El muro invisible de Madrid: diez años menos de vida y 92.000 euros menos de renta por vivir en los barrios del sur

  • De media, un hogar en San Cristóbal (Villaverde) ingresa 19.587 euros anuales por los 112.321 euros de Valdemarín (Moncloa-Aravaca).
  • La esperanza de vida en Amposta (San Blas) es de 78,4 años, mientras en El Goloso alcanza los 88,7 años.
  • El confinamiento decretado por la Comunidad de Madrid afecta a algunas de las zonas más pobres de la capital.
  • El politólogo Julio Embid explica que la intensa desigualdad entre el norte y el sur de la ciudad tiene sus raíces en el siglo pasado.
Vecinos pasean al lado del metro de Puente de Vallecas, en Madrid
Vecinos pasean al lado del metro de Puente de Vallecas, en Madrid
Eduardo Parra - Europa Press

Tras las elecciones de 2015, en las que la suma de Ahora Madrid y PSOE dio la vara de mando a Manuela Carmena pese a la victoria por la mínima del PP, comenzó a correr por las redes sociales una viñeta humorística que dividía la ciudad en dos, al más puro estilo del Berlín de la Guerra Fría. Los distritos del norte y el oeste conformaban la República Federal Madrileña. Los del sur y el este, la República Democrática Madrileña.

En esa broma gráfica, lo que determinaba la pertenencia de un distrito a una república o a otra era el partido que había ganado las elecciones: al norte, el PP era el partido más votado, mientras al sur Ahora Madrid era la opción preferida. Y esa diferencia política se correspondía con una desigualdad socioeconómica que la ciudad de Madrid arrastra desde hace décadas entre sus distritos del norte y el oeste, por un lado, y los del sur y el este, por el otro. Todas las zonas básicas de salud que tendrán que confinarse desde el lunes en la capital se encuentran precisamente en distritos de esta última zona: Carabanchel, Usera, Villaverde, Puente de Vallecas, Villa de Vallecas y Ciudad Lineal.

Viñeta humorística tras las elecciones de 2015 en Madrid.
Viñeta humorística tras las elecciones de 2015 en Madrid.

Un madrileño, de nacimiento o de adopción, sabe perfectamente que no es lo mismo Carabanchel, Usera, San Blas o Vallecas que El Viso, el Barrio de Salamanca, Aravaca o Chamberí. Pero, más allá de la intuición, los datos oficiales revelan a las claras las diferencias socioeconómicas. Para muestra, un botón: la renta neta media por hogar del distrito de Puente de Vallecas es la más baja de la ciudad, con 25.527 euros anuales, mucho menos de la mitad que los 65.995 euros netos de media que entran al año en un hogar de Chamberí. 

Si se baja a los barrios, las diferencias son incluso mayores: con datos de 2019 proporcionados por el ayuntamiento, en el otro extremo de los 19.587 euros de renta media de cada hogar en San Cristóbal (Villaverde) están los 112.321 euros anuales que ingresa en promedio cada hogar en Valdemarín (Moncloa-Aravaca). Y ese abismo se reproduce en indicadores como la tasa de paro (16,8% en San Cristóbal, 3,9% en Valdemarín, con datos de agosto) o la tasa de estudios superiores (solo el 5,5% de la población los tiene en Entrevías, Puente de Vallecas, frente al 62,9% en Valdemarín). 

En Madrid, incluso la esperanza de vida está determinada por el barrio. Según datos del ranking de vulnerabilidad del ayuntamiento, al nacer en Amposta (distrito de San Blas) una persona puede esperar vivir 78,4 años, mientras si lo hace en El Goloso (Fuencarral-El Pardo) su esperanza de vida asciende a los 88,7 años.

Una ciudad más latinoamericana que europea

Según el estudio de Fedea Renta personal de los municipios españoles y su distribución, Madrid es la más desigual de las nueve ciudades más pobladas de España. Esa desigualdad estructural entre los distritos y barrios del norte y los del sur la estudió el politólogo Julio Embid en su libro Hijos del hormigón. ¿Cómo vivimos en la periferia sur de Madrid?, publicado en 2016 y que con el confinamiento de buena parte de los barrios meridionales de la capital, más de 850.000 vecinos, vuelve a estar de plena actualidad. 

Embid defiende que en el sur, especialmente en los distritos de "Latina, Carabanchel, Usera, Villaverde y las dos Vallecas", las diferencias socioeconómicas provocan que el "modo de vida" sea muy distinto al del "norte y el centro" de la ciudad. El politólogo define a Madrid como una urbe más similar al "modelo latinoamericano", con grandes diferencias entre barrios ricos y pobres, que al "modelo europeo", ciudades más homogéneas en su reparto de la renta. Y eso se deja notar en los servicios públicos con los que cuenta cada distrito.

"En el sur solo hay tres hospitales públicos para un millón de habitantes: el Gómez Ulla (en Latina), el Infanta Leonor (en Villa de Vallecas) y el 12 de Octubre (en Usera)", explica Embid. Y, pese a ser centros grandes, la comparación que hace el experto con la provincia de Teruel habla por sí sola. "Allí, aunque hay muchísima menos densidad de población, hay 130.000 habitantes y tienen dos hospitales completos".

Otro servicio público infradotado en los distritos sureños de Madrid, sostiene el politólogo, es la educación. "En el sur apenas existe la privada de pago", explica, pero eso no significa que exista suficiente oferta de centros públicos. El modelo promovido por la Comunidad de Madrid, señala Embid, pasa por "una concertada donde van mayoritariamente los niños españoles" y "una pública donde van en su mayoría los extranjeros".

Según el politólogo, hasta el tipo de comercio que hay en los distritos del sur de Madrid está muy influido por su poco ventajosa situación. "Durante la crisis anterior", explica Embid, "en las calles principales de los barrios del sur surgieron tres tipos de negocios que yo llamé de la 'economía de la miseria ajena', negocios que solo pueden funcionar si a tus vecinos les va mal: casas de apuestas, casas de empeño y tiendas de esoterismo y brujería", relata. Y, según explica, las cifras son claras: los distritos del sur "tienen muchísimas más tiendas de este tipo que la media" de la ciudad.

La presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, admitía hace unos días en la Asamblea de Madrid que "sobre todo los contagios se dan en los distritos del sur", y achacaba esta circunstancia a "entre otras cosas, el modo de vida que tiene nuestra inmigración en Madrid" y "la densidad de población en estos distritos y municipios". Pero, ¿es solo "una forma de vivir en Madrid", como afirmaba Ayuso? Embid cree que no. "Culturalmente no sé si habrá diferencias, pero desde luego, no te contagias por no ir a la universidad. Eso no es la causa, sino la consecuencia, porque no ir a la universidad te hace más propenso a vivir en 50 metros cuadrados", argumenta.

Una desigualdad reproducida por generaciones

Los problemas de los habitantes de los barrios meridionales de Madrid, no obstante, no vienen de ahora. Es más: según Embid, son en parte producto de las decisiones que se tomaron en los años 40 y 50 del siglo pasado, cuando las autoridades franquistas decretaron que Madrid absorbiera hasta trece municipios limítrofes (Aravaca, Barajas, Canillas, Canillejas, Carabanchel Alto, Carabanchel Bajo, Chamartín de la Rosa, Fuencarral, Hortaleza, El Pardo, Vallecas, Vicálvaro y Villaverde), multiplicando el tamaño de su término municipal por nueve.

"En los años 40 se intentó reordenar la ciudad tras la Guerra Civil", explica el politólogo. "Franco pidió un plan de ordenación del territorio, se planificaron entonces las autopistas de circunvalación M-30 y M-40 y se tiraron cientos de casas y chabolas, y en pocos años Madrid crece muchísimo" para, entre otros objetivos, "superar en población" y potencia económica a Barcelona, relata Embid.

"Entonces se crea un Madrid concéntrico" con una división territorial clara: "un centro funcionarial", donde se encuentran las instituciones y grandes empresas, "al norte barrios residenciales con zonas de vivienda" para las clases altas y los sectores "afines" al régimen, "y al sur un cinturón" junto a las recién ideadas M-30 y M-40, continúa el politólogo. Es en ese sur, explica, donde se van alojando buena parte de los miles de inmigrantes que, con la devastación provocada por la guerra, se trasladan desde provincias a Madrid en busca de trabajo y sustento.

Con el paso de los años, los distritos más desfavorecidos fueron recibiendo servicios básicos. El problema, señala Embid, es que "Madrid ha crecido sin parar, en ningún momento ha frenado, y los servicios públicos no han crecido al mismo ritmo que han crecido los habitantes". Tampoco lo ha hecho, relata, "el transporte público", clave para las zonas con menos renta de una capital que por su enorme tamaño -es seis veces más grande que Barcelona pese a tener solo el doble de su población- hace casi inevitable recorrer largas distancias con frecuencia.

Potenciar el transporte, una medida fundamental

"En Madrid, si tú vives en Las Águilas y trabajas en La Moraleja, de cada 19 años, uno lo vas a pasar en el transporte público", ejemplifica Embid. De ahí que el sociólogo critique que la Comunidad de Madrid no haya anunciado el refuerzo del transporte público junto a las medidas de cierre de algunas zonas, algo que, a su juicio, sería una medida que "a corto plazo" podría mejorar la desigualdad que provoca que la pandemia afecte más a los distritos más pobres. 

"El confinamiento es ineficaz porque la mayoría de los ciudadanos trabaja fuera de su barrio, lo eficaz sería duplicar el transporte público" para evitar, por ejemplo "que el metro no vaya tan lleno", considera. El problema es que existen pocos incentivos políticos para mejorar las redes de transporte público en comparación con lo costoso de las obras. "Está estudiado que, donde pones una estación de metro y la inauguras, el partido que gobierna sale beneficiado. Pero eso solo dura unas elecciones, porque el efecto novedad desaparece con el paso del tiempo", explica Embid.

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