Contra-adicciones

Rebeca Marín  Periodista y escritoraOPINIÓN
Vista general de la calle de Preciados de Madrid, este domingo.
Vista general de la calle de Preciados de Madrid.
Víctor Lerena / EFE

Vivimos en un país en el que las contradicciones penan tanto como no llevar mascarilla. No puedes ser de izquierdas y vivir en un chalé, ni llevar la bandera de España y votar a Podemos, no puedes ser catalán y del Real Madrid, ni ser demócrata y dejar que Bildu forme parte del Gobierno. No puedes vivir en el Viso y tener un Ford Escort o ser taxista y votar al PP. Hoy día ser incongruente es cometer un delito flagrante de irresponsabilidad, pero claro, depende de quién lo cometa.

"Asumamos nuestra propia hipocresía, pero seamos críticos con algo mucho más grave, la manipulación"

Hemos visto a los informativos anunciando a bombo y platillo el Black Friday o el nuevo invento consumista Cyber Monday, pero a continuación condenando, sin sonrojarse, las aglomeraciones de gente que sale a comprar tras el reclamo mediático de precios baratos. Los mismos que, en plena pandemia, contaban que casinos y bingos eran oasis donde trasnochar sin que te multasen, pero luego abominaban de los botellones ilegales y la necedad de quienes solo piensan en fiesta. Vemos cada día cómo destacan en sus avances las luces de Navidad y los mercadillos y luego critican que las ciudades se abarroten de familias disfrutando del espectáculo.

Siempre he creído que la coherencia está sobrevalorada y que simplifica y aliena al ser humano. Pero hoy, más que nunca, creo que es ciencia ficción. Pregúntense si ustedes mismos han visto los descuentos en la tele, han corrido al centro comercial abarrotado para comprar el último televisor de oferta y luego ya en casa, conectado, les han repugnado las imágenes de aglomeraciones de gente inconsciente que veían en él. Asumamos nuestra propia hipocresía, pero seamos críticos con algo mucho más grave, la manipulación, que es tendencia, como las mascarillas.

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