Pedro Sánchez y Pablo Iglesias
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. EFE/Juan Carlos Hidalgo

El pasado 28 de abril la izquierda sonrió tras las elecciones. El PSOE, con 123 escaños, estaba en disposición de gobernar, eso sí, previo pacto con Unidas Podemos. La formación morada amortiguó su caída en las urnas apuntando a ser decisiva en la formación del Gobierno. Y casi desde la primera noche, ambas formaciones fijaron posición: los socialistas querían repetir la fórmula de la moción de censura y Podemos, un Ejecutivo de coalición.

"Con Rivera no", gritaron los militantes del PSOE en Ferraz a Pedro Sánchez. Eso ya le marcaba el camino. Pero iba a ser tortuoso. Desde el primer momento, el presidente en funciones fijó a Podemos como socio preferente, y en cambio las conversaciones iban a encallarse constantemente. Pablo Iglesias mantuvo su postura de entrar en el Gobierno, y desde las filas socialistas apostaron por hablar de "Gobierno de cooperación", sin definir muy bien ese término acuñado, parecía, de manera premeditada.

Reuniones, conversaciones telefónicas, encuentros, mensajes en medios de comunicación. Hasta ahora, las negociaciones han tenido de todo. De estar lejos a acercarse cuando menos posible parecía. El lunes arranca la semana, con mayúsuculas. Investidura sí o no. A veces, parece que el acuerdo está cerca, otras no tanto, y es que si al principio de la partida -porque esto es lo más similar a un juego de mesa- el pacto estaba lejano, los últimos movimientos hacen que ya no se tome como una quimera.

Iglesias amenaza con votar "no" a Sánchez

25 de junio. Tras tres reuniones sin avances, la cuarta fue la que arrojó un divorcio bastante evidente entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Fue la primera vez que desde Podemos pusieron sobre la mesa un "no" a la investidura. El PSOE seguía queriendo un Gobierno monocolor, apoyado desde fuera por los morados. Pero Iglesias no pasó por el aro.

"Sánchez no ha decidido si quiere mirar a la izquierda o a la derecha", contaron fuentes cercanas a un Iglesias en ese momento pesimista. Las dos posturas eran, además de muy lejanas, inamovibles. Entre tanto ajetreo, Sánchez insistía en la abstención de PP y Ciudadanos, puesto que esa era la forma más rápida de asegurarse gobernar en solitario. Se encontró con dos negativas rotundas que a día de hoy no han cambiado ni cambiarán.

Lastra, contra Podemos por "hablar de nombres"

9 de julio. Pero en lugar de calmarse, las aguas siguieron bravas. La quinta (y hasta ahora última) reunión de los líderes acabó mal. "Podemos antepone los nombres a lo que son los contenidos, las líneas programáticas", dijo la portavoz parlamentaria del PSOE, Adriana Lastra, en una afirmación con la que afeó a Pablo Iglesias "no querer hablar de programa".

"En las últimas semanas les hemos propuesto un acuerdo de programa, un acuerdo institucional por el que Unidas Podemos se convertiría en el socio preferente, la creación de una comisión de seguimiento de los acuerdos y nombres de independientes de reconocido prestigio", sostuvo Lastra, visiblemente enfadada, que además dejó caer que Iglesias había pedido una vicepresidencia, algo que negaron desde Podemos.

Sánchez rompe todos los puentes con Iglesias

15 de julio. Entonces llegó la consulta de Podemos a sus bases. ¿Apoyar a Sánchez desde fuera o seguir apostando por una coalición? La simple convocatoria de esta enfadó al PSOE, y Sánchez rompió todos los puentos con su "socio preferente". En una entrevista en la Ser, el presidente en funciones aseguró que la idea de Iglesias estaba "trucada" y le reprochó que se mantuviera en una "posición maximalista". El líder socialista fue rotundo: "Hemos hecho cinco propuestas a Unidas Podemos. En la última, ofrecí por primera vez en democracia incorporar perfiles cualificados de Unidas Podemos al Consejo de Ministros. El viernes Iglesias dio por rotas las negociaciones convocando una consulta que no incluye esta propuesta".

Desde Podemos se mantenía la calma. Su mano seguía tendida. Incluso aunque Pedro Sánchez redujera las oportunidades a una: o julio o nada. "Mi candidatura decae en el mes de julio, después de una investidura fallida ya no soy candidato", dijo, en otra maniobra para elevar la presión. El partido morado, frente a eso, siguió sin ceder. Expresaron su sorpresa, y criticaron con dureza la posición socialista. "Lleva tres meses moviéndose en círculos por si aparece por arte de magia o chantaje esa mayoría. Entre el deseo y la realidad, escogió el deseo", expresó Alberto Garzón.

Coalición sí, pero sin Pablo Iglesias

18 de julio. Las conversaciones pasaron en ese punto a una de cal y otra de arena para Pablo Iglesias. Sánchez ya habló abiertamente de Gobierno de coalición...pero sin el líder de Podemos. Además, fue muy explícito: "No es posible que Pablo Iglesias entre en el Gobierno". ¿Por qué? Según el presidente en funciones porque están muy distanciados en cuestiones fundamentales (la situación en Cataluña, por ejemplo). 

"España necesita un vicepresidente que defienda la democracia española, que no hable de presos políticos". Iglesias acogió estas declaraciones preocupado, pero en una entrevista a 20minutos confirmó que esperaba una rectificación y que las conversaciones siguieran. "Si se repiten las elecciones, Sánchez no será nunca presidente", sostuvo. Pidió cautela. Ese perfil discreto del líder de Podemos veía más cerca el acuerdo.

El líder de Podemos se aparta pero...

19 de julio. Y llegó el paso si no definitivo, sí más importante. Iglesias dijo que él no sería un obstáculo para formar un Gobierno de coalición. Se apartó, con condiciones: sería él quien eligiera a los ministros de Podemos, porque no quiere "más vetos" a otros nombres como Irene Montero o Rafael Mayoral. Dejó la pelota en el tejado del PSOE y la respuesta de Pedro Sánchez no se hizo esperar. Decidirá él, después de escuchar las propuestas de Iglesias. Además, desde Ferraz insistieron en que primero "hay que hablar de programa".

En ese escenario de idas y venidas, el lunes llega el día D de la semana S. Con el pacto seguramente más cerca, pero no todavía lo suficiente, Sánchez tendrá que afrontar días si cabe más intensos que los que ha dejado atrás. Ya se habla de coalición, con Podemos pero sin Iglesias, pero falta lo más importante: que tras cerrar los votos o abstenciones de otras formaciones necesarias (ERC, PNV, Compromís, etc) se escuche un "sí" desde la bancada morada.