F-18
Imagen de un avión F-18 de la fuerza aérea española. Pajx / WIKIPEDIA

España volverá a participar por quinto año consecutivo en la operación de la OTAN de Policía Aérea del Báltico a partir del próximo mes de mayo, desplazando hasta esa zona a cinco cazas F-18.

Está previsto que sea el Ala 12, con sede en la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid), la unidad que desplace hasta esta operación a las aeronaves.

La última participación de España en esta misión de la Alianza Atlántica tuvo lugar en 2018, cuando seis Eurofighter del Ala 11 con base en Morón de la Frontera (Sevilla) se desplegaron en la base de Siauliai (Lituania).

Las Fuerzas Armadas españolas también desplegaron en esta misión durante el primer trimestre de 2015 y el primero de 2016 cuatro cazas Eurofighter en los destacamentos de Ämari y Siauliai, respectivamente, y cinco F-18 en Ämari en 2017.

Los militares españoles no operan solos en la aplicación del principio de seguridad colectiva aliada que rige la defensa del espacio aéreo de la OTAN, en este caso para proteger a Estonia, Letonia y Lituania de posibles ataques aéreos en su territorio, incluyendo sus aguas jurisdiccionales, al tiempo que se garantiza el tránsito seguro del tráfico aéreo civil.

En esta misión también participan aeronaves de otros países miembros de la Alianza Atlántica que operan desde la citadas bases de Ämari, Siauliai y desde la de Malbork, en Polonia.

Países sin aviones de combate

En 2004 la OTAN amplió su espacio aéreo al norte de Europa tras el ingreso de Estonia, Letonia y Lituania. Dado que ninguna de ellas cuenta con aviones de combate, durante los últimos 10 años 14 países aliados se han sucedido en distintas rotaciones de cuatro meses de duración desde la base de Siauliai. De hecho, España lideró en 2006 la décima rotación con cuatro aviones 'Mirage F-1' del Ala 14, con sede en la base aérea de Los Llanos (Albacete).

Tras la integración de las repúblicas bálticas en la OTAN la aviación rusa comenzó a surcar las rutas que sobrevuelan las aguas internacionales del golfo de Finlandia y el mar Báltico bordeando el litoral de Estonia, Letonia y Lituania entre las bases de San Petersburgo y Kaliningrado en dirección norte-sur o viceversa.

Los cazas españoles únicamente intervienen cuando se incumplen las tres normas fundamentales de vuelo: la presencia de una aeronave sin plan de vuelo declarado, la falta de comunicación entre el avión y el controlador aéreo civil en tierra y la carencia o desactivación del transpondedor. Esta es la herramienta que posibilita al controlador disponer de inmediato y en todo momento el tipo de aeronave y su altura para mantener la separación entre los aviones y evitar los riesgos de colisión.

Las aeronaves rusas en ocasiones no son detectadas por los radares civiles pero no pueden burlar los sistemas de detección militares, aunque sólo sea mediante una traza anónima en sus pantallas.

Así pues, la Alianza Atlántica continúa con el dispositivo reforzado de vigilancia y control del espacio aéreo báltico que puso en marcha en abril de 2014 tras el inicio de la crisis con Ucrania, cuando se pasó de cuatro a 16 aviones de combate en misiones de policía aérea y elevando a tres el número de bases de despliegue.