Hace unos días, tras ganar la película La llamada el premio Feroz a mejor comedia o musical, Javier Calvo realizó un emotivo discurso dedicado a aquellos que se sienten solos, diferentes e incomprendidos.

Como mera introducción al discurso dijo "soy gay", una aseveración que generó bromas pero también críticas en las redes de personas que aseguran que la normalidad no se consigue destacando la diferencia. "No, amor. A veces hay que decirlo. Bien alto y bien fuerte para que otros puedan hacer lo mismo", respondió Calvo a una tuitera.

Pues ese es excatamente el mensaje de Call Me by Your Name, un canto, un grito de amor no universal sino homosexual. Puede que en el futuro resulte estúpido o incluso retrógrado destacar la orientación sexual de los protagonistas de una historia, pero ese día aún está lejos.

La feliz noticia es que el filme de Guadagnino, además de mostrar la relación entre dos hombres con absoluta normalidad, lo hace de forma brillante, con hermosos planos e interpretaciones sobresalientes. Mejor aún, desliga el universo gay de los clichés más manoseados por la ficción: el melodrama intenso, el bullying, el suicidio, las drogas, la promiscuidad, el VIH...

Call Me by Your Name es un relato de descubrimiento, de madurez, de despertar sexual, de un primer amor que es además un amor de verano... entre dos hombres, en un entorno ideal, el agradable paraíso del limbo estival, y en un entorno abierto, positivo y sin prejuicios, a pesar de ubicarse en la Italia de 1983.

Con sutileza, a través de miradas, gestos, palabras, el joven y confuso Elio (Timothée Chalamet) se va enamorando de Oliver (Armie Hammer), un americano que ha llegado para ejercer de ayudante de su padre, un eminente profesor de arqueología. De forma más contenida, con precaución, madurez y más experiencia, Oliver va quedándose prendado del encanto de Elio. Y, en el proceso, los espectadores nos enamoramos de uno y otro, nos enamoramos de su amor.

No todo es un cuento de hadas, pocas veces los primeros amores lo son, y menos entre dos gays hace más de tres décadas. A pesar de que la situación es muy favorable para ellos, es necesario mantener las apariencias. Pero por encima de todo eso, los obstáculos, las máscaras, los fingimientos, predomina un mensaje, explicitado de forma brillante en un discurso paternal dirigido al mundo que nos recuerda la importancia del carpe diem, la necesidad de aprovechar el momento y aferrarse a lo bueno y lo bello antes de que la fugacidad del tiempo lo arrase todo y nos haga lamentar lo no vivido.

Romántica, conmovedora, muy sensual y alejada de la tormentosa atmósfera de cintas como Brokeback Mountain o Moonlight, Call Me by Your Name puede convertirse para millones de chicos homosexuales en lo que historias de amor como las de Grease, El lago azul, Mi chica, El diario de Noa, 3 metros sobre el cielo (infinidad de películas)... han significado para genereaciones de jóvenes heterosexuales.

Por fortuna para los habitantes del silglo XXI, el filme es además uno de los mejores largometrajes del año y tiene cuatro nominaciones a los Óscar, por lo que estas semanas veremos un tráiler y un cartel de dos hombres enamorados por todas partes. Habrá a quien le parezca una tontería, pero esta es la forma de educar y normalizar. Como sentenció Javier Calvo, hay que decirlo, "bien alto y bien fuerte".