Hace una semana se llegaba a una de esas cifras que por su trascendencia es destacada en todos los titulares de los medios de comunicación, el 10 de junio asesinaron a la mujer víctima número mil de la violencia machista desde el año 2003, cuando se empezó a realizar este espantoso conteo.

Decir mil muertes, como leo con frecuencia en algunos titulares, me resulta vago, no refleja la realidad que es que mil mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas, que mil hombres han matado a su compañera o excompañera y que ha sido así por el hecho de ser mujeres, por la desigualdad estructural entre hombres y mujeres.

Sin querer comparar sufrimientos –solo para hacerme una idea del tamaño de esta tragedia–, ETA asesinó en casi sesenta años a 864, según la oficina de asistencia a las víctimas de la Audiencia Nacional; 955, según la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Así que en estos tiempos convulsos en los que parece que este gravísimo problema va a perder importancia por la visión negacionista de los que acaban de llegar y la complacencia de otros con esos que acaban de llegar porque les dan soporte, yo reivindico llamar a las cosas por su nombre y calificar de terrorismo machista este goteo insoportable de asesinatos.

Pero esta cifra no incluye otros asesinatos sexuales, como los casos de Diana Quer o de Laura Luelmo ni tampoco otros como el ocurrido hace unos días en Aranjuez, donde un hombre mató a las dos hermanas de su expareja e hirió de gravedad a su madre; así que ese número redondo se ha superado con creces si se contabilizaran como violencia machista esas muertes, que es lo que reivindica el movimiento feminista.

Que para poder aprobar sus Presupuestos, el Gobierno andaluz, formado por PP y Ciudadanos, haya aceptado el planteamiento de la ultraderecha que lo apoya para ampliar el ámbito de la palabra violencia y no se centre solo en lo que Vox considera "una ideología de género que criminaliza al hombre", da una idea de lo que puede venir en el resto de comunidades o ayuntamientos en los que se ha dado paso a los ultras: la expansión de una corriente de negación de la realidad y meter en el mismo saco la violencia machista y lo que ellos llaman violencia intrafamiliar, que es la que se da entre miembros de la familia, sea cual sea el miembro.

Lo ha explicado la Asociación de Mujeres Juristas Themis: "Si ellos convencen de que la violencia de género es como cualquier otro tipo de violencia, se desdibuja lo que nos ha costado conseguir que se entienda que la razón de la violencia es la desigualdad y la atribución de roles". Y, en medio de este sinsentido que se pretende imponer, me pregunto: ¿qué piensan las mujeres del Partido Popular y las mujeres de Ciudadanos?