Descubren una mutación genética que explica por qué algunas personas resisten mejor el frío

  • Una de cada cinco personas en el mundo tienen esta mutación, por la que carecen de la proteína α-actinina-3.
Una mujer participa en el tradicional baño en las frías aguas del río Grundlseer Traun en Bad Aussee (Austria).
Una mujer participa en el tradicional baño en las frías aguas del río Grundlseer Traun en Bad Aussee (Austria).
EFE

¿Por qué algunas personas parecen tolerar mejor las bajas temperaturas que otras? Una reciente investigación ha identificado una mutación genética específica que hace que una quinta parte de la población mundial resista mejor al frío.

Según recoge Science Alert, esta mutación genética detiene la producción de la proteína α-actinina-3, esencial para la fibra del músculo esquelético, y que solo se encuentra en las fibras de contracción rápida y no en las fibras de contracción lenta.

Los investigadores explican en este nuevo estudio, publicado en American Journal of Human Genetics, que las personas sin α-actinina-3 tienen una mayor proporción de fibras de contracción lenta y, como consecuencia, su cuerpo tiende a conservar energía aumentando el tono muscular a través de contracciones en lugar de temblar.

"Esto sugiere que las personas que carecen de α-actinina-3 son mejores para mantenerse calientes y, en términos de energía, para soportar un clima más duro", indica en un comunicado el fisiólogo Håkan Westerblad, del Instituto Karolinska de Suecia.

Hasta ahora no había ninguna evidencia experimental directa, sostiene el investigador, que asegura que "ahora podemos demostrar que la pérdida de esta proteína da una mayor resistencia al frío y también hemos encontrado un posible mecanismo para esto".

Para llevar a cabo el experimento, los científicos midieron la temperatura y los músculos de 42 hombres que se metieron en agua a 14 ºC. La inmersión fría duró 20 minutos con descansos de 10 minutos, hasta dos horas en total.

La proporción de participantes que pudieron mantener su temperatura corporal por encima de los 35,5 grados fue mayor en aquellos que tenían la mutación (el 69%) frente a los que carecían de ella (el 30%). De este modo, los investigadores concluyeron que esta mutación parecía ayudar a los voluntarios a conservar la energía de manera más eficiente y desarrollar, así, una mayor resistencia al frío.

Sin embargo, no todo lo relacionado con esta mutación es positivo, según los autores del estudio. Aunque las estas personas que carecen de la proteína α-actinina-3 pueden estar mejor preparadas para nadar en aguas gélidas o para enfrentarse a un clima invernal, la inactividad podría hacerlas más vulnerables a la obesidad y la diabetes tipo 2. Asimismo, también corren el riesgo de caerse más a medida que envejecen.

"La mutación probablemente dio una ventaja evolutiva durante la migración a un clima más frío, pero en la sociedad moderna actual, esta capacidad de ahorro de energía podría aumentar el riesgo de [estas] enfermedades, que es algo a lo que ahora queremos dirigir nuestra atención", apostilla Westerblad.

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