David Lafuente
David Lafuente, coordinador del libro '9 debates necesarios sobre la responsabilidad social'. JORGE PARÍS

David Lafuente (Barbastro, Huesca) pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado y actualmente es Vocal Asesor de la Secretaría de Estado de Igualdad (Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad). Ha coordinado el libro ‘9 necesarios debates sobre la responsabilidad social’ (Comares Editorial), en el que han participado cerca de 100 expertos de diferentes ámbitos profesionales, desde distintas posiciones ideológicas. El libro es un compendio de reflexiones, análisis, puntos de vista y meditaciones en primera persona.

El libro analiza la Responsabilidad Social de las empresas desde muchas perspectivas y en un momento en el que se debate sobre su futuro. ¿La RSC debe ser obligatoria o voluntaria?

Creo que el libro llega en un momento fundamental. Existe la disyuntiva de si la RSC debe ser voluntaria u obligatoria. Yo creo que debe ser voluntaria por propia definición. Cuando deja de ser voluntaria pasa a ser cumplimiento normativo. La RSC ahora mismo tiene un empuje mayúsculo, uno de los principales viene con la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Es una parte muy importante de la RSC.

Acabamos de tener dos leyes en España muy relevantes. Una es la ley de contratos en el sector público, que establece cláusulas sociales. Las Administraciones Públicas ya no adjudican contratos simplemente por cuestión de precio, sino que tienen que tener en cuenta compromisos sociales, medioambientales y de transparencia. Y luego está la ley de información no financiera, que obliga a las empresas de más de 250 trabajadores a presentar no solamente memorias económicas a partir de este año sino también memorias de impacto no financiero, es decir, qué están haciendo esas empresas en asuntos ambientales, de acción social y de transparencia.

En su libro cita 9 debates necesarios. ¿Cuáles son y por qué son necesarios?

Es lo que me encontré cuando llegué a dirigir la jefatura de área de Responsabilidad Social en el Gobierno de España. Como funcionario tenía una formación muy basta pero no especializada. Tuve la suerte de que a todos los expertos con quienes me reuní me asesoraron de una manera óptima y pensé que la información sobre RSC que solo tenía yo debía ser accesible para todo el mundo. Este es uno de los principales cometidos del libro.

El primer debate es qué entendemos por RSC y su definición. Para mí es como un templo griego. En el basamento está la esencia: el cumplimiento de los derechos humanos. Sobre el mismo hay tres pilares: el medioambiental, el de acción social (discapacidad, igualdad…) y el de la transparencia y el buen gobierno. En el frontispicio está la ética. Por encima de la ley, de la que siempre hay gente que trata de escabullirse, están los principios compartidos de la ética. El segundo debate tiene que ver con la ideología. La RSC no es de izquierdas ni derechas. Es una frase del socialista Ramón Jaúregui. Yo la complemento y agrego que la RSC es una cuestión de personas, de aquellas que tienen responsabilidades y lideran la administración y las empresas. El mayor o menor empuje dependerá de sus valores y principios. El tercer debate habla de ética y buen gobierno. La lucha contra la corrupción, por ejemplo. El cuarto es la defensa del medioambiente. Hay una frase de Víctor Viñuales, que dice que podemos vivir sin Google pero no sin Agua.

El quinto es apostar por las personas, por la igualdad real entre hombres y mujeres. El sexto debate es sobre la cuenta de resultados y nos conduce a pensar que esto de la responsabilidad social no son meras fábulas, sino que apostar por ella se evidencia en la cuenta de resultados. El séptimo habla comunicación y el consumo. La información debe ser veraz. Y el consumidor debe estar bien informado. El octavo debate es un compendio de ejemplos y buenas prácticas en el ámbito público y privado, que va desde las acciones en determinadas universidades o administraciones, hasta las que se realizan en el tercer sector, o por ejemplo en el sector de la moda, en la Liga de fútbol o por la Guardia Civil. El noveno y último se centra en el futuro de la responsabilidad social, los retos y desafíos que le esperan para los años venideros.

¿Hacia dónde va la RSC en el futuro?

Tiene mucho que ver con el concepto de voluntariedad. Hay que fijar las voluntades compartidas y fijar normativas, una especie de líneas rojas, en las que ya no se admiten retrocesos. En materia de igualdad es imposible ir hacia atrás. El individualismo nos llevaría a una destrucción. Debemos apostar por un planeta en el que quepamos todos, que reduzca las desigualdades, o seremos pasto del totalitarismo. Si no hay responsabilidad social nuestras democracias estarán en apuros. Debemos luchar contra la desigualdad. Herramientas como la responsabilidad social pueden ser parte la solución.

¿Valoran más los consumidores a las empresas que apuestan por el medioambiente o los derechos humanos?

Indudablemente. Casi el 70% de los consumidores de las sociedades occidentales asegura que en la selección de uno u otro producto contempla también criterios medioambientales o de respeto a los derechos humanos. No sabemos si lo cumplen, pero solo el hecho de que aseguren que lo tienen en cuenta ya es un primer paso muy importante. Las redes sociales tienen un empuje mayúsculo y las empresas tienen equipos humanos trabajando en materia de RSC. También se vincula a factores de reputación. La RSC no son cuentos sino cuentas, es decir, apostar por la Responsabilidad Social se ve reflejado en la cuenta de resultados.

El libro recoge opiniones de expertos en RSC de ideologías diversas. ¿En qué aspectos fundamentales coinciden y en cuáles difieren?

Coinciden en que la RSC es necesaria. Y la principal divergencia es hasta qué punto hacerla obligatoria o no. Y en la necesidad de fijarla por ley. Vamos avanzando. En materia de igualdad, por ejemplo, la ley de 2007 establecía la obligatoriedad de planes de igualdad para empresas de más de 250 trabajadores. Ahora, con el real decreto ley del pasado 1 de marzo de 2019, se establece la obligatoriedad de estos planes de igualdad, pero para las empresas de más de 150 empleados, en 2020 para las empresas de más de 100 empleados y en 2021 para las empresas de más de 50 trabajadores.

Al final se interioriza con normalidad algo que pasa de ser voluntario a estar regulado. Un elemento fundamental en la Responsabilidad Social es la educación, tanto en primaria, como la secundaria, la Universidad y formación continua en cuestiones de principios y procedimientos respetuosos con los valores democráticos.

¿Cómo están cambiando las nuevas tecnologías la Responsabilidad Social?

Están influyendo muchísimo. Tenemos un consumidor que cada vez demanda mayor información. Los medios de comunicación y las redes sociales suponen una oportunidad, pero también tienen el riesgo de propagar desinformación. Hay que tener mucho cuidado con las noticias erróneas o falsas. Está bien que haya una gran abundancia de blogs, gente que opina en twitter, Facebook, etc, pero también son necesarios medios de comunicación serios y rigurosos que garanticen información veraz.

Hay quien critica que haya empresas españolas que apuestan por la RSC pero luego tienen sus fábricas en países de Asia o África con trabajadores en duras condiciones laborales. ¿Estos casos son éticos?

Este es uno de los grandes debates. Hay empresas que buscan la reputación. Ojalá las empresas que apuestan por la responsabilidad social lo hagan porque creen en ella. Pero si lo hacen por una cuestión de marketing a mí también me sirve en el sentido de que si tienen que contratar a cinco personas con discapacidad, pero por decir ‘aquí estoy yo’ contratan a nueve para mejorar su reputación, bienvenida sea. El tema de la externalización de las empresas es fundamental. Tuve la oportunidad como representante de la Administración española en la cumbre de la OIT en Ginebra de ser uno de los ocho miembros que trabajó en la elaboración de las conclusiones del documento ‘Trabajo decente en las cadenas mundiales de suministro’.

¿Qué pasa con las multinacionales? ¿Por qué operan en el exterior? Toda empresa tiene que respetar los derechos laborales. Pero es cierto que es complicado porque quién se ocupa de controlar eso. No podemos enviar a inspectores españoles a esos terceros países. La Responsabilidad Social no es incongruente. Pese a que el Gobierno de la India, o de China, no exija determinados parámetros de salubridad, desde España y las empresas con RSC se van a reclamar. Pero obviamente en ocasiones hablamos de sociedades que tienen millones de trabajadores en todo el mundo, que subcontratan a otras empresas, que a su vez subcontratan a otras. Y es muy complicado salvaguardar determinados derechos. Dicho esto, el sector empresarial español está muy bien considerado según se apunta desde la GRI (Global Reporting Initiative), principal institución que mide la Responsabilidad Social. Evidentemente todo es susceptible de mejora, pero es motivo de satisfacción sentir ese reconocimiento cuando estás fuera de tu país.