La batalla de Madrid

Carmelo Encinas  Director de Opinión de '20minutos'
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La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.
Europa Press

El lunes próximo Madrid pasará previsiblemente a la fase 1 de la desescalada y dejará de ser, junto a Barcelona y las capitales castellanoleonesas, el último reducto de la contención más severa. 

Atrás quedará una ardua polémica donde la región que alberga a la capital del Estado apareció como un territorio de apestados. Es injusto, los madrileños no actuaron de manera distinta a los de otras regiones españolas. Si Madrid sufrió la parte más dura de la crisis en muertos e infectados fue por ser la Comunidad con mayor densidad de población de toda España, lo que multiplica las probabilidades de contacto entre personas, además de constituir el nudo central de la movilidad de todo el país.

Se calcula que un 60% de quienes habitan en Madrid proceden de otras provincias, incentivando el movimiento de gente a sus lugares de origen. Esta circunstancia pesó de forma extraordinaria en la decisión de mantener a la región en la fase de máxima contención por miedo a que un repunte de la pandemia tuviera más adelante un efecto expansivo. 

Si Madrid sufrió la parte más dura de la crisis sanitaria fue por ser la Comunidad con mayor densidad de población

El otro elemento esgrimido fue la necesidad de dar tiempo para reforzar la Atención Primaria que afronta la compleja tarea de detectar, aislar y hacer un seguimiento de los contagios. Tesis similar a la que defendió hasta dimitir la directora de Salud.

El déficit de la Atención Primaria en Madrid no es de ahora, aunque lo haya agravado el alto contagio de los sanitarios. Baste recordar las mareas blancas que desde 2012 denuncian la precarización del servicio. Esto fue lo que se encontró el Gobierno bicolor presidido por Isabel Díaz Ayuso, y hasta el propio ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha reconocido públicamente la labor realizada por su responsable de Salud, labor que Fernando Simón calificó sin ambages de excelente.

El esfuerzo realizado por el equipo que dirige el consejero Enrique Ruiz Escudero ha sido ciclópeo con el hospital de Ifema como principal exponente, montado en tiempo récord, y una capacidad de respuesta asombrosa. El trabajo realizado en circunstancias tan extremas es el que habría de ponerse en valor y no trabarse en escaramuzas políticas que dañan la imagen de Madrid en lugar de difundir sus méritos.

Los madrileños no deben ser usados como arma arrojadiza de unos u otros

Es obvio que al Gobierno central, sobrado de soberbia, le ha faltado comunicación con Madrid, empatía y búsqueda de complicidades. Tan obvio como que el núcleo duro de Génova trata de usar al Gobierno regional como ariete contra Sánchez con un victimismo machacón y agravios comparativos que recuerdan a Quim Torra. 

Esa presión sobre Díaz Ayuso, situándola en la diana, puede ocasionarle un desgaste brutal, algo que la dirección del PP no hace con Núñez Feijóo, Moreno Bonilla o Fernández Mañueco.

Madrid no debe ser utilizado como campo de batalla de estrategia política alguna ni los madrileños usados como arma arrojadiza de unos u otros. Quienes agitan la polarización traicionan los intereses de los ciudadanos en el peor momento imaginable. Estamos en emergencia sanitaria, económica y social. Esa es la batalla que importa, no la suya.

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