Las pymes y un salto de pértiga llamado Covid-19

César Pontvianne  Presidente de IberavalOPINIÓN
Calviño ve "urgente" acelerar el proceso de transformación y digitalización de las pymes
La vicepresidenta segunda y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño.
Europa Press

En España tenemos la costumbre de echar la culpa siempre al de enfrente. Si vienen mal dadas, yo no he sido. Mire usted en dirección opuesta. En esta crisis, la económica, que ya ha superado el año de vigencia entre nosotros, hemos hecho héroes a colectivos que de por sí ya lo eran previamente y hemos señalado con el dedo a quien hemos considerado -tenemos la libertad de hacerlo-, culpabilizado a quienes nos ha parecido, e ignorado a quienes nos ha venido en gana.

Iberaval, sociedad de garantía que presido desde hace poco más de un año y medio celebra en este 2021 su 40 aniversario. Y lo hace con la vista puesta en cumplir un compromiso que la ha atado satisfactoriamente a las pymes, desde que echara a andar el 6 de noviembre de 1981. Han cambiado muchísimas cosas desde entonces por fortuna. Hoy, por ejemplo, contamos con casi 32.000 socios que, de manera mutualista, nos permiten ayudar a empresas como las que ellos sostienen, levantando la persiana cada mañana para darnos los mejores servicios.

No está de más recordar que una sociedad de garantía como la nuestra dispone, además, del respaldo de administraciones públicas que han sabido tener la altura de miras necesaria para entender que, cooperando, es más sencillo el salto de pértiga que nos está tocando afrontar. De hecho, y ya que nos movemos en arenas olímpicas, he de decir que el empuje que han brindado administraciones como la Junta de Castilla y León, el Gobierno de La Rioja, la Comunidad de Madrid y, más recientemente el Ayuntamiento de Madrid -de una manera absolutamente decidida- solo puede ser valorado con un enorme aplauso.

Su tarea, aunque haya quien no la acabe de entender porque se apega únicamente a la crítica política o se limita a exigir ayudas directas, ha resultado esencial para salvar a miles de empresas. Sí, han leído bien: miles de empresas.

Esas empresas, lo habrán percibido, han estado entre los olvidados de esta pandemia. Como también -voy a decirlo- los integrantes del sector financiero, que han vivido al pie del cañón desde el minuto cero. Sin excusas y jugándose la salud. No son sanitarios, ni tenderos. Tampoco son transportistas, ni empleados de supermercado. Pero han estado, igual que aquellos, dando la cara por esas pymes, por proyectos de vida, por empleados que estaban detrás de unas siglas, desde que empezamos a escuchar ese término que ha marcado nuestras vidas, la Covid-19.

Tan esencial como la de aquellos ha sido la tarea desplegada por los empleados de bancos, cajas rurales, sociedades de garantía, gestorías, asesorías y demás profesiones asociadas, en momentos en los que otro acrónimo -ERTE- no deja de sonar. Y ese ímpetu, ese compromiso del que hablaba al principio, ha permitido que la sangre que corre por las venas de las pymes haya seguido fluyendo. La financiación no se ha detenido, a pesar de las enormes complicaciones que están pasando muchos negocios, sin ir más lejos los turísticos o los de hostelería.

Creo firmemente en que el papel que han jugado las pequeñas y medianas compañías, los autónomos, los muchos emprendedores que hemos visto dar pasos impensables hace no mucho tiempo, no se ha puesto en valor como debería. Se ha puesto el foco en la digitalización, en ciertas innovaciones que se han acelerado en apenas unos meses dentro del mundo de la empresa. Sin embargo, el espíritu de brega, superación y el tesón con el que se ha afrontado este periodo tan complejo debería reconocerse. Debería ser así.

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