Jan Ullrich
El exciclista alemán Jan Ullrich, examinado por unos médicos en 2006. ARCHIVO

Jan Ullrich ha sido protagonista estas semanas por diversos problemas con la justicia. El alemán, héroe en su época como ciclista, no consigue salir de una vida plagada de polémica.

Con 38 años, Ullrich ha vivido todas las situaciones posibles, moviéndose entre un extremo y otro sin saber sostenerse en su virtud. Ella fue el Tour de Francia que ganó en 1997, primer y único alemán en conseguirlo. Se retiró una década después con la imagen deteriorada de alguien que no ha jugado limpio. Desde ese momento y pese a que su nombre ha sido relacionado en uno de los entramados de dopaje más grandes de la historia, el alemán siempre ha guardado silencio.

Una vida de éxito que se vio truncada totalmente el 30 de junio del 2006. Hasta entonces, Ullrich había sido, para los espectadores, el héroe capaz de acabar con la dictadura de Lance Armstrong. Sin embargo, un día antes de su novena participación en la ronda gala, el T-Mobile, su equipo, lo expulsó. Sus posibles implicaciones en el escándalo en torno al doctor Eufemiano Fuentes provocaron su exilio inmediato.

El gran ciclista de Rostock comenzaba a dar cuenta de que varios de sus incidentes no eran causa de meros deslices. En 2002 se dio a la fuga tras estrellar su Porsche en un estacionamiento de bicicletas y meses después dio positivo en un control de anfetaminas, algo que le tuvo apartado 6 meses de la bicicleta.

Incontrolable, se trató contra la depresión en una época, según relatan compañeros suyos, en la que el alcohol era el escaparate más cautivador. Una vida incompatible con la de un gran deportista que cuando dejó de serlo se desplomó por completo. El pasado viernes fue detenido por colarse en una vivienda en Mallorca y una semana después por agredir, bajo los efectos de las drogas, a una prostituta. La historia de nunca acabar de Jan Ullrich y el mayor de los descensos al infierno.