Gema Sánchez
Gema Sánchez Medero, en la entrevista con 20minutos. JORGE PARÍS

Las guerras hacen el mundo más complejo. Hoy en día, los conflictos copan la actualidad, pero resultan a veces difíciles de entender. La doctora en Ciencias Políticas por la UCM Gema Sánchez publicó este mismo año el libro 'Amenazas pasadas, presentes y futuras: las guerras asiméticas', en el que se analiza el contexto actual del terrorismo y los enfrentamientos bélicos.

Desde las guerrillas hasta el terrorismo global, pasando por las posibles soluciones futuras, Sánchez coordina una obra que pretende arrojar claridad al panorama mundial. Atiende a 20minutos para analizar las claves de la obra.

Quedan dudas de sobre si la sociedad actual es realmente consciente de lo que suponen los conflictos, de hasta qué punto hay ganadores y perdedores y de qué intereses ha habido y hay tras el uso de las armas.

¿Se puede decir que estamos constantemente en guerra?

No en una guerra como tal en el sentido de que participen dos adversarios y pueda haber bajas, pero sí que hay claros conflictos. Aunque no se den siempre muertes sí que estamos en un conflicto constante.

¿Todas las guerras ahora son asimétricas?

Hay que tener en cuenta que una guerra asimétrica es aquella en la que una de las partes usa recursos que le son favorables aunque no sean del todo éticos. Hoy en día existen guerras asimétricas, pero solo lo son cuando los adversarios no estén al mismo nivel potencial. Entre dos Estados no hablamos de guerra asimétrica. Se dice que ahora será difícil que estemos ante una Guerra Mundial donde los contendientes tengan unas reglas claras.

¿Hasta qué punto ETA funcionaba como movimiento de guerrilla?

Era un movimiento de guerrillas porque funcionaba a través de comandos. Tiene una organización típica de lo que son las guerrillas: una cúpula dirige y una red que funciona a partir de órdenes, pero no tienen un cuartel general. No seguían unas reglas claras y por eso se pueden considerar un movimiento asimétrico.

¿Qué aprendió España con ETA?

A enfrentarse a un enemigo que era difuso, cuyo ataque se podía dar en cualquier momento y en cualquier lugar, sin seguir unas pautas bélicas de enfrentamiento directo. Esto permitió a España encarar los ataques de Estado Islámico con unas fuerzas más preparadas. A otros países de Europa les pilló un poco a contrapié.

¿Se puede decir que Estado Islámico ha fracasado?

Lo ha hecho en el sentido de que ya está en retroceso. El problema es que su fuerza reside en la forma que tiene de organizarse. También son asimétricos: cualquier persona, sin tener perfil de terrorista, puede provocar un atentado. Además, ha atacado en lugares en los que era inimaginable. ¿Quién pensaba que se podían cometer atentados en un bar o en el metro? Por otro lado, están dispersos pero desde cualquier rincón pueden reclutar a la gente a través de las redes.

¿Hay terrorismo en más ámbitos de lo que pensamos?

Sí, aunque a nivel de la opinión pública sea más sencillo reducirlo todo al concepto de terrorismo. Pero, por ejemplo, Estado Islámico puede contaminar el agua; eso es bioterrorismo, pero es más sencillo verlo como un ataque terrorista a secas.

¿Al poder le interesa que haya guerras?

Le interesa porque todo conflicto reporta unos beneficios económicos. Algunas guerras importantes se han producido por intereses de los Estados. El problema es que no es lo mismo generar una guerra con un ejército regular, con un campo de batalla determinado. Ahora, la guerra se traslada a cualquier escenario y con cualquier actor. Ya participa la población civil, por eso el éxito de la guerra asimétrica consiste en perpetuar ataques en sitios que no se han visto nunca como objetivo.

¿Se puede decir que vivimos en una segunda Guerra Fría entre la UE y EE UU?

Sí. Y además, con la salida del Reino Unido de la UE, se pierde el interlocutor tradicional con Estados Unidos. Por eso, Trump tiene que jugar fuerte para posicionarse con ventaja respecto a Europa. El objetivo es tener un buen lugar en las negociaciones.

¿En qué sentido hay una guerra asimétrica en Venezuela?

Porque involucra a la posición civil. El objetivo del eslabón débil en una guerra asimétrica es prolongar lo máximo posible el conflicto, aunque no se gane, con el objetivo de desgastar al adversario. Pero a Maduro no le conviene externalizar el conflicto

¿Cuáles son las grandes amenazas del futuro?

Sin duda las nuevas tecnologías, porque lo controlan todo. Los Estados ya están protegiéndose.