta con 50 miembros y un amplio territorio con todos los recursos necesarios para una vida plena.

Los macacos japoneses están viviendo una nueva primavera en la zona de exclusión de Fukushima. Los lobos japoneses eran los únicos animales capaces de mantener a raya a esta especie, pero tras su extinción hace más de 100 años ya solo están los humanos para controlarlos. Pero en los últimos años esos humanos se han alejado de este paraje por el riesgo de radiación, convirtiéndolo en un paraíso para los macacos y otras especies salvajes.

Los macacos japoneses están entre los primates más adaptables y resistentes del planeta. Son capaces de tolerar temperaturas de hasta -15ºC, lo que les permite conquistar latitudes a las que ningún otro simio puede llegar (excepto el ser humano). Además, son animales muy inteligentes que utilizan las fuentes de aguas termales para calentarse cuando las temperaturas son extremas, limpian la comida con agua salada de mar para dar sabor y hacen bolas de nieve en invierno para entretenerse.

Su rol ecológico como dispersores de semillas ha facilitado una rápida renaturalización de las áreas rurales de Fukushima que ahora vibra con árboles frutales, plantas comestibles e insectos variados.

¿Son realmente resistentes a la radiactividad?

Los macacos de Futaba comen alimentos contaminados por radiación y beben agua con alto contenido en cesio. Sin embargo, sus poblaciones no parecen afectadas por la exposición a estos contaminantes. Así lo demuestran los últimos estudios realizados en la zona de exclusión de Fukushima.

Si bien, está comprobado que la exposición a picos altos de radiación tiene consecuencias para la salud. En el caso de Fukushima la radiación es de bajo nivel y sus efectos son menos visibles. Aunque los macacos parecen saludables, la radiación se va acumulando en su organismo causando diversas características anormales.

Macaco japonés.
Macaco japonés.
BORJA REH

Nuevos estudios han evaluado los efectos de esa radiación crónica y han determinado que los elevados niveles de cesio en el tejido muscular de los miembros de la manada de Zaru se relacionan con la reducción en sus tasas de crecimiento, un bajo recuento de glóbulos blancos y rojos en sangre y la alteración de su desarrollo embrionario. Las repercusiones de estos cambios son por ahora ignoradas, después de todo esta es la primera vez que un primate salvaje se expone a la radiación de un accidente nuclear y los síntomas pueden tardar décadas en aparecer. Los investigadores analizan cuidadosamente todos los parámetros clínicos de estos macacos. Los resultados obtenidos pueden ser fundamentales para entender el efecto de la radiación en humanos, puesto que compartimos el 93% de ADN con ellos.

El fin de la dinastía Zaru

La cara de Zaru está cambiando de color, se vuelve roja brillante. No es la radiación, es la primavera y señala el inicio del ciclo reproductivo. Mientras Zaru continúe siendo el macho alfa seguirá copulando con sus hembras y ampliando la manada, totalmente ajeno a la radiación. Pero hoy la situación está cambiando. Tras una década sin competencia ni amenazas, un antiguo enemigo ha vuelto con artillería para expulsarles.

La cara de Zaru está cambiando de color, se vuelve roja brillante. No es la radiación, es la primavera

A medida que la contaminación radiactiva se reduce, las autoridades japonesas van abriendo porciones de la zona de exclusión para que la gente pueda regresar a sus antiguos hogares. Lugares en los que ahora habitan los macacos y otros animales salvajes.

El gobierno local ha proporcionado grandes cantidades de petardos para espantar a los macacos, y también se han dado permisos de caza para acabar con ellos. Patrullas de vecinos recorren las calles, armados y causando explosiones disuasivas. Por suerte para Zaru y su familia la mayoría de la gente se opone a disparar directamente a los macacos por su parecido a los humanos.

A fin de cuentas, ellos no tienen la culpa. Solo les queda aprender a convivir como buenos vecinos.

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