'Raphaelismo': soledad, ego, adrenalina y vida para comprender al artista único

Raphael en una escena de su documental, rodada en 'La Zarzuela'
Raphael en una escena de su documental, rodada en 'La Zarzuela'
Movistar Plus

"Como acabas las funciones (teatrales) con el mecanismo cerebral supremamente acelerado, llegas al hotel con el motor totalmente incandescente. Tienes mucho rato para estar solo contigo mismo y ahí pueden aparecer todo tipo de fantasmas".  Así, con su habitual maestría verbal, Pedro Ruiz describe el inevitable choque de la euforia de un espectáculo con el vacío de después. Es el desconocido precipicio de soledad al que se enfrentan los artistas cuando acaban su trabajo y el público piensa que la fiesta continúa en sus glamourosas vidas. Pero no, después de los aplausos llega habitualmente el encontrarte solo. 

Esa paradójica sensación de la resaca del éxito es desconocida por la audiencia. Y el documental de Movistar Plus sobre la vida de Raphael, Raphaelismo, afronta esa soledad con inteligencia.  "Tu coges un coche y lo pones a doscientos, entonces hasta que se enfría pasa mucho rato", también explica Ruiz en esta producción de cuatro capítulos que está dirigida por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, hábiles narradores de la complejidad de la vida de un artista como Raphael hasta conseguir que el espectador entienda  motivaciones del intérprete.

El propio Raphael cuenta en primera persona su vida en el documental. Pero la astucia de Raphaelismo está en que equilibra sus declaraciones con el contrapunto de sus hijos, su mujer, su gran compositor y aquellos que le conocen bien. La vida es trabajo en equipo. Somos fruto también de nuestro entorno. La historia no se queda en batallitas en primera persona y se narra con una pluralidad de miradas que hacen entender al personaje, su trabajo, sus canciones, sus inseguridades. Incluso su ego. Inmenso ego. De hecho, en el arranque del documental es fácil pensar "qué hombre con más ego". Pero rápidamente se comprende que ese ego es fundamental para el triunfo de una estrella de este calado. Define lo decisivo que es en el mundo del arte creerse tu personaje. Es uno de los caminos para conseguir que nadie coarte su expresividad que rompe con lo preestablecido, su exageración a la hora de cantar, su personalidad propia "digan lo que digan". 

Raphael se ha creído su personaje. Y Raphaelismo muestra su evolución vital intentando profundizar en lo que hay detrás de la estrella. ¿Cómo? El formato tiene claro que un buen documental no puede ser sólo un puzle de entrevistas hablando del artista. El buen documental planea un camino de descubrimiento. Mejor aún si siembra aprendizajes útiles, que aportarán herramientas al propio espectador en su día a día cotidiano. Un espectador que se queda enganchado porque la historia se cuenta con una épica que se enriquece gracias al rodaje de recreaciones de instantes claves y a material inédito original. También son cruciales las imágenes que ubican al artista en su día a día. Esto significa contextualizar las casas de su vida, por ejemplo. Por fuera, y si se puede por dentro. Los lugares que habitamos retratan.

En Raphaelismo el material inédito que destaca son grabaciones amateurs familiares que te hacen empatizar con la familia, el gran sustento que hace pisar la tierra a Raphael. Mientras que en las recreaciones, la más sustancial es la que reproduce su papel en el musical 'Dr Jkyll and Mr Hyde'. Todo un requiebro en el guion de esta cinta documental que hace entender la perturbación del momento más oscuro de su carrera. Se logra ejerciendo un paralelismo entre la crudeza de la enfermedad y el dramatismo de dar vida a Jkyll and Mr Hyde. Se ve a sí mismo decir en la rueda de prensa de aquella obra que iba a suponer un antes y un después en su vida. Y tanto... 

Un buen documental para Movistar Plus y para el propio Raphael (y su discográfica, coproductora de la cinta). Aupa al mito. Pero, también, aupa el género del documental, en momentos sensacionalistamente bajos. No es el caso. Aquí se cuenta una historia con gancho que no son cebos, con emoción que no es sensiblería, con espíritu crítico que no es morbo de usar y tirar. Una historia que no tiene ni siquiera miedo a los silencios. Al contrario, los silencios en el montaje de Raphaelismo son el ensamblaje que remueve porque va remarcando sin decir nada toda la intensidad de una vida, de una vida única.

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