Investigación
Un joven investigador en el laboratorio. GTRES

Alberto, Elena, Jose y Cinta son de distintas provincias de España y han estudiado carreras diferentes. Puede que en circunstancias normales no se hubieran conocido pero un problema con sus becas para la Formación de Profesorado Universitario (FPU) les ha unido. Los cuatro son solo una pequeña muestra del medio centenar de jóvenes que llevan cinco meses esperando a que el Ministerio de Educación haga efectivas unas ayudas que ya tienen adjudicadas.

Este grupo lo forman chicos de entre 22 y 28 años que entraron en el programa tras haber quedado en reserva y renunciar algunos de los beneficiarios iniciales o después de estimarse su recurso por errores en la evaluación. Además de producirse con ellos un "agravio comparativo cada vez mayor" respecto a quienes obtuvieron la asignación a la primera, que llevan desde octubre trabajando en sus proyectos, denuncian los graves perjuicios económicos, profesionales y personales que este retraso les está acarreando.

Sus quejas se extienden a la falta de información por parte de Educación, que concede estas ayudas para contratos de cuatro años destinados a realizar la tesis doctoral en la universidad. Ni siquiera les han contestado a un escrito que enviaron con sus reclamaciones, entre ellas una fecha de incorporación "clara y concreta" para poder organizarse, y se sienten "abandonados". "Creemos que el ministerio está jugando con nuestras vidas profesionales y personales mateniéndonos en esta situación de incertidumbre que nos afecta gravemente en nuestro día a día", reza el texto.

Trabajar sin cobrar

"Me matriculé del doctorado para ir adelantando, pensando que la resolución definitiva se publicaría en breve, y estoy trabajando en mi investigación sin cobrar", lamenta Elena, quien al igual que Alberto y Jose prefiere utilizar un nombre ficticio. Ella vive con sus padres pero le agobia no poder tener una independencia económica y no poder planificar nada: "A veces pienso en buscar un trabajo pero, ¿y si lo encuentro y justo se soluciona? Lo tendría que dejar porque con la FPU no puedes tener otro contrato".

La situación de total incertidumbre de esta graduada en Bioquímica se agravó cuando le comunicaron que la tarjeta de la que dispone para entrar en el laboratorio solo será válida hasta el mes que viene. "En enero me dijeron que si en junio no tenía contrato no la podría renovar. Si no me dejan renovarla seguiré matriculada en el doctorado pero sin poder avanzar. Estaré perdiendo el tiempo", lamenta.

Cinco meses perdidos

Intranquilidad y desasosiego trasmite también Cinta, que en Navidades dejó un puesto en una escuela infantil de Londres y regresó a España. Al ver que pasaba el tiempo y no recibía ninguna notificación comenzó de empleada en una tienda: "Tengo que trabajar en otras cosas para poder subsistir. Tengo que comer. Podía haber seguido en Reino Unido. Allí trabajaba de lo mío. Aquí llevo cinco meses perdidos. La actividad investigadora la tengo completamente parada".

Esta maestra se ha llegado a plantear volver a la capital británica, porque "la situación laboral es mucho mejor que aquí", pero entonces la vuelven a asaltar las dudas. "¿Y si muevo todo para irme, empezar de nuevo, crear una estabilidad… y se resuelve y tengo que volver?", se pregunta.

¿Merece la pena?

Desde Reino Unido precisamente atiende Alberto a 20minutos. Reconoce que el suyo no es de los casos más dramáticos porque por el momento mantiene su trabajo en un equipo de fútbol, pero se indigna por el trato que están recibiendo. "Yo he querido toda la vida hacer el doctorado. Me encantan las posibilidades que te pueda dar la FPU, pero con estas tomaduras de pelo te planteas si merece la pena", afirma.

"Llevas tiempo fuera, quieres volver, pero tu propio ministerio te marea", clama este licenciado en Ciencias del Deporte y cuenta que mientras a él le aseguraron en Educación que sus ayudas dependen de los Presupuestos Generales del Estado de 2017, el argumento más reciente es que están incluidos en las cuentas de 2018, aún sin aprobar definitivamente. "Ya que se están retrasando, que den información clara", exige. Este diario se ha puesto en contacto con el ministerio sin obtener una respuesta al respecto. 

En tierra de nadie

Como Alberto, Jose conserva el trabajo, en su caso en una ONG andaluza. "Han tenido conmigo la flexibilidad de que me quede hasta que se resuelva mi situación pero me siento en tierra de nadie ya que tampoco pueden incluirme en proyectos a largo plazo por si me voy. Por las tardes he empezado a hacer algunas cosas en la universidad, para no perder el tiempo y no quedarme atrás. Estoy como en un limbo, aquí y allí, y se pasa mal", relata.

Su temor es verse adelantados por quienes se han presentado a la convocatoria de este año. La fase de entrega de la documentación ha finalizado y las solicitudes están empezando a ser estudiadas. "Sería absurdo que salieran sus ayudas antes que las nuestras. Sería algo surrealista", señala este trabajador social, que intenta convencerse de que eso no puede ocurrir.

Alberto, Elena, Jose o Cinta encuentran el apoyo necesario para no tirar la toalla en el grupo de afectados que han creado a través de las redes sociales. Chicos con un expediente académico excelente, premios extraordinarios fin de carrera, que se han esforzado por alcanzar un sueño difícil de conseguir y a los que se les ponen trabas para seguir desarrollándose.