Noche de pocas sorpresas, premios muy repartidos y escasas reivindicaciones en la 90ª edición de los Óscar, una gala en la que el acento mexicano ha sido el dominante una vez más, gracias al triunfo de La forma del agua y Coco, la película de animación de Pixar.

Con tan solo cuatro estatuillas, La forma del agua podría considerarse la triunfadora de la noche, ya que ha obtenido el premio gordo, el de mejor película, y también el de mejor dirección, que ha caído –como todo el mundo esperaba– en manos de Guillermo del Toro. Esta ha sido la cuarta vez en los últimos cinco años que un cineasta mexicano se hace con este galardón (Alejandro González Iñárritu ganó en 2015 y 2014 por Birdman y El renacido respectivamente, y Alfonso Cuarón ganó en 2013 por Gravity).

La historia de Del Toro, un cuento de amor entre una limpiadora y una criatura anfibia en los años 60, se ha hecho además con los Óscar a mejor banda sonora y a mejor diseño de producción.

Por otro lado, Coco también ha cumplido las previsiones con dos premios, el Óscar a mejor película de animación, categoría en la que realmente no tenía rival, y el de mejor canción por Remember Me. De este modo, la presencia latinoamericana ha tenido un peso considerable en la gala.

Pero la diversidad ha ido mucho más allá. De hecho, se ha celebrado mucho en las redes sociales que, durante los agradecimientos por el Óscar a Coco, la productora Darla K. Anderson le ha dedicado el premio a su mujer y el guionista Adrián Molina se lo ha dedicado a su marido.

Aunque el gran canto a la libertad sexual este año ha estado representado por la chilena Una mujer fantástica, película sobra la transexualidad que ha ganado el Óscar a mejor película de habla no inglesa, y Call Me By Your Name, cinta que le ha dado el Óscar a mejor guion adaptado a James Ivory quien, con 89 años, se ha convertido en el ganador más mayor de una estatuilla en los 90 años de existencia de estos premios.

Tras La forma del agua, la segunda película con más premios ha sido Dunkerque, del británico Christopher Nolan, aunque han sido todos técnicos: mejor mezcla de sonido, mejor montaje de sonido y mejor montaje. Blade Runner 2049 también ha obtenido un par de premios técnicos, mejor fotografía y mejores efectos especiales. El resto de los premios importantes han estado muy repartidos.

La gran rival de La forma del agua, que tenía muchas posibilidades de arrebatarle el primer premio –ya lo hizo en otros galardones– era Tres anuncios en las afueras. Este filme, tras perder el premio a mejor película, finalmente se ha tenido que conformar con dos premios Óscar que estaban en todas las quinielas, el de mejor actor de reparto para Sam Rockwell y el de mejor actriz protagonista para France McDormand, autora de una de las mayores reivindicaciones feministas de una noche en la que se esperaban gestos más combativos.

El conductor de la gala por segundo año consecutivo, Jimmy Kimmel, a través de intervenciones muy breves, ha realizado algunas bromas atinadas sobre los abusos sexuales en Hollywood, aunque solo ha mencionado a Harvey Weinstein una vez, no ha habido demasiados discursos ni símbolos feministas, sobre todo tras no establecerse ningún código de vestimenta, con lo que ha habido mucho color y poco negro.

Sí se ha hablado sobre el papel de las mujeres en la industria en un vídeo un poco más amplio sobre diversidad en el que también se hablaba de la presencia de negros en los Óscar, cuya escasez ha generado polémica otros años. Este no ha sido uno de esos años, y de hecho se ha utilizado también para realizar algunas bromas.

El talento femenino en la industria estaba representado sobre todo por Lady Bird, largometraje que desgraciadamente no ha obtenido ninguno de los premios a los que optaba. La principal representante de la raza negra, el thriller Déjame salir, ha tenido más suerte y ha logrado hacerse con el Óscar a mejor guion original, un premio para el que Tres anuncios en las afueras tenía muchas más papeletas, o incluso Lady Bird y La forma del agua.

Otro de los premios más esperados, quizá el único sobre el que nunca ha habido dudas, era el de Óscar a mejor actor protagonista para Gary Oldman por su interpretación de Winston Churchill en El instante más oscuro. La sorprendente transformanción también le ha dado al filme el galardón a mejor maquillaje y peluquería.

Algo más de dudas había en el Óscar a mejor actriz de reparto, que ha ido a parar a Allisson Janney por Yo, Tonya. La intérprete ya obtuvo el Globo de Oro por este papel así que, aunque no era del todo esperado (las rivales eran duras), no resulta sorprendente.

Puede que la gala de este año no sea recordada como una de las más divertidas o memorables (los mejores chistes han sido los relacionados con el gran fallo final del año pasado), pero desde luego sí ha sido una de las más repartidas y diversas. Y no ha habido errores. En la Academia de Hollywood estarán contentos.