La Policía dispersa con gas lacrimógeno una gran marcha con ataúdes en Bolivia

Manifestantes colocan un féretro sobre un vehículo militar en La Paz (Bolivia), durante una gran marcha de protesta desde El Alto hasta la capital.
Manifestantes colocan un féretro sobre un vehículo militar en La Paz (Bolivia), durante una gran marcha de protesta desde El Alto hasta la capital.
RODRIGO SURA / EFE

Ataúdes dejados en medio de la calle, con la gente corriendo alrededor despavorida mientras los policías lanzaban gases lacrimógenos, fue la triste imagen en que acabó este jueves una multitudinaria marcha que había llegado tranquilamente a La Paz, Bolivia.

La procesión con féretros partió de la vecina ciudad de El Alto, para avanzar unos 16 kilómetros en unas cuatro horas de marcha hasta llegar al centro de La Paz.

La multitud acompañaba varios féretros con los cuerpos de algunos de los ocho fallecidos cuando un operativo militar y policial buscaba el pasado martes vencer el cerco de cientos de manifestantes para liberar un convoy de camiones cisterna en El Alto.

El núcleo de esta gran procesión conformada por decenas de miles de personas fueron los ataúdes, colocados en los techos de vehículos, en una manifestación en parte funeral y en parte protesta contra el Gobierno de transición de la presidenta boliviana, Jeanine Añez.

La wiphala, la bandera cuadriculada multicolor de los indígenas, destacaba con crespones negros entre la multitud.

Miles de personas marchan desde El Alto hacia La Paz (Bolivia), portando los ataúdes de las víctimas de un enfrentamiento con fuerzas del orden.
Miles de personas marchan desde El Alto hacia La Paz (Bolivia), portando los ataúdes de las víctimas de un enfrentamiento con fuerzas del orden.
RODRIGO SURA / EFE

"Añez, golpista, el pueblo no te quiere", gritaban miles de hombres y mujeres, muchas de ellas cholas, indígenas aimaras, que consideran que la salida de Evo Morales de la Presidencia del país fue empujada por las fuerzas armadas y por tanto un golpe de Estado.

"Lo queremos es justicia", dijo a Efe Marlene Limachi, una mujer de Senkata, la zona de El Alto donde se produjeron los muertos, que aseguró que el día en que el ejército intervino en la planta de combustibles supuestamente también habían helicópteros desde donde se disparó a los manifestantes.

Gas entre los ataúdes

Cuando la marcha, encabezada por miles de alteños, comenzó su descenso a La Paz fue recibida por cientos de personas a los lados las vías por las que avanzaba, para aplaudir, corear las mismas consignas y agitar las mismas banderas.

Al pasar por el Cementerio General de La Paz, la martcha se detuvo para dar un homenaje a los fallecidos con un minuto de silencio, el único momento en que los estribillos y la monotonía del megáfono dejaron de escucharse.

La procesión siguió y su poder simbólico hizo que muchos comercios callejeros cerraran intempestivamente como una muestra de respeto, al mismo tiempo que algunos observadores lanzaban pétalos de flores a la multitud.

Policías bolivianos dispersan con gases lacrimógenos una multitudinaria marcha con los féretros de varios fallecidos en un enfrentamiento con las fuerzas del orden, en La Paz.
Policías bolivianos dispersan con gases lacrimógenos una multitudinaria marcha con los féretros de varios fallecidos en un enfrentamiento con las fuerzas del orden, en La Paz.
RODRIGO SURA / EFE

La marcha llegó al centro de La Paz como si fuese el caudal de un río incontenible, se apoderó de todas las vías de la avenida más importante de la ciudad hasta quedar en una de las calles cara a cara con el ejército, mientras que la cola de la movilización no terminaba de detenerse.

Un grupo de manifestantes colocó entonces uno de los ataúdes sobre una tanqueta militar.

Fue la señal para que la Policía comenzara a lanzar gases lacrimógenos por todos lados, al extremo de que un par de féretros quedaron en plena vía mientras la gente corría.

La Policía desbarató la imponente marcha conformada en su mayoría por decenas de miles de hombres y mujeres indígenas en cuestión de minutos, pese a la resistencia que mostraron algunos grupos que se ocultaron en algunas calles para hacer frente a los policías.

"¡Perderse, perderse, mierda!", era el grito de los policías ante cualquier grupo oculto por el centro de La Paz.

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