Espido Freire
La escritora Espido Freire presenta su perfume Floral que acompaña con un relato inédito. MAGASALFA

Notas de salida que huelen a mandarina, bergamota, un poco de ciruela y un inconfundible aroma a melocotón que da paso a una fragancia floral de orquídeas, jazmines, magnolias, violetas... así es Floral, el perfume con el que Espido Freire ha querido celebrar sus 20 años en la literatura.

Al frasco azul degradado le acompaña un relato inédito en el que la ganadora más joven del Premio Planeta cuenta una historia de distintas mujeres enlazadas no solo por un jardín sino por una historia en común.

El jardín que Freire describe es el de la casa de sus abuelos en Galicia, donde ella se sentía de niña "segura y feliz". El universo de la infancia, la edad adulta y el mensaje que mandan las propias flores están presentes en el inconsciente de la autora y también en gran parte de lo que escribe.

Cuando duerme, ¿con qué sueña?
A veces con personas queridas, situaciones no resueltas, con que me falta una asignatura para terminar la carrera (risas). Y una pesadilla que tengo es que me dejo la ventana abierta y una de las gatitas se cae y se mata. Intento recordar los sueños, no para analizarlos, pero sí para ver qué me está lanzando el inconsciente. Cuando vuelvo en sueños a la casa de mis abuelos en Galicia me despierto con una sensación de paz y alegría.

¿Su perfume la define?
Es el reflejo de un universo al que recurro en gran parte de mis obras, muchos de mis relatos y de lo que se ve de mí en las redes sociales. Flores, jardines, la nostalgia por el pasado y la esperanza por un futuro.

Cuando habla de universo, ¿qué parte es el autor y cuál la obra?
Es muy difícil de definir. Podríamos decir que en el centro estoy yo y mis obras son distintos satélites, pero casi todas tienen algo en común: una atmósfera y una visión del mundo determinada.

¿Cómo surge la idea de sacar un perfume?
Durante varios años he sido jurado de la Academia del Perfume y además quería celebrar de una manera especial mis 20 años como escritora. Por otro lado, la presencia del perfumista Agustí Vidal fue clave para traducir lo que yo quería contar en una Eau de Toilette. He estado involucrada también en el packaging, de tal manera que los objetos que conforman la caja, el libro y el perfume también fueran bonitos. ¿Sabes por qué? Porque el escritor, generalmente, lo que hace es esto (señala el libro).

Ha recibido el Premio Influencer y, perdóneme, pero no deja de resultar chocante asociar el término 'influencer' con una escritora de renombre.
Nunca me he considerado una influencer como tal. Si hablamos de prescripción en libros, claramente lo soy. En cosmética y moda, en ocasiones, también. Lo mismo en el ámbito del cuidado animal: también se han fiado de mis opiniones. ¿Por qué yo como escritora solo puedo hablar de literatura? Ya que tengo una audiencia real y otra virtual, ¿por qué no aprovechar para hablar de otro tipo temas? ¿por qué no darles un enfoque distinto? Reivindicar desde la belleza de lo pequeño hasta la belleza de lo abstracto. ¿Que a veces hablaré de trivialidades? Como todo el mundo. ¿A veces hablaré de temas solemnes y me pondré intensa? Como todo el mundo. No he querido desaprovechar esa oportunidad que dan las redes sociales y tengo la impresión de que esos seguidores me conocen más ahora que cuando esa parte se canalizaba únicamente a través de los medios convencionales.

Se refiere a las redes sociales en general, pero usted está más presente en Instagram.
Sí, porque me permite mostrar un mundo visual que para mí siempre ha sido muy cercano. Muchas de las cosas que a mí me gustan no son trascendentes, pero son bonitas. La moda, las flores, el paisaje… la diferencia con los instagramers es que yo no vivo de ello. Twitter, que también me interesa mucho, se alimenta de la ironía y la discusión. Yo me siento cómoda con la ironía, pero no tanto con la discusión.

Tiene también un blog, 'Dentro del laberinto', en el que escribe sobre lugares que visita, películas que ve... Reflexiones que siempre van acompañadas de varias fotos suyas en las que posa con diferentes 'looks'.
Siempre quise que mi blog no fuera estrictamente literario y quería demostrar que también hay otro mundo que puede ser visto a través de los ojos de una escritora. Por otro lado, me preguntaban sobre los cosméticos que empleaba o la marca de la ropa que llevaba a una fiesta… por tanto, la evolución lógica era enumerarlo. Además, desde el principio de mi carrera he realizado colaboraciones con marcas y el blog era una manera de canalizarlas. También quería lanzar un mensaje: actores, actrices, políticos… se meten en el mundo del libro, ¿qué pasa si yo me meto en otros mundos?

Rafael Azcona decía que el humor ni se explica ni se disculpa. ¿Le parece aplicable esta afirmación a lo que ha sucedido con Dani Mateo y lo que hizo con la bandera?
Me da la sensación de que socialmente cada vez estamos censurando más el humor porque presenta realidades a las que no nos queremos enfrentar y porque muchos humoristas tienen un tinte político claro. Creo que el humor no debe explicarse, pero que en ocasiones sí que es conveniente disculparse. Que cabe el perdón y una segunda oportunidad, pero no me estoy refiriendo en concreto al caso de Dani Mateo. Ahora mismo corremos el riesgo de no distinguir una broma de algo serio.

¿Pero hay temas sobre los que no se debe bromear?
No se puede bromear pero se puede hacer humor, que es distinto. En la broma hay un juego, pero en el humor muchas veces hay una reflexión. Piensa en la película La vida es bella: a través de la perspectiva de un padre y su hijo, hablaba sobre algo tan serio como fueron los campos de concentración.

Algo por lo que esa película fue también criticada en su momento...
Sí, pero la visión que se daba era respetuosa, incluía cierta ternura y una visión creativa. Las personas que se encuentran en situaciones muy límites dicen que el humor ha sido su vía de salvación. Por eso, el margen que tenemos que dar al humor es importante. ¿Ofende? Veamos por qué. ¿Tan en serio nos estamos tomando la vida que no se puede hacer una broma determinada de según qué cosas?

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No sé el tiempo que durarán con el clima de #Madrid, pero qué feliz me hace que me regalen flores. -- Aren't they beautiful,?

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Si tuviera en ubicarse en una época histórica, ¿cuál sería?
Cerca del 48 cuando la restricción social de la que habla Jane Austen empieza a agrietarse y comienzan otras voces femeninas mucho más directas como George Sand, Rosalía de Castro o Emilia Pardo Bazán. Ellas hablan de una realidad menos imaginaria y más real así como del mundo interior. La naturalidad con la que yo puedo hablar de mis emociones e, incluso, mezclar mis vivencias con la obra no le estaba permitido a Jane. No había palabras para ello, a las mujeres no les enseñaban a hablar de eso. Debían ser niñas eternas porque había una infantilización constante. Como ocurre con cada etapa, había problemas que no se resolvían en sociedad y, por tanto, no se trataban tampoco en literatura.

En pleno siglo XXI todavía parece un problema que una mujer no quiera casarse o tener hijos.
¿Qué observamos en las mujeres de nuestro tiempo que todavía no ha cambiado? Las expectativas y la mentalidad que es donde encontramos el chirrido contemporáneo. La sensación íntima que tenemos casi todas las mujeres es que en el fondo no podemos llevar a cabo la vida que de verdad queremos. En teoría, sí, pero el precio que se paga es altísimo. Y la mayor parte de nosotras escogemos encajar, sobre todo, en los aspectos que son más dolorosos. Cada una tiene el suyo.

¿Cuál es la gran traba que tiene la mujer hoy en día?
Adaptar sus deseos a los imperativos sociales y no siempre coinciden. De hecho, a veces ni siquiera tenemos la oportunidad de saber lo que queremos de verdad porque ya nos están diciendo lo que queremos. El tema de la maternidad es algo que todavía no se ha resuelto: no sabemos cómo conciliar los años más productivos laboralmente con los años fértiles de la mujer. Ni tampoco la dedicación tradicional de una madre con lo que vamos descubriendo sobre la crianza de los niños y nuestras propias expectativas.

Dependiendo de la edad habrá retos distintos.
Efectivamente. De los 10 a los 20 años está la apariencia, afirmar nuestra sexualidad ante el mundo; de los 20 a los 30 tiene mucho que ver con consolidar una carrera o la idea de la maternidad; de los 30 a los 40 comienzan otro tipo de conflictos como el techo de cristal; de los 40 a los 50 llega la revisión de ‘mi vida ¿es mi vida? o ¿le perteneces a otros?’… hay veces en las que incluso entre las generaciones nos cuesta entendernos porque los intereses principales no son los mismos. Si buscásemos un denominador común sería más sencillo. También nos faltan referentes.

No porque no los haya: hay mujeres que han hecho historia, pero no aparecen en los libros de texto.
Sí, eso es algo que ahora estamos intentando cambiar. Pero yo me refiero incluso a referentes más inmediatos. Hay muchas mujeres en medios de comunicación, pero el molde es casi idéntico. Por supuesto, siempre hay excepciones. También hay una gran presión para que estemos calladas, que seamos discretas y modestas. Cuesta aún ser una nota disonante y quienes lo son pagan un precio muy alto, pero creo que en los últimos cinco años hay una atención mucho más fijada.